Ámsterdam es una de esas ciudades que se disfrutan caminando sin rumbo, perdiéndose entre canales, bicicletas y barrios con muchísimo encanto. Sin embargo, si es tu primera vez, es normal preguntarse qué ver en Ámsterdam para no perderse lo más importante.
En esta guía te voy a enseñar los imprescindibles que no te puedes perder, junto con una ruta optimizada para recorrer la ciudad de forma cómoda y aprovechar al máximo tu viaje. Además, encontrarás consejos prácticos de cómo moverte o cómo llegar desde el Aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol al centro, para que tu experiencia sea mucho más fácil desde el primer momento.
Así que, si estás organizando tu escapada, aquí tienes todo lo necesario para descubrir Ámsterdam sin complicarte y disfrutando de cada rincón.
Índice de contenido
➭ ✈️ Cómo ir del aeropuerto al centro de Ámsterdam ➭ 📝 16 imprescindibles que no te puedes perderSi acabas de aterrizar en el Aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol, lo primero que te gustará saber es que llegar al centro es facilísimo. De hecho, en menos de 20 minutos puedes estar paseando por los canales.
A continuación te cuento las mejores opciones para que elijas la que más te convenga.
Sin duda, el tren es la forma más cómoda de llegar al centro. Sale directamente desde el aeropuerto y te deja en Amsterdam Centraal, que es el corazón de la ciudad.
Además, pasan con muchísima frecuencia, así que no tendrás que esperar casi nada.
Si es tu primera vez en Ámsterdam, esta es tu mejor opción, fue la que utilizamos.
Para sacar el billete tienes dos opciones: comprarlo en las máquinas expendedoras que hay justo antes de bajar al andén o, directamente, pasar la tarjeta de crédito por el lector.
Importante, hay que validar el billete tanto al entrar como al salir, sobre todo si has usado la tarjeta de crédito para acceder.

Por otro lado, el autobús puede venirte bien si tu alojamiento está cerca de zonas como Leidseplein o Museumplein.
Aunque tarda un poco más que el tren, sigue siendo una opción cómoda, especialmente si llegas de madrugada cuando hay menos trenes.
Si prefieres no complicarte nada, siempre puedes coger un taxi directamente en el aeropuerto. Eso sí, ten en cuenta que el precio sube bastante en comparación con el transporte público. Puede merecer la pena si viajáis varias personas o lleváis mucho equipaje.
Otra opción similar al taxi, pero con precio cerrado y sin sorpresas, es reservar un transfer privado. Te estarán esperando al llegar y te llevarán directamente al hotel, así que es ideal si aterrizas tarde o simplemente quieres empezar el viaje sin estrés.
Lo más probable es que tu primera toma de contacto con la ciudad sea en la Amsterdam Centraal, y ya te aviso, no es una estación cualquiera.
Nada más salir, te encontrarás con un edificio impresionante que parece más un palacio que una estación de tren. Y no es casualidad, ya que fue diseñada en el siglo XIX por el mismo arquitecto del Rijksmuseum, lo que explica su estilo tan elegante y monumental.
Pero aquí viene la curiosidad, la estación está construida sobre tres islas artificiales y sostenida por miles de pilotes de madera clavados en el terreno, algo muy típico en Ámsterdam debido a su suelo pantanoso.

Además, justo enfrente tienes una de las estampas más icónicas de la ciudad, el ir y venir constante de bicicletas, tranvías y barcos cruzando los canales. Es, literalmente, el mejor lugar para empezar a sentir el ritmo de Ámsterdam.
Y un consejo práctico, si vas con mochila o maleta y todavía no puedes entrar en el alojamiento, o tienes que dejarlo antes de irte, justo al lado de la estación hay lockers donde puedes guardar el equipaje. Están abiertos todo el año y el precio es por 24 horas, variando según el tamaño de la taquilla, desde unos 11 € hasta 26 € aproximadamente.
Tómate unos minutos aquí antes de seguir la ruta. Mira a tu alrededor, cruza hacia el centro y empieza a disfrutar, porque el viaje ya ha comenzado.
Justo en frente veras Damrak, una de las avenidas más icónicas de Ámsterdam. Aquí encontrarás el famoso punto fotográfico de Stromma Damrak, desde donde se obtiene esa imagen tan reconocible de casas estrechas y ligeramente inclinadas reflejándose en el agua. Es una de las fotos más típicas de la ciudad y sí, merece totalmente la pena.

