Organizar una ruta por China en 16 días puede parecer complicado al principio. El país es enorme, las distancias son grandes y hay tantos lugares interesantes que resulta difícil decidir qué incluir y, sobre todo, qué dejar fuera.
Después de mirar muchas agencias decidimos irnos con Flying Gaia, fue la ruta que más nos gustó. Lo bueno es que nos facilitaron toda la compra de billetes de tren, entradas, hoteles, traslados y visitas guiadas. Por nuestra cuenta decidimos ampliar estancia unos días más en Pekín y Shanghái, para tener algo más de tiempo.
El viaje completo duró 18 días contando los vuelos internacionales, aunque tuvimos 16 días efectivos en China.
En esta guía te cuento nuestra ruta por China en 16 días, qué hicimos cada día, cómo nos desplazamos entre ciudades, dónde nos alojamos y algunos consejos que me habría gustado conocer antes de viajar. Además, encontrarás enlaces a las guías completas de cada destino, donde explico con mucho más detalle qué ver y cómo organizar cada visita.
Después de pasar prácticamente todo el día anterior viajando, llegamos a Pekín la mañana del día 17. A pesar del cansancio del viaje, no quisimos perder tiempo y, después de llegar al hotel y dejar las maletas, comenzamos nuestra primera ruta por la capital china.
Aunque llevábamos buena parte del viaje organizado, desde antes de viajar estuve curioseando y preparando algunas visitas por mi cuenta. Quería aprovechar al máximo los días que teníamos en Pekín y, sobre todo, conocer algunos lugares que sabía que probablemente no visitaríamos con el resto del grupo.
También fui apuntando restaurantes y sitios donde comer en las diferentes ciudades de la ruta, algo que nos vino muy bien durante el viaje.
Para nuestro primer día decidimos alejarnos un poco de las visitas más habituales y comenzamos en el Templo Dongyue, uno de los templos taoístas que tenía apuntados.
Después nos acercamos hasta Galaxy SOHO, un enorme complejo de arquitectura futurista que contrasta bastante con la parte más tradicional de Pekín.
A continuación pusimos rumbo a Wangfujing, donde aprovechamos para hacer una parada para comer y continuar después nuestra ruta.
Por la tarde nos acercamos hasta Dashilan y Qianmen, dos zonas que tenía muchas ganas de conocer y que nos permitieron terminar el día paseando por una de las partes más tradicionales y animadas de Pekín.
Fue un primer día bastante completo y, además, una buena manera de empezar a descubrir la ciudad por nuestra cuenta, antes de continuar con el programa del viaje.
El segundo día tuvimos una jornada todavía más completa. Comenzamos visitando el Templo de Confucio y, después, el Templo del Lama, dos lugares que tenía apuntados desde casa.
A la hora de comer hicimos una de esas paradas que merece la pena mencionar: fuimos a Mr. Shi’s Dumplings, donde probamos sus famosos dumplings. La verdad es que nos gustaron mucho, así que es uno de los restaurantes que recomendaría si estás preparando una ruta por China y pasas por Pekín.
Después continuamos hacia la Torre de la Campana y la Torre del Tambor, antes de visitar la Mansión del Príncipe Gong.
La ruta continuó por el Parque Beihai, uno de los parques históricos de Pekín, y terminamos el día en la zona olímpica, donde pudimos ver algunos de los grandes iconos construidos para los Juegos Olímpicos de 2008.
Fue uno de esos días en los que acabas con la sensación de haber aprovechado cada hora.
Para el tercer día cambiamos bastante de ambiente y comenzamos visitando el Distrito 798, una antigua zona industrial reconvertida en uno de los espacios de arte contemporáneo más conocidos de Pekín.
Después hicimos una parada para comer unos noodles en Fang Zhuang Chang No. 69, antes de continuar nuestra ruta.
Por la tarde volvimos a la zona más tradicional de la ciudad para unirnos al grupo de Flying Gaia. Subimos a la Torre del Tambor y, desde allí, comenzamos a recorrer los alrededores de los lagos Qianhai y Houhai.
