Nuestra ruta por Canarias en 15 días nació con una idea sencilla, conocer tres islas diferentes sin prisas y disfrutando de cada día. Elegimos Tenerife, La Palma y La Gomera, porque cada una ofrece paisajes y experiencias diferentes y, al combinarlas, conseguimos hacer un viaje bastante completo.
Llegamos a Tenerife en avión y después fuimos saltando de una isla a otra en ferry. Para movernos por cada una de ellas alquilamos un coche, lo que nos permitió recorrerlas a nuestro ritmo y aprovechar mucho mejor el tiempo. Gracias a ello pudimos descubrir playas, miradores, pueblos y diferentes rincones de las tres islas sin depender demasiado de los horarios.
En este artículo te cuento nuestra ruta por Canarias día a día, desde nuestra llegada a Tenerife hasta el último día del viaje. Te contaré qué visitamos, cómo nos organizamos para movernos entre las islas y, sobre todo, nuestra experiencia en cada una de ellas.
Si estás pensando en hacer un viaje de 15 días por las Islas Canarias y no sabes cómo repartir el tiempo entre Tenerife, La Palma y La Gomera, espero que nuestra ruta te sirva como punto de partida para organizar la tuya.
🧭 Índice de la guía
➭ 🚗 Cómo moverse entre islas y dentro de ellasPara hacer nuestra ruta por Canarias en 15 días teníamos claro que necesitábamos organizar bien los desplazamientos. Nuestro viaje comenzó en Madrid, desde donde volamos hasta Tenerife, y también fue desde esta isla desde donde regresamos a casa.
Para desplazarnos entre las islas elegimos el ferry, una opción que nos resultó muy cómoda y que nos permitió llevar el viaje a nuestro ritmo. Además, en lugar de llevar un mismo coche durante todo el recorrido, alquilamos un coche en cada isla con la misma compañía. Para nosotros fue la opción más práctica y evitamos tener que embarcar el vehículo en los ferries.
Durante nuestro viaje utilizamos los servicios de Fred. Olsen Express y Naviera Armas, dos de las compañías que conectan las principales islas del archipiélago. Las rutas, horarios y precios pueden variar según la fecha, por lo que te recomiendo consultar las condiciones actualizadas antes de reservar.
Estos fueron los principales trayectos que hicimos:
Una de las ventajas del ferry es que también puedes embarcar con coche, algo que puede ser interesante si quieres mantener el mismo vehículo durante todo el viaje. En nuestro caso preferimos no hacerlo y alquilar un coche diferente al llegar a cada isla.
Para movernos por las islas también lo teníamos todo organizado desde la península. Contratamos con una misma compañía el alquiler de los coches para todo el viaje, pero en lugar de llevar un único vehículo durante los 15 días, teníamos reservado un coche diferente en cada isla.
De esta manera, cuando llegábamos a una nueva isla simplemente teníamos que ir a la oficina correspondiente, hacer el check-in y recoger el coche que ya teníamos reservado. No teníamos que buscar una empresa de alquiler ni hacer una nueva reserva en cada destino, ya que todo estaba preparado desde antes de comenzar el viaje.
Al terminar nuestra estancia en cada isla, devolvíamos el coche y cogíamos el ferry como pasajeros. Al llegar a la siguiente, volvíamos a recoger el vehículo que teníamos contratado para esos días.
Para nosotros fue una opción muy cómoda, ya que no teníamos que viajar con el coche en el ferry y, además, cada isla tenía su propio vehículo. Esto nos permitió movernos a nuestro ritmo, llegar hasta miradores, playas y pueblos y aprovechar mucho mejor cada día, sin depender de los horarios del transporte público.
Además, al tener todos los alquileres organizados desde el principio, el cambio entre islas era bastante sencillo, devolvíamos un coche, cogíamos el ferry y al llegar nos esperaba otro coche ya reservado. Puedes consultar aquí nuestra guía para alquilar coche en las Islas Canarias.
Llegamos a Tenerife sobre las 9:50 de la mañana, así que nada más aterrizar fuimos a recoger el coche de alquiler para aprovechar al máximo nuestro primer día. Como teníamos por delante una ruta bastante completa, empezamos por Candelaria, una visita que se puede hacer cómodamente a pie y que nos sirvió para tener una primera toma de contacto con Tenerife.
Aparcamos justo delante del Ayuntamiento, en un parking que nos resultó muy cómodo. La primera hora era gratuita y la segunda nos costó solo 0,80 €, así que nos vino genial para visitar el centro sin tener que preocuparnos demasiado por el coche.
Lo primero que hicimos fue acercarnos hasta la Plaza de la Patrona de Canarias, donde se encuentra la Basílica de Nuestra Señora de la Candelaria. La plaza está abierta al mar y es uno de los lugares más representativos de Candelaria.
Justo al lado se encuentran los Monumentos Menceyes, las grandes esculturas de los antiguos reyes guanches de Tenerife. Desde allí caminamos hasta la Cueva de San Blas, también conocida como Cueva de Achbinico, situada a pocos metros de la basílica y vinculada a la historia de la Virgen de Candelaria.
El paseo es corto y sencillo y, para mí, desde esta zona conseguimos una de las mejores fotos de Candelaria.