Pero lo mejor es que, de camino, puedes hacer dos paradas muy top:
Sin duda este tramo combina algunos de los mejores puntos para fotos con dos paradas perfectas para darte un capricho. Porque sí, en Ámsterdam también se viene a disfrutar.
Siguiendo la ruta, uno de los lugares que no pueden faltar cuando piensas en qué ver en Ámsterdam es la Oude Kerk, el edificio más antiguo de la ciudad.
Construida en el siglo XIII, esta iglesia gótica impresiona no solo por su tamaño, sino por toda la historia que guarda entre sus muros. De hecho, su interior conserva un suelo formado por lápidas, ya que durante siglos fue un lugar de enterramiento.
Lo más curioso es su ubicación, está en pleno De Wallen, el famoso Barrio Rojo. Este contraste entre lo histórico y lo moderno (y provocador) es una de esas cosas que hacen única a Ámsterdam. Me llamó mucho la atención de noche, como delante de la iglesia, había escaparates con chicas del barrio rojo.

Además, la Oude Kerk ha tenido muchos usos a lo largo del tiempo. Desde iglesia católica hasta templo protestante, e incluso hoy en día funciona como espacio cultural con exposiciones contemporáneas.
Entra si tienes tiempo, pero aunque no lo hagas, solo verla por fuera ya merece la pena. Es uno de esos lugares que resumen perfectamente la mezcla de historia y personalidad que define la ciudad. Y como curiosidad te animo a que busques en el suelo «De Gestreelde Borst» (El pecho acariciado).
De camino a la plaza principal, merece la pena hacer una breve parada en la Beurspassage, un pasaje cubierto que conecta dos de las calles más transitadas del centro.
Puede parecer solo un atajo, pero en realidad es una pequeña joya escondida. Su techo decorado con mosaicos, luces y motivos inspirados en el mar (peces, olas, reflejos) lo convierten en un lugar muy curioso y bastante fotogénico. Es uno de esos rincones que muchos pasan por alto, pero que sorprenden cuando te detienes a mirar.
Justo enfrente del pasaje encontrarás la figura del Charging Bull (Amsterdam), el famoso toro de la bolsa. Esta escultura simboliza la fuerza y el optimismo de los mercados financieros (lo que se conoce como un “mercado alcista”), y no está ahí por casualidad, ya que muy cerca se encuentra la antigua bolsa de Ámsterdam, una de las más antiguas del mundo.
Al salir, llegarás a la Dam Square, uno de los puntos más importantes que incluir en cualquier lista de qué ver en Ámsterdam. Aquí se concentra buena parte de la vida de la ciudad, siempre con ambiente y bastante movimiento.
Entre los edificios más destacados encontrarás La Nieuwe Kerk, que a pesar de su nombre (Iglesia Nueva) tiene varios siglos de historia y hoy se utiliza para exposiciones y eventos. El Palacio Real, aunque no siempre está abierto al público, fue construido como ayuntamiento en el siglo XVII y hoy se utiliza para actos oficiales de la monarquía. Y el Monumento Nacional, que conmemora a las víctimas de la Segunda Guerra Mundial.