Esta última parte me gustó especialmente porque permite disfrutar de un Pekín diferente, alejándonos un poco de los grandes monumentos y simplemente paseando por la ciudad y descubriendo sus calles y lagos.
Después de tres días recorriendo Pekín bastante por nuestra cuenta, el cuarto día tocaba cambiar de formato y hacer una excursión guiada.
La primera visita fue el Palacio de Verano, uno de los lugares que teníamos incluidos en el viaje. Después nos llevaron a conocer cómo se producen las perlas en China. Esta fue una de esas paradas turísticas bastante habituales en los viajes organizados, donde te explican los diferentes tipos de perlas y, evidentemente, después tienes la posibilidad de comprar.
La verdad es que fueron muy amables y la explicación estuvo bien, pero en nuestro caso nadie terminó comprando nada. Además, no era la primera vez que me encontraba con algo parecido en un viaje organizado, así que ya sabía más o menos lo que nos esperaba.
Después tocaba una de las comidas más típicas del viaje, pato pekinés.
Por la tarde continuamos hasta el Templo del Cielo, al que llegamos acompañados por nuestra guía de Flying Gaia. Para llegar hasta allí utilizamos el metro, una buena forma de terminar la jornada y seguir viendo cómo funciona el transporte público de una ciudad tan enorme como Pekín.
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Tienes la guía completa de Pekín con todos los lugares que visitamos, cómo organizamos las rutas, dónde comimos y consejos para visitar la ciudad.
El quinto día llegó uno de los momentos que probablemente más ganas tenía de vivir durante esta ruta por China, visitar la Gran Muralla China.
En nuestro caso fuimos hasta la zona de Mutianyu en bus privado. Esta parte de la muralla está algo más alejada de Pekín, pero precisamente por eso es una de las zonas que se suelen elegir para intentar evitar las mayores aglomeraciones de otras áreas más cercanas a la capital.
Para subir decidimos utilizar el teleférico y, para bajar, elegimos el famoso tobogán. Y tengo que decir que fue una combinación bastante divertida, porque además de ahorrarnos la subida, la bajada en tobogán le da un punto diferente a la visita.
Después de la muralla comimos en un restaurante cercano que estaba concertado con el viaje y, una vez terminamos, volvimos hacia Pekín.
El bus nos dejó en Qianmen, a petición popular del grupo. Como ya habíamos estado allí durante nuestro primer día y nos había gustado bastante, aprovechamos para volver a disfrutar de esta zona de la ciudad con algo más de calma.
Y llegó nuestro último día en Pekín. Esta vez también teníamos visita guiada y comenzamos en uno de los lugares más emblemáticos de la capital, la Plaza de Tiananmen.
Desde allí entramos en la Ciudad Prohibida, una de las visitas imprescindibles de cualquier itinerario por China. Después subimos hasta la Colina del Carbón, desde donde se puede tener una perspectiva diferente de la Ciudad Prohibida y de buena parte de Pekín.
Durante la jornada también hicimos otra de esas paradas típicas de los viajes organizados. En esta ocasión nos explicaron diferentes aspectos relacionados con el té en China, desde sus variedades hasta su elaboración.
Después fuimos a comer y llegó el momento de recoger nuestras cosas y despedirnos de Pekín. Nuestra guía nos acompañó hasta la estación de tren y, algo que agradecimos mucho, se quedó con nosotros hasta que pasamos todos los controles.
A partir de aquí comenzaba una nueva etapa del viaje.
Tomamos el tren rumbo a Xi’an, donde llegamos ya por la noche. Como era bastante tarde, nuestra primera misión fue sencilla, cenar y dormir, porque al día siguiente tocaba descubrir una ciudad completamente diferente.
Nuestro primer y único día completo en Xi’an lo teníamos organizado con una excursión guiada. Comenzamos visitando una fábrica donde nos explicaron cómo se fabrican actualmente las reproducciones de los famosos Guerreros de Terracota, utilizando técnicas similares a las que se emplearon en su día.