Después de visitar Candelaria pusimos rumbo hacia la Playa de Las Teresitas, una de las playas más conocidas de Tenerife. Actualmente cuenta con un amplio aparcamiento gratuito, así que nuestra experiencia de no tener demasiados problemas para dejar el coche encaja bastante bien con la situación actual.
Llegamos alrededor del mediodía y aprovechamos para comer allí mismo, en El Petón, un sitio que recomiendo si quieres comer bien y sin complicarte demasiado.
Después de comer continuamos nuestra ruta hacia uno de los grandes imprescindibles de Tenerife, el Parque Rural de Anaga.
Nuestra primera parada fue el Mirador de Jardina, desde donde disfrutamos de unas vistas increíbles del valle y de La Laguna. Después continuamos hasta el Mirador de Cruz del Carmen, uno de los puntos más conocidos del Parque Rural de Anaga y desde donde parten varios senderos. La propia oficina de turismo de Tenerife incluye esta zona entre las paradas destacadas para recorrer Anaga en coche.
Como no disponíamos de demasiado tiempo, no hicimos ninguna ruta larga, pero sí aprovechamos para hacer el Sendero de los Sentidos, un recorrido corto y muy agradable que nos permitió adentrarnos un poco en la vegetación característica de Anaga.
Por la tarde nos desplazamos hasta San Cristóbal de La Laguna, donde dimos un paseo por su casco histórico. La ciudad fue declarada Patrimonio de la Humanidad y su centro histórico conserva un importante conjunto de edificios y calles de carácter histórico.
Durante nuestra visita pasamos por la Catedral, la Iglesia de San Martín, la Plaza del Adelantado y varias de sus calles principales, disfrutando simplemente del ambiente y de las casas históricas que encontramos durante el paseo.
Para terminar nuestro primer día en Tenerife nos fuimos hasta Santa Cruz de Tenerife. Aparcamos en la Avenida Francisco La Roche, una zona que nos resultó bastante cómoda tanto para dejar el coche como para acercarnos a cenar por los alrededores.
Y aquí terminaba nuestra primera jornada en la isla, porque a las 23:59 teníamos previsto coger el ferry rumbo a La Palma.
Después de un día bastante intenso, nos esperaba el barco y una nueva etapa del viaje. De esta manera aprovechábamos también el desplazamiento nocturno para avanzar en nuestra ruta por Canarias en 15 días y comenzar al día siguiente nuestra aventura por La Palma.

Después de pasar la noche en el ferry, llegamos a La Palma y comenzamos nuestro segundo día de la ruta. Aprovechando nuestra llegada, lo primero que hicimos fue visitar Santa Cruz de La Palma, la capital de la isla y una ciudad perfecta para recorrer tranquilamente a pie.
La oficina de alquiler de coches estaba junto al puerto, así que recogimos el vehículo que teníamos reservado y nos dirigimos hacia el centro. Dejamos el coche en la Avenida de las Nieves, donde encontramos varias zonas de aparcamiento gratuito.
Santa Cruz de La Palma se recorre bastante rápido, pero merece la pena dedicarle unas horas para pasear por sus calles y disfrutar de su ambiente. Uno de los rincones que más nos gustó fue la zona de los balcones de la Avenida Marítima, uno de los lugares más característicos y fotografiados de la capital.
Nosotros aprovechamos para dar una vuelta, tomar un café y conocer algunos de sus rincones antes de continuar la ruta. Si quieres conocer todos los lugares que puedes visitar en la capital, tengo un artículo específico con qué ver en Santa Cruz de La Palma y un mapa con los principales puntos de interés.
Después de esta primera visita, volvimos al coche para continuar nuestro recorrido por los alrededores de Santa Cruz.
La siguiente parte del día estuvo dedicada a disfrutar de algunas de las panorámicas que ofrece esta zona de la isla. Nuestra primera parada fue el Mirador del Barranco del Carmen, desde donde pudimos contemplar Santa Cruz de La Palma desde las alturas.
Después nos acercamos hasta el Mirador del Barranco de los Gomeros, otro punto donde merece la pena parar para disfrutar de las vistas del barranco y de la costa.
La Palma es una isla que invita continuamente a parar el coche y mirar el paisaje, y estos primeros miradores fueron solo una pequeña muestra de lo que nos encontraríamos durante los siguientes días. De hecho, la isla cuenta con numerosos miradores repartidos por sus diferentes municipios.
Continuamos la ruta hasta el Real Santuario de Nuestra Señora de las Nieves, uno de los lugares religiosos más importantes de la isla. El santuario se encuentra a pocos kilómetros de Santa Cruz y es una visita que se puede combinar fácilmente con la capital.
La iglesia nos pareció pequeña, pero con mucho encanto, y el entorno transmite bastante tranquilidad. Fue una parada corta antes de continuar hacia otro de los miradores más conocidos de esta zona.
Desde allí subimos hasta el Mirador de La Concepción, situado en Breña Alta. Las vistas desde aquí son realmente buenas, ya que se puede contemplar Santa Cruz de La Palma, el puerto y buena parte de la costa.
Es uno de esos lugares en los que merece la pena parar unos minutos simplemente para disfrutar de la panorámica y entender un poco mejor la orografía de La Palma.

Antes de terminar nuestra ruta por esta zona pasamos también por el Mirador de la Cumbre. No es uno de los lugares más conocidos de la isla, pero precisamente por eso nos gustó la tranquilidad que encontramos allí arriba.
Las vistas hacia el interior de La Palma son muy diferentes a las que habíamos disfrutado durante la mañana desde la costa y los miradores próximos a Santa Cruz.
Después de todo el recorrido del día, tocaba relajarse. Volvimos hacia la zona donde teníamos el hotel y terminamos la jornada en la Playa de Los Cancajos, en Breña Baja.
Fue el broche perfecto para el día. Un baño, agua tranquila y un rato de relax después de pasar varias horas recorriendo la isla en coche. Los Cancajos es además una de las zonas turísticas más importantes del este de La Palma y está situada muy cerca de Santa Cruz y del aeropuerto.
Después de un primer contacto con la capital, varios miradores y algunos lugares de los alrededores, tocaba descansar. Todavía nos quedaban varios días para descubrir La Palma, y este segundo día había servido para empezar a conocerla desde diferentes perspectivas.