Además, esta plaza suele estar llena de artistas callejeros, turistas y locales, lo que la convierte en un lugar perfecto para hacer una pausa y simplemente observar el ambiente.
Te recomiendo no limitarte a cruzarla rápido. Dedícale unos minutos, porque es uno de los mejores sitios para sentir el pulso de la ciudad. Las calles adyacentes a la plaza están llenas de tiendas, así que es el lugar ideal para ir de compras.
Desde la Plaza Dam, en pocos minutos llegarás a uno de los lugares más famosos, y también más controvertidos de la ciudad, el De Wallen, conocido popularmente como el Barrio Rojo.
Más allá de lo que muchos piensan, este barrio no es solo escaparates con luces rojas. En realidad, es una de las zonas más antiguas de Ámsterdam, con canales, calles estrechas y edificios históricos que conviven con esta parte más conocida de la ciudad.
Aquí, la prostitución es legal y regulada, y forma parte de la identidad del barrio desde hace siglos. Por eso, es importante visitarlo con respeto (por ejemplo, está prohibido hacer fotos a las trabajadoras).
Mientras paseas por la zona, hay algunos puntos que merece la pena buscar como Oude Hoogstraat. Aquí encontrarás la casa más estrecha de la ciudad, una fachada diminuta que pasa desapercibida si no sabes dónde mirar. Es una curiosidad muy típica dentro de las listas de qué ver en Ámsterdam.
Y otro punto donde sacar una buena foto es el llamado Red Light Viewpoint. Un buen lugar para observar el ambiente del barrio desde otra perspectiva y hacer alguna foto del entorno (siempre respetando las normas).
Te recomiendo recorrerlo con calma, sin prejuicios y sobre todo con mucho respeto. Más allá de la fama, es un sitio con mucha historia y una parte importante de lo que hace única a la ciudad.
A pocos pasos del Barrio Rojo llegas a la Nieuwmarkt, una de esas plazas que sorprenden y que deberías incluir sí o sí en tu lista de qué ver en Ámsterdam.
Aunque hoy es un lugar animado, lleno de terrazas y buen ambiente, su origen es bastante curioso. En el centro se encuentra el edificio De Waag, que en su día fue una puerta de la antigua muralla de la ciudad y más tarde se utilizó como casa de pesaje para mercancías.
Con el paso del tiempo, la plaza se convirtió en un mercado (de ahí su nombre, “mercado nuevo”) y hoy en día sigue siendo un punto de encuentro tanto para locales como para viajeros.
Si necesitas hacer una pausa durante la ruta, este es un sitio perfecto. Puedes sentarte en una terraza, tomar algo y disfrutar del ambiente, que suele ser más relajado que en la Plaza Dam.

Continuando la ruta, otro de esos momentos que no pueden faltar cuando piensas en qué ver en Ámsterdam es cruzar el puente Staalmeestersbrug.
Este pequeño puente es uno de los mejores lugares para disfrutar de las vistas de los canales, pero sobre todo para detenerte en uno de los puntos más fotografiados de la ciudad. Además, justo al lado del puente verás los típicos candados del amor, colocados por viajeros y parejas como símbolo de su paso por la ciudad. No es tan famoso como en otras ciudades europeas, pero le da un toque curioso y especial al lugar.

Desde aquí, muy cerca, encontrarás el encuadre perfecto para ver las conocidas Dancing Houses, esas casas estrechas y ligeramente inclinadas que parecen “bailar”.
¿Y por qué están torcidas? Principalmente por dos motivos. El terreno blando sobre el que se construyó la ciudad y la estructura de madera de los edificios, que con el tiempo ha cedido ligeramente
Lejos de ser un defecto, se han convertido en uno de los símbolos más reconocibles de Ámsterdam.