Después llegó el momento de visitar los originales, los impresionantes Guerreros de Terracota de Xi’an. Sin duda, uno de esos lugares míticos que incluir en el itinerario por China.
Después de la visita nos llevaron a comer a un restaurante que estaba muy cerca. La comida, además de estar muy rica, nos salió bastante económica, así que fue una de esas paradas que agradeces cuando llevas un día de visitas.
Por la tarde ya teníamos tiempo libre para descubrir Xi’an por nuestra cuenta. Finalmente, decidimos aprovechar para recorrer la ciudad con el grupo y nuestro guía de Flying Gaia, descubriendo algunos de los lugares más interesantes del centro.
Fue una estancia corta en Xi’an, pero suficiente para conocer sus grandes imprescindibles antes de continuar nuestra ruta.
Después de nuestra breve estancia en Xi’an, tocaba continuar el viaje. Por la mañana dejamos la ciudad y tomamos el tren rumbo a Chongqing.
Una vez llegamos, dejamos las cosas en el hotel y prácticamente sin tiempo para descansar comenzamos a descubrir la ciudad. Esta vez teníamos la tarde por delante para conocer algunos de sus lugares más famosos.
La primera parada fue Shibati, una zona histórica de Chongqing formada por calles, escaleras y edificios tradicionales que contrastan muchísimo con la imagen de enormes rascacielos que suele asociarse a la ciudad.
Desde allí continuamos hasta Jiefangbei, una de las zonas más animadas del centro, donde aprovechamos también para cenar.
Y después llegó uno de los momentos que tenía más ganas de ver, Hongya Cave iluminada por la noche.
Si has visto fotografías de Chongqing, seguramente hayas visto este lugar. Cuando cae la noche, los edificios se iluminan y el conjunto adquiere ese aspecto tan espectacular que parece casi sacado de una película.
Además, es probablemente uno de los puntos más fotogénicos de Chongqing, así que aprovechamos para hacer unas cuantas fotos antes de terminar nuestra primera toma de contacto con la ciudad.
El noveno día teníamos todo el día para seguir descubriendo Chongqing. Comenzamos visitando Dàtáng Plaza y después nos acercamos hasta el Templo Luohan, dos lugares bastante diferentes que nos permitieron conocer otra cara de la ciudad.
A continuación cogimos el metro para dirigirnos hasta Liziba, uno de los lugares más curiosos de Chongqing. Allí pudimos ver en directo cómo la línea de metro atraviesa literalmente un edificio residencial.
Después regresamos a Jiefangbei para comer y, una vez terminamos, tuvimos la tarde libre para hacer cada uno lo que quisiera.
Nosotros decidimos aprovecharla para ver Chongqing desde las alturas.
Primero fuimos hasta Cloud Eye, uno de los miradores que más me gustó de la ciudad. Y después nos acercamos hasta el complejo de Raffles City, donde subimos a su mirador y recorrimos el Skywalk. La experiencia fue increíble y, sin duda, es algo que recomendaría incluir si tienes tiempo durante un viaje a Chongqing.
Ese día, además, era sábado y teníamos previsto disfrutar del famoso show de drones de Chongqing. Por desgracia, tuvimos mala suerte y el espectáculo fue suspendido.
Como alternativa, desde Flying Gaia nos propusieron hacer un paseo en barco para ver cómo la ciudad iba encendiéndose al caer la noche. Y la verdad es que fue una alternativa fantástica.
Ver todos aquellos rascacielos iluminándose poco a poco desde el río fue una de esas experiencias que difícilmente se olvidan.
Después del paseo cenamos y regresamos al hotel, dando por terminado nuestro segundo día en Chongqing.
Después de disfrutar de Chongqing tocaba continuar nuestra ruta por China. Dejamos la ciudad y tomamos un tren rumbo a Fenghuang, con los traslados ya organizados hasta nuestro alojamiento.