En este tercer día de nuestra ruta por La Palma tocaba conocer el sur de la isla. Después de haber recorrido Santa Cruz y sus alrededores el día anterior, esta vez queríamos descubrir uno de los paisajes que mejor representan a La Palma: volcanes, lava y costa.
Nuestra primera parada fue el Volcán de San Antonio, en Fuencaliente, donde se encuentra el centro de visitantes. Desde aquí parten diferentes senderos que permiten acercarse al entorno volcánico y contemplar el Volcán Teneguía, cuya erupción tuvo lugar en 1971. Todo este espacio forma parte del Monumento Natural de los Volcanes de Teneguía.
El paisaje de esta zona es completamente diferente al que habíamos visto durante los primeros días. El terreno oscuro, las coladas de lava y la escasa vegetación hacen que durante algunos momentos parezca que estás en otro lugar.
Nosotros no hicimos la Ruta de los Volcanes completa, sino que aprovechamos para conocer esta zona y recorrer algunos de sus senderos. Si eres aficionado al senderismo y quieres hacer el recorrido completo, debes tener en cuenta que es una ruta bastante exigente. Actualmente el recorrido entre el Refugio del Pilar y Fuencaliente ronda los 17,5 kilómetros, con más de 1.200 metros de desnivel y dificultad alta, por lo que requiere buena preparación, calzado adecuado, agua y protección solar.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue poder contemplar el contraste entre los volcanes y el océano. Desde esta zona se entiende perfectamente por qué el sur de La Palma tiene un paisaje tan particular.
Después de la explosión en Cumbre Vieja, la última erupción que hubo en La Palma que fue en 2021, algunas de las rutas cambiaron. A día de hoy es un lugar protegido y donde te recomiendo andar con mucho cuidado y ser precavidos.
Siempre conviene consultar fuentes oficiales, por ejemplo la web del cabildo de La Palma.
Después de nuestra visita a los volcanes continuamos hacia las Salinas de Fuencaliente, uno de los lugares que no pueden faltar en una ruta por el sur de La Palma.
Aquí el paisaje cambia completamente. El blanco de la sal, el negro de la tierra volcánica y el azul del océano crean un contraste espectacular. Además, las salinas siguen formando parte de una actividad tradicional de la isla, por lo que no solo es un lugar bonito para hacer fotografías, sino también un espacio donde se puede conocer una parte de la historia y las tradiciones de La Palma.
Durante nuestra ruta también fuimos haciendo diferentes paradas en algunos miradores, entre ellos el Mirador de Las Indias, el Mirador El Charco y el Mirador de Las Hoyas. Desde estos puntos disfrutamos de unas vistas increíbles hacia el océano y de ese paisaje volcánico tan característico del sur de la isla.

Después de recorrer la zona sur nos dirigimos hacia Los Llanos de Aridane. Hicimos una parada en la Plaza de la Glorieta, un pequeño rincón perfecto para descansar un rato antes de continuar.
Desde allí bajamos hacia la costa hasta Puerto Naos, donde aprovechamos para comer frente al mar. Después de varias horas entre volcanes y miradores, sentarnos tranquilamente junto al océano fue un buen cambio de ritmo.
Con las pilas cargadas continuamos nuestra ruta por la costa y visitamos Charco Verde y El Remo, dos lugares mucho más tranquilos y diferentes a los paisajes volcánicos que habíamos visto durante la mañana.
Charco Verde, situado muy cerca de Puerto Naos, es una pequeña cala rodeada de naturaleza y acantilados, con un ambiente bastante relajado.
Fue una parte del día que disfrutamos especialmente porque, después de visitar volcanes, salinas y miradores, terminamos acercándonos de nuevo al mar.
Al final de la tarde regresamos hacia la zona del hotel para descansar. Había sido un día bastante intenso, pero también uno de los más variados de nuestra estancia en La Palma. Volcanes, paisajes de lava, salinas, miradores, pueblos y costa.
Y todavía nos quedaban varios días para seguir descubriendo la isla.
Para el cuarto día en La Palma teníamos reservada una excursión guiada por la Caldera de Taburiente, una de las rutas más conocidas de la isla y uno de los días más intensos de nuestro viaje.
El autobús nos recogió cerca del hotel y nos llevó hasta el Mirador de Los Brecitos, desde donde comenzamos una ruta de unos 16 kilómetros descendiendo hacia el interior de la Caldera. La primera parte fue bastante cómoda, caminando entre una vegetación muy abundante y disfrutando del paisaje.
Durante el recorrido pasamos por algunos de los lugares más conocidos de la Caldera, como el Roque Idafe y la Cascada de los Colores. Ese año había bastante sequía y la cascada llevaba poca agua, por lo que no pudimos verla en todo su esplendor, aunque aun así nos pareció una parada interesante.
Hicimos una pausa para comer nuestro bocadillo y descansar antes de afrontar la parte final del recorrido. Y aquí fue donde empezamos a notar más el cansancio. El sendero atravesaba el barranco, había poca sombra y nosotros empezábamos a quedarnos sin agua. Por suerte, poco antes de llegar al final encontramos un pequeño bar donde pudimos comprar algo para refrescarnos.
En nuestro caso recomendamos hacer esta ruta con guía, especialmente si no estás acostumbrado a realizar recorridos largos. A nosotros nos proporcionaron palos para caminar y durante todo el recorrido los guías nos fueron explicando diferentes aspectos sobre la formación de la Caldera y el entorno.
Además, íbamos acompañados por dos guías, algo que resultó muy útil cuando dos personas del grupo llegaron a un punto en el que ya no podían continuar. Uno de ellos pudo acompañarlas por un camino más corto hasta el autobús mientras el resto seguíamos con la ruta.
Al terminar nos llevaron de nuevo hasta el mismo punto donde nos habían recogido por la mañana, así que ese día ni siquiera tuvimos que utilizar el coche de alquiler.
Fue una jornada bastante exigente físicamente, pero también una de las experiencias que más recordamos de nuestra estancia en La Palma. Si quieres conocer todos los detalles de la ruta, el recorrido, la dificultad y lo que debes tener en cuenta, te lo cuento todo en nuestra guía de la Caldera de Taburiente.