Después de una parada para recargar energías, el siguiente punto en esta ruta de qué ver en Ámsterdam es el Begijnhof, uno de los rincones más especiales, y tranquilos, de la ciudad.
Y es que, aunque está en pleno centro, al cruzar su entrada parece que cambias completamente de ambiente. De repente desaparece el ruido, las bicicletas y el bullicio y te encuentras en un patio rodeado de casas históricas.
Este lugar fue fundado en la Edad Media como residencia para las beguinas, mujeres religiosas que vivían en comunidad sin pertenecer a un convento. De hecho, aquí se conserva una de las casas más antiguas de Ámsterdam, construida en madera. Verás una cola, va rápida, pero tienen el acceso limitado para que no se junten muchas personas dentro.
Cuando estés aquí respeta el silencio, todavía hay residentes, y tómate unos minutos para disfrutar del lugar. Podrás entrar a dos capillas que tiene abiertas. Es uno de esos sitios que demuestran que, más allá de los canales, hay muchos rincones ocultos que descubrir cuando buscas qué ver en Ámsterdam.
Siguiendo con esta ruta de qué ver en Ámsterdam, no podía faltar una parada en el Bloemenmarkt, uno de los lugares más coloridos y curiosos de la ciudad.
Este mercado es único en el mundo, ya que está formado por puestos flotantes sobre el canal. Aunque hoy en día es bastante turístico, sigue siendo un sitio muy agradable para pasear entre flores, bulbos y todo tipo de recuerdos típicos.
Aquí encontrarás, cómo no, los famosos tulipanes, símbolo de los Países Bajos, además de otras plantas y souvenirs relacionados. Eso sí, si estás pensando en llevarte bulbos a casa, asegúrate de que estén preparados para viajar.
Aunque no compres nada, merece la pena pasar y disfrutar del ambiente y los colores. Es una parada rápida pero muy representativa dentro de cualquier lista de qué ver en Ámsterdam.
A medida que te alejas del centro histórico, otro punto que no puede faltar en tu lista de qué ver en Ámsterdam es Leidseplein, una de las plazas más animadas de la ciudad.
Durante el día ya tiene bastante ambiente, pero es al caer la tarde cuando realmente cobra vida. Aquí es habitual encontrar artistas callejeros, músicos y mucho movimiento, creando ese ambiente tan característico de Ámsterdam.

Además, alrededor de la plaza hay una gran cantidad de bares, restaurantes y teatros, lo que la convierte en una zona perfecta para hacer una pausa, tomar algo o incluso plantearte volver más tarde para cenar o salir.
Aunque solo pases de camino, párate unos minutos a disfrutar del ambiente. Es uno de esos lugares donde se mezcla lo local con lo turístico y que ayudan a entender mejor el ritmo de la ciudad dentro de cualquier ruta de qué ver en Ámsterdam.
Si quieres alejarte del bullicio de la ciudad, nada mejor que acercarse al Vondelpark, el parque más famoso de Ámsterdam y uno de los lugares favoritos tanto de locales como de viajeros.
Este gran pulmón verde es perfecto para desconectar un poco del ritmo de la ciudad. Aquí verás gente paseando, haciendo picnic, corriendo o simplemente descansando junto al lago. Es un sitio ideal para bajar el ritmo después de un día intenso recorriendo todo lo imprescindible de qué ver en Ámsterdam.
Justo al lado se encuentra la zona de Museumplein, uno de los espacios culturales más importantes de la ciudad. En esta gran explanada se concentran algunos de los museos más visitados de Europa:
Aunque no entres a ninguno, merece la pena pasear por la zona, sentarte en el césped del parque o simplemente disfrutar del ambiente cultural.
Si te gusta la pintura, otro de los lugares que deberías añadir a tu lista de qué ver en Ámsterdam es el Rembrandt House Museum. No está situado cerca de los otros museos, se encuentra en el centro, en la que fue la casa del propio Rembrandt durante varios años. Lo interesante es que está recreada tal y como era en el siglo XVII, es decir, no solo ves obras, sino también cómo vivía y trabajaba el artista.
Durante la visita podrás recorrer sus habitaciones, su estudio y descubrir su proceso creativo, además de ver grabados originales y exposiciones relacionadas con su obra.
Si ya tienes pensado visitar el Rijksmuseum, esta es una visita complementaria perfecta. Y si no eres muy de museos, aun así puede sorprenderte, porque es bastante más dinámico y cercano que una galería tradicional dentro de cualquier ruta de qué ver en Ámsterdam.