Fenghuang era una de las paradas que más ganas tenía de conocer y, además, llegábamos a una de las zonas que más disfruté de todo el viaje.
Una vez en el hotel nos esperaba una pequeña sorpresa, un paseo en barco por el río Tuojiang. Fue perfecto para tener un primer contacto con la ciudad y empezar a descubrirla desde el agua.
Después del paseo fuimos a comer y, ya por la tarde, salimos a recorrer Fenghuang con el grupo y nuestro guía.
Poco a poco comenzó a caer la noche y pudimos ver cómo las luces iban encendiéndose por toda la ciudad, cambiando completamente el ambiente. Fue nuestro primer contacto con Fenghuang de noche y, sinceramente, creo que ahí entendí por qué tenía tantas ganas de llegar hasta aquí.
El día siguiente lo dedicamos a conocer Fenghuang de día, y el cambio respecto a la noche anterior fue enorme.
Comenzamos en la Plaza del Fénix, desde donde fuimos recorriendo las calles de la ciudad hasta volver a encontrarnos con el río Tuojiang.
Si por la noche Fenghuang es bullicio, luces y muchísima gente, durante el día la sensación es completamente diferente. El río estaba tranquilo, las calles tenían otro ritmo y pudimos disfrutar del pueblo con mucha más calma.
Fue una despedida perfecta antes de continuar nuestra ruta.
Después dejamos Fenghuang y nos trasladamos en bus hasta Furong, donde llegamos a primera hora de la tarde.
Tras dejar las cosas, fuimos a comer y comenzamos a recorrer Furong Ancient Town. Aunque es un pueblo más pequeño que Fenghuang, tiene un gran protagonista, su espectacular cascada, que atraviesa literalmente la zona histórica.
En nuestro caso aprovechamos la tarde y también la noche para descubrir el pueblo, incluyendo el recorrido que permite pasar por debajo de la cascada.
En el post de Furong te cuento el recorrido completo que hicimos por el pueblo, dónde vimos la cascada y cómo fue nuestra experiencia.
Después de dormir en Furong tocaba madrugar, recoger nuestras cosas y continuar hasta uno de los lugares que más ganas tenía de conocer, la montaña de Tianmen.
Para subir a la montaña elegimos la ruta C, una de las diferentes opciones disponibles para organizar la visita. En el artículo específico de Tianmen explico con detalle cómo funcionan las diferentes rutas y cuál elegimos nosotros.
La primera parte nos llevó hasta la famosa Puerta del Cielo, aunque tuvimos bastante mala suerte con el tiempo, estaba muy nublado y apenas se podía apreciar el paisaje.
Pero la visita no terminaba allí. Después de superar las escaleras y continuar por la parte alta de la montaña, recorrimos algunos de sus senderos y pasarelas.
Y aquí tuvimos una de esas pequeñas sorpresas que hacen que un viaje sea todavía mejor. Cuando llegó el momento de bajar, el cielo comenzó a despejarse y pudimos ver por fin la Puerta del Cielo y las impresionantes vistas que no habíamos podido disfrutar durante la subida.
Fue casi como tener dos visitas diferentes a Tianmen en el mismo día.
Después de bajar de la montaña continuamos hasta nuestro nuevo alojamiento en Wulingyuan, desde donde al día siguiente nos esperaba otra de las grandes visitas de esta ruta por China, el Parque Nacional de Zhangjiajie.
Después de dormir en Wulingyuan, llegó otro de los grandes días de nuestra ruta por China en 16 días, visitar el Parque Nacional de Zhangjiajie.
El parque es enorme y, si vas por tu cuenta, una de las principales dificultades es saber cómo desplazarte entre las diferentes zonas. En nuestro caso, llevar a Flying Gaia fue especialmente útil, ya que ellos conocían perfectamente los autobuses y las combinaciones que había que utilizar para movernos de un punto a otro.
Gracias a ello pudimos aprovechar bastante bien el día y recorrer diferentes zonas del parque sin perder demasiado tiempo con los desplazamientos.