El quinto día lo dedicamos a recorrer la zona norte de La Palma, una de las partes más verdes y sorprendentes de la isla. Teníamos por delante varias paradas y dos pequeñas rutas de senderismo, así que volvimos a coger el coche desde primera hora para aprovechar bien el día.
Comenzamos haciendo un par de paradas en miradores. El primero fue el Mirador de San Bartolo, desde donde disfrutamos de una bonita panorámica del paisaje de la zona. Después pasamos por el Mirador Jardín de Las Hespérides, un lugar mucho más tranquilo y perfecto para hacer algunas fotografías.

La primera ruta del día fue en el Bosque de Los Tilos, uno de los espacios naturales más conocidos de La Palma y uno de los mejores ejemplos de laurisilva que conserva la isla.
Aparcar nos resultó relativamente sencillo, aunque ya había bastante gente. Desde allí hicimos el pequeño recorrido hasta la Cascada de Los Tilos, una ruta corta, de aproximadamente 1-1,5 kilómetros entre ida y vuelta, que nos pareció perfecta para empezar la jornada.
El camino atraviesa un entorno muy verde, húmedo y frondoso, completamente diferente a los paisajes volcánicos que habíamos visto durante los días anteriores.
La única pega fue que, cuando llegamos a la cascada, había bastante gente y eso le quitaba un poco de encanto al lugar. Aun así, es una visita que merece mucho la pena si estás recorriendo el norte de La Palma.
Después nos dirigimos hacia el Mirador del Espigón Atravesado, también conocido simplemente como Mirador del Espigón. Aquí ya tocaba hacer algo más de esfuerzo.
El recorrido tiene aproximadamente 3,5 kilómetros de subida y otros tantos de bajada, aunque lo que realmente se nota es el desnivel. La subida es exigente, especialmente al principio, pero cuando llegas arriba entiendes perfectamente por qué merece la pena.
Las vistas son espectaculares, y después del esfuerzo se agradece todavía más poder disfrutar de la panorámica. La vuelta, al ser prácticamente todo cuesta abajo, se hizo bastante más llevadera.

Nuestra siguiente parada era el Charco Azul, una de las piscinas naturales más conocidas del norte de La Palma. El lugar está preparado para disfrutar del baño y cuenta con diferentes servicios, por lo que es una buena opción para hacer una parada y refrescarse.
Sin embargo, el día que fuimos estaba cerrado, así que nos quedamos sin poder darnos el esperado chapuzón.
Una pena, porque después de la caminata del Espigón nos habría venido genial. Si cuando vayas está abierto, creo que merece la pena incluirlo en la ruta.

Para terminar el día pusimos rumbo al Roque de los Muchachos, el punto más alto de La Palma, situado a 2.426 metros de altitud.
Una vez arriba hicimos un pequeño recorrido hasta el Espigón del Roque, un trayecto corto y sencillo que nos permitió disfrutar de unas vistas impresionantes sobre la Caldera de Taburiente.
Además, toda esta zona está rodeada de telescopios e instalaciones del Observatorio Astrofísico del Roque de los Muchachos, algo que hace que el paisaje sea todavía más especial.
En el camino de vuelta fuimos haciendo varias paradas improvisadas en diferentes miradores para seguir disfrutando del paisaje antes de regresar al hotel.
Fue otro día bastante completo, pero especialmente variado. Bosque, cascadas, senderismo, piscinas naturales y alta montaña, todo en una misma ruta por el norte de La Palma.
Este era ya nuestro último día en La Palma y queríamos aprovecharlo al máximo. Empezamos la jornada poniendo rumbo a Porís de Candelaria, uno de los rincones más especiales de la isla, situado en el municipio de Tijarafe.
La visita merece muchísimo la pena, aunque hay que tener en cuenta cómo es el acceso. La carretera de bajada es muy estrecha y tiene bastante pendiente, por lo que nosotros recomendamos ir a primera hora, cuando todavía hay pocos coches. El aparcamiento es pequeño y se puede llenar rápidamente.
Como aquí hay varios detalles prácticos que merece la pena conocer antes de ir, tengo un artículo específico donde te cuento cómo visitar Porís de Candelaria, cómo llegar y qué debes tener en cuenta.
Después de la visita continuamos hacia el Mirador de El Time, desde donde disfrutamos de una de las panorámicas más impresionantes del valle de Aridane y la costa oeste de La Palma.

Pero lo mejor del día todavía estaba por llegar. Teníamos contratada una salida para hacer un avistamiento de delfines desde el Puerto de Tazacorte y la experiencia fue espectacular.
Durante la excursión pudimos ver un montón de delfines y además muy cerca de la embarcación. Para mí fue una de las actividades más especiales de todo el viaje y una de las que más recomiendo hacer si visitas La Palma.
Actualmente la costa oeste de la isla es precisamente una de las zonas destacadas para el avistamiento responsable de cetáceos, con salidas en barco durante todo el año.