Hay un barrio que siempre aparece en cualquier lista, Jordaan. Antiguamente fue un barrio obrero, pero hoy en día es una de las zonas más bonitas y con más personalidad de la ciudad. Pasear por aquí es perderse entre canales tranquilos, callejuelas estrechas, patios escondidos y pequeñas tiendas locales que le dan un ambiente muy auténtico. Es un lugar perfecto para ir sin prisa, porque precisamente lo mejor del Jordaan no es un punto concreto, sino el propio paseo.
Dentro de este barrio se encuentra uno de los sitios más visitados de toda la ciudad, la Anne Frank House.
Aquí es donde Ana Frank y su familia se escondieron durante la Segunda Guerra Mundial, y donde escribió su famoso diario. La visita es muy impactante, ya que conserva parte del escondite original y ayuda a entender mejor su historia.
Importante, es imprescindible reservar con mucha antelación, ya que las entradas suelen agotarse rápidamente. Abren todos los días de 9:00 a 22:00 y la entrada de adultos son 16,50 €.
Además de la Casa de Ana Frank, el barrio está lleno de rincones interesantes, cafeterías con mucho encanto, galerías de arte independientes, pequeños mercados locales y canales especialmente tranquilos como los de Prinsengracht o Brouwersgracht.
Dedica tiempo a perderte por el barrio sin mapa. Es una de las mejores formas de disfrutar de Ámsterdam y de entender por qué es una ciudad tan especial dentro de cualquier ruta de qué ver en Ámsterdam.
Otro de los imprescindibles que añadir a tu lista de qué ver en Ámsterdam es la zona de De 9 Straatjes (Las 9 Calles).
Este pequeño entramado de calles conecta los principales canales del centro y es uno de los lugares con más encanto para pasear. Aquí no encontrarás grandes cadenas, sino tiendas boutique, cafeterías acogedoras y ese ambiente tan especial que hace que te apetezca ir sin rumbo.
Es, sin duda, una de las mejores zonas para comprar algo diferente o simplemente disfrutar del paseo. A ciertas horas del día suele ser una zona bastante concurrida, tanto que vi en algunos sitios cola para comprar hasta unas simples patatas fritas.
Muy cerca de aquí tienes un sitio bastante curioso, el Houseboat Museum.
Se trata de un museo dentro de una casa flotante real, donde puedes ver cómo es vivir en los canales de Ámsterdam por dentro. Y sí, aunque desde fuera parezcan pequeñas, por dentro están muy bien aprovechadas.

Si quieres añadir algo distinto a tu lista de qué ver en Ámsterdam, una muy buena opción es visitar el Waterlooplein Flea Market, el famoso mercado de pulgas de la ciudad.
Aquí el ambiente cambia completamente respecto a otras zonas más turísticas. Encontrarás puestos de todo tipo: ropa vintage, antigüedades, libros, discos, souvenirs e incluso objetos bastante curiosos que no sabrías ni cómo describir.
Además, es uno de los mercados más antiguos de Ámsterdam y sigue manteniendo ese aire alternativo y auténtico que lo hace tan especial. Aunque no tengas intención de comprar nada, date una vuelta. Es perfecto para curiosear, encontrar algo diferente o simplemente disfrutar de otro lado de la ciudad dentro de tu ruta de qué ver en Ámsterdam.

Puede parecer típico, pero es uno de los planes más recomendables en cualquier lista de qué ver en Ámsterdam.
Recorrer los canales desde el agua te da una perspectiva completamente distinta de la ciudad, pasando por zonas como Herengracht, Keizersgracht o Prinsengracht. Además, es perfecto para descansar un poco después de caminar tanto.
Otro sitio que merece muchísimo la pena añadir a tu lista de qué ver en Ámsterdam es la terraza del NEMO Science Museum. Y lo mejor de todo es que no hace falta pagar entrada al museo para subir.
Simplemente tienes que acceder desde el exterior por las escaleras laterales del edificio, que ya de por sí llama muchísimo la atención por su forma de barco verde diseñada por Renzo Piano.
Una vez arriba encontrarás un espacio bastante amplio donde puedes sentarte tranquilamente, descansar un rato o incluso tomar algo en la cafetería mientras disfrutas de unas vistas muy chulas de la ciudad. Además, el acceso a la azotea es gratuito y se ha convertido en uno de los miradores más recomendables de Ámsterdam.
Lo que más me gustó es que, en la parte más alta del mirador, han colocado un torno para controlar el acceso. Puede parecer una tontería, pero es todo un acierto porque evita que se acumule demasiada gente y hace que el sitio se disfrute mucho más. No es el mirador más alto de la ciudad, pero sí uno de los más agradables y auténticos para disfrutar del skyline de qué ver en Ámsterdam sin gastar dinero.
Si no tienes pensado salir de la ciudad pero aun así quieres ver un molino tradicional neerlandés, entonces tienes que apuntar el De Gooyer en tu lista de qué ver en Ámsterdam.
Eso sí, te aviso, está bastante alejado del centro, así que probablemente tendrás que acercarte en tranvía, bici o aprovechando otro plan por la zona. Yo tenía tiempo y fue andando, explorando otros puntos de la ciudad.
Lo primero que llama la atención es su tamaño. De hecho, es el molino de madera más alto de Países Bajos y uno de los pocos molinos históricos que todavía se conservan en Ámsterdam.

Su historia se remonta varios siglos atrás. El molino original ya existía en el siglo XVI, aunque fue destruido durante la Guerra de los Ochenta Años y posteriormente reconstruido. Además, cambió varias veces de ubicación hasta colocarse definitivamente en su emplazamiento actual en 1814.
Curiosamente, antiguamente servía para moler grano y abastecer parte de la ciudad, aunque hoy en día ya no funciona como molino productivo. Aun así, sus aspas siguen girando ocasionalmente y se ha convertido en uno de los rincones más fotografiados de Ámsterdam.
Otro detalle muy conocido es que justo al lado se encuentra la cervecería Brouwerij ‘t IJ, famosa por sus cervezas artesanales y su terraza. Mucha gente aprovecha la visita al molino para parar aquí a tomar algo.
A unos minutos de la Amsterdam Centraal merece la pena hacer un pequeño desvío hacia Brouwersgracht. En apenas unos minutos pasarás del bullicio de la estación a uno de los canales más bonitos y tranquilos de la ciudad. De hecho, es famoso por sus casas inclinadas, los puentes llenos de flores y los barcos amarrados que crean esa imagen tan típica de Ámsterdam.
Además, su nombre significa “canal de los cerveceros”, ya que en el siglo XVII esta zona estaba llena de almacenes donde se guardaban mercancías, especialmente cerveza. Hoy en día, esos antiguos almacenes se han convertido en viviendas con muchísimo encanto. Es uno de esos sitios donde entenderás por qué Ámsterdam es considerada una de las ciudades más fotogénicas de Europa.

Si te sobra tiempo y encaja en tu perfil de planes otro lugar puede ser la Heineken Experience es una visita bastante popular, sobre todo si buscas algo más interactivo.
Y si quieres añadir un toque diferente, puedes incluir el A’DAM Lookout, un mirador con vistas 360º de la ciudad. Además, tiene el famoso columpio en lo alto del edificio, toda una experiencia para los más valientes.