Después de regresar a tierra firme todavía aprovechamos las últimas horas para hacer un par de paradas más.
La primera fue en el Mirador de La Cumbrecita, dentro del Parque Nacional de la Caldera de Taburiente y uno de mis favoritos de toda la isla. Las vistas sobre la Caldera son impresionantes y, después de haberla recorrido a pie unos días antes, volver a verla desde aquí tuvo todavía más sentido. El acceso en coche está regulado y actualmente requiere reserva de plaza de aparcamiento.
Terminamos el día en el Mirador Astronómico Llano del Jable, desde donde disfrutamos del paisaje y de cómo iba cambiando la luz al final de la tarde. Este mirador se encuentra a unos 1.200 metros de altitud y forma parte de la red de lugares de observación astronómica de La Palma.
Después ya volvimos al hotel para disfrutar de nuestra última noche en La Palma.
Habían sido seis días bastante intensos, pero también muy completos. Habíamos recorrido la isla de norte a sur, y habíamos puesto el broche con una experiencia que difícilmente íbamos a olvidar, ver delfines en libertad.
Llegó la hora, en nuestra ruta por Canarias en 15 días, de cambiar de isla. Dejábamos La Palma atrás para poner rumbo a La Gomera, donde pasaríamos los siguientes días del viaje.
Cogimos uno de los ferrys más madrugadores y llegamos tan temprano que la oficina del coche de alquiler todavía estaba cerrada. Así que aprovechamos ese rato para dar una vuelta por San Sebastián de La Gomera, una ciudad pequeña y muy fácil de recorrer a pie.
Cuando por fin abrió la oficina, recogimos el coche que teníamos reservado y comenzamos nuestra primera ruta por la isla. Como nuestro alojamiento estaba en Valle Gran Rey, en el otro extremo de La Gomera, decidimos cruzarla prácticamente entera y aprovechar el trayecto para empezar a descubrir sus paisajes.
La carretera nos llevó por el interior de la isla y fuimos haciendo diferentes paradas en miradores. La verdad es que fue una de las mejores maneras de tener una primera toma de contacto con La Gomera, ya que prácticamente en cada tramo aparecía un paisaje diferente.
Estos fueron algunos de los miradores donde paramos:
Los Roques de La Gomera, y especialmente el Roque de Agando, son algunos de los paisajes más característicos de esta zona de la isla. Además, desde el Mirador de Igualero ya se empieza a tener una buena perspectiva de la Fortaleza de Chipude, una de las formaciones rocosas más reconocibles de La Gomera.
Continuamos la ruta hasta la Fortaleza de Chipude y, justo antes de comenzar el descenso hacia Valle Gran Rey, hicimos una última parada en uno de sus miradores.
Desde allí disfrutamos de una panorámica increíble del valle, con sus laderas y terrazas descendiendo hacia la costa. Después de toda la mañana recorriendo la isla y haciendo paradas, ya tocaba poner rumbo al hotel.
Llegamos a Valle Gran Rey, dejamos las cosas y aprovechamos para descansar. Habíamos tenido un primer día bastante completo en La Gomera y todavía nos quedaban varios días para descubrir la isla, así que preferimos guardar fuerzas para todo lo que nos esperaba.
Este día de nuestra ruta por Canarias en 15 días lo dedicamos por completo a recorrer algunos de los miradores más bonitos de La Gomera. Fue un día tranquilo, de muchas paradas, paisajes espectaculares y algún chapuzón inesperado.
Empezamos por el Mirador de la Curva del Queso, un punto muy fotogénico y perfecto para comenzar el recorrido. Desde aquí ya pudimos disfrutar de una buena panorámica de Valle Gran Rey.
Después seguimos hacia el Mirador de la Ermita del Santo y el Mirador de Vallehermoso, desde donde las vistas del barranco y del océano nos dejaron claro que este iba a ser un día de carretera, miradores y muchas paradas.
Continuamos hasta la zona del Castillo del Mar, donde además encontramos una piscina natural. Aprovechamos para darnos un chapuzón y disfrutar un rato de esta zona de la costa, marcada por los acantilados y la fuerza del Atlántico.

El plato fuerte del día llegó con el Mirador de Abrante, uno de los lugares más conocidos de la isla. Se trata de una espectacular pasarela acristalada que se adentra sobre el vacío y que, aunque impone un poco al principio, merece totalmente la pena.
Lo mejor, además de la propia experiencia de caminar sobre el cristal, fueron las vistas. Tuvimos la suerte de encontrar un día despejado y pudimos ver el Teide al fondo, en la isla de Tenerife. Es uno de esos lugares que, para mí, merece estar entre los imprescindibles que visitar en La Gomera.
Después continuamos hacia el Mirador de La Punta, antes de poner rumbo a una de las paradas que más disfrutamos durante este día.

Llegamos al Pescante de Hermigua, un antiguo embarcadero que se utilizaba para cargar y descargar mercancías desde los barcos. Hoy quedan sus estructuras sobre el mar y se ha convertido en uno de los rincones más característicos de esta zona de La Gomera.
Y como el día invitaba a ello, aprovechamos para darnos un buen chapuzón.
Desde aquí continuamos la ruta pasando por el Mirador de Hermigua, el Mirador de La Orilla y, ya de regreso, el Mirador del Morro de Agando. Teníamos varios puntos más apuntados, pero como suele pasar cuando recorres La Gomera en coche, también fuimos improvisando cada vez que aparecía un paisaje que merecía una parada.
Y es que en esta isla no hace falta buscar demasiado para encontrar un buen mirador, prácticamente cada curva de la carretera ofrece una nueva panorámica.