Dentro de la planificación de qué ver en Ámsterdam, ya te adelanto algo importante, no es una ciudad especialmente barata para dormir, y menos aún en el centro.
En nuestro caso, nos alojamos en BB 1971 Hazenstraat – Shared Bathroom, una opción bastante céntrica que, dentro de lo que hay en Ámsterdam, tenía una buena relación calidad-precio.
El alojamiento cumplía muy bien con lo necesario para una escapada. Una ubicación muy buena, perfecta para moverte a pie, una cama cómoda, un lugar limpio y sin mucho jaleo, algo que se agradece mucho en el centro.

La única pega es que el baño era compartido, algo bastante habitual en los alojamientos más económicos de la ciudad. Sinceramente, para un fin de semana no es ningún drama. De hecho, en Ámsterdam es bastante común encontrar opciones más asequibles que implican compartir baño o incluso habitación. Si tu idea es pasar el día recorriendo la ciudad y usar el alojamiento solo para descansar, puede ser una opción muy válida.
Si estás organizando tu viaje y te preguntas dónde comer dentro de tu ruta de qué ver en Ámsterdam, hay algo que debes tener claro: la gastronomía neerlandesa no es especialmente destacada.
Aun así, eso no significa que no se coma bien. De hecho, hay sitios muy interesantes y, sobre todo, algunos imprescindibles que merece la pena probar.
Si quieres hacerte una idea de cómo es la cocina típica, puedes probar en The Pantry.
Aquí encontrarás platos tradicionales como estofados o carnes acompañadas de patata. No es una cocina espectacular, pero sí una buena forma de conocer la gastronomía local. Ideal si te apetece probar algo típico al menos una vez.
Uno de los sitios más recomendables es Blue Amsterdam, muy cerca del mercado de flores. Lo mejor, sin duda, son sus vistas panorámicas de la ciudad. Eso sí, es bastante popular, así que es normal que te toque hacer algo de cola.
La comida es bastante normal, pero está rica. Aquí vienes sobre todo por el sitio.

Puede sonar simple, pero las patatas fritas son casi una religión en Países Bajos. Crujientes por fuera, tiernas por dentro y con mil salsas para elegir. Las encontrarás por toda la ciudad, pero algunos de los sitios más populares son:

Otro imprescindible que probar en tu lista de qué ver en Ámsterdam es el stroopwafel, una especie de galleta fina rellena de sirope. Uno de los mejores sitios para probarlos recién hechos es Hans Egstorf Bakery.
Aquí puedes ver cómo los hacen al momento y se nota muchísimo la diferencia. Son más clásicos, pero en otros sitios encontrarás versiones con toppings.

Otro dulce típico son los pequeños pancakes esponjosos, conocidos como poffertjes. Se preparan al momento y puedes elegir toppings como azúcar glas, chocolate o fruta.
Son perfectos para una merienda rápida mientras sigues recorriendo la ciudad.

Si te gusta la tarta de manzana, tienes una parada obligatoria en Winkel 43. Su tarta es famosa en toda la ciudad, tiene una base crujiente con un relleno muy generoso de manzana. Y si quieres puedes supar una buena capa de nata por encima.
No sirven en mesa y suele haber cola, pero va bastante rápido. A unas malas si no quieres esperar, en la misma zona encontrarás muchas cafeterías con encanto.

Y si eres más de galletas, no puedes irte sin probar las de Van Stapele Koekmakerij. Que no te asuste la cola, suele ser rápido y merece mucho la pena.
Solo tienen un tipo de galleta, pero les basta para ser uno de los sitios más populares de la ciudad. ¿La clave? Una cookie de chocolate intenso por fuera con relleno cremoso de chocolate blanco por dentro. También verás cómo las hacen al momento y lo mejor que siempre están calientes y recién hechas.

Si tienes más días o quieres completar tu viaje, una muy buena idea es salir un poco del centro y descubrir otros lugares cercanos. En nuestro caso, dentro de todo lo que hay que incluir en qué ver en Ámsterdam, decidimos hacer una excursión organizada, y fue todo un acierto.
Nosotros optamos por una excursión con Civitatis que recorre varios de los pueblos más bonitos de los alrededores en un solo día. Es una forma muy cómoda de verlo todo sin preocuparte por el transporte.
La primera parada suele ser Zaanse Schans, uno de los lugares más icónicos del país.
Aquí encontrarás los famosos molinos de viento, casas tradicionales y talleres donde ver cómo se fabrican productos típicos como los zuecos o el queso. Es, probablemente, la imagen más “postal” de Países Bajos.
Después se visita Edam, un pequeño pueblo con mucho encanto. Además de su famoso queso, destaca por sus calles tranquilas, canales y arquitectura tradicional. Es una parada breve, pero muy agradable. De aquí nos llevaron a una fabrica de queso y zuecos, donde pudimos degustar varios tipos de quesos.
La siguiente parada es Volendam, un antiguo pueblo pesquero. Aquí el ambiente cambia, encontrarás un paseo marítimo animado, tiendas de souvenirs y restaurantes donde probar pescado típico. Es más turístico, pero tiene mucho ambiente. Te animo a andar por sus calles, un poco laberínticas.
Además de pasear, una de las mejores cosas que puedes hacer en Volendam es probar su gastronomía. Al ser un antiguo pueblo pesquero, aquí el protagonista es claramente el pescado. Entre los platos típicos que encontrarás:
En nuestro caso, probamos el kibbeling, y la verdad es que fue todo un acierto. Estaba hecho de bacalao, recién frito y acompañado de salsa, simplemente espectacular.
Nos recomendaron De Lunch, una opción muy cómoda donde puedes sentarte tranquilamente a comer o pedirlo para llevar. Nosotros optamos por cogerlo para llevar y disfrutarlo en el paseo marítimo, que es una de las mejores formas de vivir la experiencia.
Curiosamente, lo pedimos en un puesto llamado Hollandse Poffertjes, donde también preparan comida rápida típica. Aquí lo mejor es comer algo rápido, típico y disfrutarlo con vistas al mar. Es parte de la experiencia y uno de esos momentos que completan cualquier ruta de qué ver en Ámsterdam y alrededores.

Por último, Marken, un pequeño pueblo que antiguamente era una isla. Es, probablemente, el más pintoresco de todos, casas de madera, tranquilidad y un aire muy auténtico. Para muchos, el favorito de la excursión.
Si tienes más tiempo, hay otras opciones que puedes considerar dentro de tu viaje de qué ver en Ámsterdam.
Una ciudad completamente diferente, más moderna, arquitectura innovadora y ambiente más cosmopolita. Perfecta si quieres ver otra cara de Países Bajos.
Más elegante y tranquila, es la sede del gobierno neerlandés. Puedes visitar el Parlamento o incluso acercarte a la playa de Scheveningen.
Si viajas en primavera, esto es un imprescindible. Los jardines de Keukenhof son uno de los espectáculos florales más impresionantes de Europa. Solo abren unas semanas al año (aprox. marzo–mayo).
Y si quieres añadir algo menos típico:
Como has visto, decidir qué ver en Ámsterdam no es solo cuestión de hacer una lista de lugares, sino de saber cómo recorrer la ciudad y disfrutarla con calma.
Desde sus canales y barrios con encanto como Jordaan, hasta zonas más animadas como Leidseplein o espacios tranquilos como el Vondelpark, Ámsterdam tiene ese equilibrio perfecto entre cultura, historia y ambiente que la hace tan especial.
Además, su tamaño y buena organización hacen que puedas recorrer muchos de sus imprescindibles a pie, disfrutando de cada rincón sin prisas. Y si tienes tiempo extra, siempre puedes completar la experiencia con alguna excursión cercana para descubrir otra cara de Países Bajos. Planifica lo básico, pero deja espacio para improvisar, porque muchas veces, los mejores momentos del viaje no están en el mapa.
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