Fue un día sin prisas, disfrutando del camino y de cada vista. Después de haber recorrido el interior de la isla el día anterior, esta ruta nos permitió descubrir otra cara de La Gomera, combinando miradores, costa y algún que otro baño improvisado.
Después de dos días recorriendo La Gomera en coche, decidimos dedicar esta jornada a uno de los grandes imprescindibles de la isla, el Parque Nacional de Garajonay. Para aprovecharlo mejor contratamos una excursión guiada, una decisión que nos permitió conocer algunos de sus rincones más importantes y, además, descubrir la historia y las curiosidades del parque de la mano de un guía.
Empezamos muy temprano, algo que fue todo un acierto. Al llegar encontramos una ligera niebla entre los árboles que, junto a la frondosidad de la laurisilva, creaba un ambiente muy especial.
Durante la ruta el guía nos fue explicando que este bosque es uno de los grandes tesoros naturales de La Gomera. La laurisilva es un ecosistema relicto de antiguos bosques subtropicales que hoy tiene en Garajonay uno de sus mejores ejemplos.
La ruta que hicimos fue bastante sencilla y terminaba en la Ermita de Nuestra Señora de Lourdes, un pequeño rincón situado en mitad del bosque. Allí encontramos también una fuente y un entorno perfecto para hacer una pequeña parada.
Si quieres conocer todos los detalles de este recorrido, tengo un artículo específico sobre la ruta por el Parque Nacional de Garajonay.
Después de la ruta llegó la hora de comer y nos llevaron hasta Casa Efigenia, un restaurante tradicional donde disfrutamos de una comida muy auténtica.
La comida no estaba incluida en la excursión, pero para nosotros mereció muchísimo la pena. Además, durante la comida pudimos disfrutar de una exhibición del silbo gomero, algo que hizo que la experiencia fuese todavía más especial.
Tengo un artículo específico con todos los detalles sobre dónde comer en La Gomera, por si quieres conocer mejor este restaurante y otros sitios donde comer en la isla.

Después de comer continuamos hasta La Laguna Grande, el área recreativa más importante del Parque Nacional. Es un lugar rodeado de bosque donde también encontramos pequeños senderos para dar un paseo y estirar las piernas.
Nuestro guía aprovechó la parada para contarnos algunas de las antiguas leyendas relacionadas con esta zona. Entre ellas estaba la historia de las brujas que, según la tradición, se reunían aquí para realizar sus rituales.
Para terminar la excursión nos llevaron hasta el Mirador de Risquillos, desde donde disfrutamos de unas vistas increíbles de la zona central de La Gomera.
Después de pasar buena parte del día caminando entre laurisilva, terminar la excursión con estas panorámicas fue el broche perfecto.
Sin duda, Garajonay fue uno de los lugares que más nos sorprendió de La Gomera. Recorrerlo con un guía hizo que no nos limitáramos únicamente a disfrutar del paisaje, sino que pudiéramos entender mejor el lugar que estábamos visitando.

Después de varios días recorriendo La Gomera, el décimo día lo dedicamos a descubrir algunos rincones menos conocidos de la isla. Fue una jornada bastante tranquila, combinando tradición, playa y muchos miradores.
Comenzamos el día en Alojera, uno de los lugares más vinculados a la tradición de la miel de palma en La Gomera. Allí visitamos la Casa de la Miel de Palma, donde pudimos conocer cómo se obtiene la savia de la palmera y cómo se transforma en este producto tan típico de la gastronomía gomera.
La visita nos pareció bastante interesante porque, además de conocer todo el proceso, pudimos probar la miel de palma y comprar algún producto para llevarnos a casa.

Después de la visita bajamos hasta la Playa de Alojera, una zona mucho más tranquila y menos turística que otras partes de la isla. Aprovechamos para relajarnos un rato frente al mar y disfrutar de un poco de playa antes de continuar la ruta.
Fue una parada perfecta para cambiar un poco de paisaje después de tantos días recorriendo el interior de La Gomera.
A partir de aquí comenzó de nuevo nuestra ruta por algunos de los miradores de la isla.
El primero fue el Mirador del Rejo, desde donde disfrutamos de unas bonitas vistas del barranco y de las laderas verdes de esta zona. Después seguimos hasta el Mirador del Bailadero. Dejamos el coche y tuvimos que caminar unos 20 minutos hasta llegar al punto desde donde se obtienen las mejores vistas. El paseo mereció totalmente la pena, porque el paisaje que encontramos arriba era espectacular.
Continuamos hasta el Mirador del Cedro, uno de mis favoritos de esta parte de La Gomera. En los días despejados, desde aquí también se puede disfrutar de unas bonitas vistas con el Teide al fondo, así que nos quedamos un buen rato contemplando el paisaje.
La ruta siguió con otra parada en el Mirador de Manaderos, desde donde pudimos apreciar una vez más los profundos barrancos y el paisaje tan característico de la isla. Precisamente El Rejo, El Bailadero y Manaderos forman parte de una de las rutas de miradores que propone Turismo de La Gomera.
Para terminar el día nos acercamos hasta parte del Parque Natural de Majona, una zona mucho más salvaje y menos conocida de La Gomera.
Aquí encontramos un paisaje diferente, con barrancos, vegetación y caminos que nos permitieron alejarnos un poco de las zonas más visitadas de la isla. Fue una buena manera de terminar una jornada en la que, más que buscar grandes monumentos, nos dedicamos a disfrutar de los paisajes y de esos rincones que aparecen mientras recorres La Gomera.
Fue un día tranquilo pero muy completo, combinando miel de palma, playa, miradores y naturaleza. Y después de varios días de viaje, también se agradecía tener una jornada sin grandes rutas de senderismo y simplemente disfrutar del camino.
Después de tantos días de rutas, miradores, excursiones y kilómetros en coche, tocaba bajar el ritmo. El día 11 de nuestra ruta por Canarias en 15 días lo dedicamos simplemente a disfrutar de Valle Gran Rey, uno de los rincones que más nos gustaron de La Gomera.
No teníamos ninguna ruta preparada ni ningún lugar concreto que visitar. Ese día dejamos el coche aparcado y nos dedicamos a disfrutar de la playa, tomar el sol y descansar antes de continuar el viaje.
Por la mañana nos acercamos hasta la Playa del Inglés, una de las playas más conocidas de Valle Gran Rey. Es una playa amplia, de arena volcánica y con un entorno mucho más natural que otras zonas de la localidad.
Es un buen sitio para pasear por la orilla y desconectar, aunque hay que tener cierta precaución con el estado del mar, ya que el oleaje puede ser fuerte en determinados momentos.
Después nos acercamos hasta la Playa de Vueltas, mucho más recogida y protegida gracias al dique del puerto. Aquí aprovechamos para darnos un buen baño y pasar un rato tranquilos junto al mar.
Además, esta zona tiene un ambiente marinero que nos gustó mucho, con las pequeñas embarcaciones de pescadores junto a la playa y varios restaurantes y servicios alrededor.
Fue un día sin planes, sin prisas y sin coche. Simplemente playa, sol y descanso. Después de todo lo que habíamos recorrido durante los días anteriores, nos vino genial para recargar pilas antes de dejar La Gomera y regresar a Tenerife para afrontar la última parte del viaje.
Después de varios días recorriendo La Gomera, tocaba regresar a Tenerife para afrontar la última parte de nuestro viaje. Dejamos el coche de alquiler en el puerto de San Sebastián de La Gomera y cogimos el ferry rumbo a Los Cristianos.
Al llegar a Tenerife recogimos el nuevo coche de alquiler que teníamos reservado y nos pusimos en marcha. Como todavía teníamos todo el día por delante, decidimos aprovecharlo para recorrer algunos de los lugares más interesantes del oeste de la isla.
Nuestra primera parada fue el Barranco del Infierno, una de las rutas de senderismo más conocidas del sur de Tenerife.
El acceso está controlado y hay un número limitado de visitantes, por lo que es necesario reservar con antelación. Nosotros pudimos hacer la ruta y disfrutar de un paisaje muy diferente al que habíamos encontrado durante los días anteriores en La Gomera.
El recorrido termina junto a una gran cascada y, aunque no es una ruta especialmente larga, el entorno hace que merezca la pena incluirla en un recorrido por Tenerife.
Después pusimos rumbo a los Acantilados de Los Gigantes, uno de los paisajes más impresionantes de Tenerife. Sus enormes paredes volcánicas cayendo directamente sobre el océano impresionan desde cualquier punto, pero especialmente desde los miradores de la zona.
Continuamos después hasta el Mirador de Masca, otro de los lugares más fotografiados de la isla. El pequeño caserío aparece encajado entre enormes montañas y barrancos, creando una de esas panorámicas que se han convertido en una de las imágenes más reconocibles de Tenerife.
Al llegar a Tenerife recogimos el nuevo coche de alquiler que teníamos reservado y nos pusimos en marcha. Como todavía teníamos todo el día por delante, decidimos aprovecharlo para recorrer algunos de los lugares más interesantes del oeste de la isla.
La siguiente parada fue Punta de Teno, en el extremo occidental de Tenerife. El trayecto hasta allí ya merece la pena por el paisaje volcánico y por las vistas que aparecen durante el recorrido.
Una vez allí pudimos disfrutar de las vistas hacia los Acantilados de Los Gigantes y acercarnos hasta el faro, en un entorno mucho más tranquilo que otros puntos turísticos de la isla.
Eso sí, ten en cuenta que actualmente el acceso a Punta de Teno está regulado, por lo que conviene consultar las condiciones antes de organizar la visita.
Desde Punta de Teno continuamos hasta Garachico, uno de los pueblos que más nos gustaron de esta parte de Tenerife.
Aquí aprovechamos para dar un paseo por sus calles y disfrutar de su arquitectura tradicional canaria. Además, la localidad es conocida por sus piscinas naturales formadas por la lava, que contrastan muchísimo con el azul del océano.
Muy cerca de Garachico hicimos otra parada imprescindible: el Drago Milenario de Icod de los Vinos, uno de los grandes símbolos naturales de Tenerife.
Este enorme árbol destaca por sus dimensiones y por su peculiar aspecto. Durante mucho tiempo se le atribuyeron edades de varios miles de años, aunque las estimaciones más recientes sitúan su edad entre 800 y 1.000 años.
Verlo en persona impresiona bastante y fue una de esas visitas que, aunque no requieren demasiado tiempo, merecía la pena incluir en nuestro recorrido.

Después de un día bastante intenso tocaba poner rumbo a nuestro alojamiento en Mesa del Mar. Llegamos justo a tiempo para disfrutar de unas vistas increíbles del Teide al atardecer.
Después de varios días en La Gomera, volver a Tenerife y encontrarnos con este paisaje fue una manera perfecta de terminar nuestro primer día de regreso en la isla.
Después de tantos días recorriendo Tenerife y las islas de La Palma y La Gomera, llegaba uno de los momentos que más ganas teníamos de vivir, subir hasta la cima del Teide.
Es una experiencia que requiere algo de organización, especialmente si quieres llegar hasta el cráter, pero para nosotros mereció totalmente la pena.
La opción más cómoda para salvar la mayor parte del desnivel es utilizar el teleférico, que te deja en La Rambleta, muy cerca del comienzo del sendero que lleva hasta la cima.
Eso sí, si quieres continuar hasta el cráter, necesitas tener reservado con antelación el permiso de acceso al sendero de Telesforo Bravo, además del billete del teleférico. Sin este permiso no podrás continuar hasta la cumbre.
La subida en teleférico ya es una experiencia en sí misma. En pocos minutos dejamos atrás la parte baja del Parque Nacional y empezamos a tener unas vistas enormes del paisaje volcánico.
Una vez arriba comienza el tramo final a pie. El sendero no es especialmente largo, pero la altura se nota muchísimo y hace que cada paso cueste bastante más de lo esperado.
Cuando finalmente llegamos a la cima, la sensación fue increíble. Si el día está despejado, las vistas son espectaculares y se pueden llegar a distinguir varias de las islas del archipiélago. Nosotros tuvimos la suerte de disfrutar de unas vistas impresionantes de La Gomera, La Palma y El Hierro, e incluso en días de mucha visibilidad puede llegar a verse Gran Canaria.
Además, al acercarte al cráter se percibe claramente el olor a azufre y el calor que sale del terreno. Es una sensación bastante curiosa que hace que seas todavía más consciente de que estás sobre un volcán.
Aunque pueda parecer que por utilizar el teleférico no hace falta ir preparado, la realidad es que en la cima las condiciones son muy diferentes a las de la costa. Nosotros recomendamos llevar:
Si quieres hacer esta excursión, conviene organizarla con tiempo, ya que tanto el acceso al teleférico como el permiso para llegar a la cima están sujetos a disponibilidad.
Después de disfrutar de la cima del Teide bajamos tranquilamente y pusimos rumbo a La Orotava, uno de los pueblos que teníamos ganas de conocer en Tenerife.
Como nosotros ya habíamos recorrido anteriormente el Parque Nacional del Teide, aprovechamos la tarde para cambiar completamente de paisaje y dar un paseo por el centro histórico.
Sus calles, las casas tradicionales y los característicos balcones de madera nos parecieron el complemento perfecto después de pasar la mañana entre volcanes.
Fue una tarde mucho más tranquila, paseando sin prisas antes de regresar a nuestro alojamiento en Mesa del Mar.
Después de la intensidad de la subida al Teide, no podíamos haber terminado el día de mejor manera.
Después de la intensidad del día anterior con la subida al Teide, el día 14 de nuestra ruta por Canarias en 15 días lo dedicamos a algo mucho más sencillo: disfrutar de algunas de las playas de Tenerife y tomarnos el día con calma.
La primera parada fue Playa de Benijo, una de las playas más espectaculares de Tenerife. Situada en pleno Parque Rural de Anaga, destaca por su entorno salvaje, la arena oscura y las enormes rocas que aparecen frente a la costa.
Es una playa muy fotogénica, de esas en las que merece la pena simplemente pasear por la orilla y disfrutar del paisaje. Eso sí, el oleaje suele ser intenso, por lo que conviene tener precaución con el estado del mar.
Después regresamos a Playa de Las Teresitas, donde ya habíamos estado durante nuestro primer día en Tenerife. Esta vez veníamos con una idea mucho más clara: pasar unas horas tranquilos, darnos un baño y, sobre todo, comer bien frente al mar.
Es una playa mucho más cómoda que Benijo, con arena dorada y protegida del oleaje por la escollera, así que fue el lugar perfecto para pasar parte del día sin complicaciones.
Para terminar el día regresamos a nuestro alojamiento en Mesa del Mar y aquí llegó uno de esos momentos sencillos que terminan convirtiéndose en uno de los recuerdos del viaje.
Teníamos la playa prácticamente al lado y aprovechamos para relajarnos y disfrutar de un atardecer increíble con el Teide como telón de fondo.
Después de tantos días de coche, excursiones, senderos y miradores, fue el cierre perfecto para nuestra penúltima jornada. Sin grandes planes, sin prisas y simplemente disfrutando del lugar donde estábamos.
Llegó el último día de nuestra ruta por Canarias en 15 días y, como suele pasar cuando un viaje llega a su fin, tocaba bajar todavía más el ritmo.
No teníamos nada programado, así que aprovechamos las últimas horas para hacer unas compras de última hora, dar un paseo tranquilo y disfrutar un poco más de Tenerife antes de poner rumbo a casa. Después de comer algo ligero y comprobar que no nos dejábamos nada, recogimos nuestras cosas y nos dirigimos al aeropuerto con tiempo.

Y así terminaban 15 días recorriendo Tenerife, La Palma y La Gomera.
Ha sido un viaje muy completo, en el que hemos combinado rutas de senderismo, volcanes, miradores, pueblos, playas y muchos kilómetros de carretera. También hemos disfrutado de algo que para nosotros hizo que el viaje fuese todavía más especial, ir cambiando de isla y descubrir que cada una tiene una personalidad completamente diferente.
La Palma nos sorprendió con sus volcanes, sus bosques y sus paisajes. La Gomera nos conquistó con sus barrancos, miradores y el espectacular Parque Nacional de Garajonay. Y Tenerife fue el principio y el final de una ruta en la que pudimos descubrir algunos de sus rincones más conocidos y también otros menos turísticos.
Han sido quince días de ferrys, coches de alquiler, madrugones, caminatas, baños, miradores, comidas, atardeceres y muchos momentos que nos llevamos para siempre.
Y aunque terminamos el viaje con la sensación de haber aprovechado muchísimo el tiempo, también nos quedó claro que quedan muchos lugares por descubrir.
Si estás pensando en organizar un viaje por las Islas Canarias, espero que nuestra ruta día a día te sirva como inspiración para preparar la tuya y, sobre todo, para decidir cómo repartir el tiempo entre Tenerife, La Palma y La Gomera.
Nosotros volvimos a casa con la maleta llena de recuerdos y con una sensación muy clara, volveremos.
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