Fue una jornada intensa, pero también una de las que más disfruté de todo el viaje. Los paisajes de Zhangjiajie son completamente diferentes a cualquier otra cosa que habíamos visto durante el viaje.
Como aquí hay muchísimo que contar, no voy a extenderme demasiado en este artículo.
En la guía del Parque Nacional de Zhangjiajie te cuento todo el recorrido que hicimos, cómo nos desplazamos por el parque y qué zonas visitamos durante nuestra jornada.
Después de visitar Zhangjiajie tocaba cambiar completamente de escenario y poner rumbo a la última etapa del viaje, Shanghái.
Nuestro vuelo salía desde el aeropuerto de Zhangjiajie, pero antes de marcharnos todavía tuvimos algo de tiempo para dar una última vuelta por Wulingyuan.
Después nos trasladamos al aeropuerto y tomamos el avión rumbo a Shanghái.
Llegamos por la tarde-noche y, tras dejar las cosas en el hotel, todavía tuvimos tiempo para salir a cenar y hacer nuestro primer contacto con Shanghái.
Y no podíamos empezar de otra manera que acercándonos hasta The Bund para contemplar por primera vez el espectacular skyline de la ciudad.

Después de tantos días recorriendo templos, pueblos históricos y paisajes naturales, encontrarnos de repente frente a los rascacielos iluminados de Shanghái fue un cambio de escenario brutal.
Y aunque solo fue un primer contacto, ya nos dejó claro que los dos días siguientes iban a ser intensos.
Nuestro primer día completo en Shanghái lo comenzamos acompañados por el grupo y nuestros guías. Salimos andando desde el hotel rumbo a Yuyuan Garden, uno de los lugares históricos más conocidos de la ciudad.
Después visitamos el Templo Jing’an y paramos a comer antes de continuar hasta Nanjing Road, una de las calles comerciales más famosas de Shanghái.
Una vez allí nos dispersamos un poco y nosotros decidimos aprovechar para hacer una de esas visitas que tenía apuntadas desde antes del viaje, subir a la Shanghai Tower.
Las vistas desde arriba fueron increíbles. Después nos reunimos de nuevo con el resto del grupo en la Perla de Oriente, justo a tiempo para ver cómo Shanghái comenzaba a iluminarse al caer la noche.
Terminamos cenando todos juntos en los alrededores y, con ello, llegó nuestra última noche con el grupo.
A partir del día siguiente tocaba volver a viajar completamente por nuestra cuenta.
Y llegamos al último día efectivo de nuestra ruta por China.
Como ya habíamos hecho durante los primeros días en Pekín, esta jornada decidimos organizarla completamente por nuestra cuenta para aprovechar las últimas horas del viaje.
Comenzamos visitando el Templo Longhua y después nos dirigimos hasta la French Concession, una de las zonas de Shanghái que más me gustó y que creo que merece mucho la pena incluir en cualquier itinerario por la ciudad.
Desde allí continuamos hasta People’s Square, donde aprovechamos para comer y curiosear por el famoso mercado matrimonial.
Después nos acercamos hasta el barco de Louis Vuitton, donde entramos para conocerlo por dentro, y continuamos hacia North Bund.
Allí subimos hasta The Stage, desde donde pudimos disfrutar de unas vistas espectaculares de Shanghái. Creo que no podíamos haber elegido un lugar mejor para despedirnos de la ciudad y, en realidad, de todo el viaje.
Después regresamos a nuestra zona, cenamos y volvimos al hotel.
Habían sido 16 días muy intensos, recorriendo una pequeña parte de un país enorme, pero con la sensación de haber aprovechado muchísimo el tiempo.
Al día siguiente ya no quedaba más que recoger las maletas y dirigirnos al aeropuerto para tomar el vuelo de regreso a Madrid.
Después de haber recorrido China durante 16 días, la pregunta es inevitable, ¿qué cambiaría de esta ruta por China?
La respuesta corta es, prácticamente nada.
Si volviera a hacer el mismo viaje con los mismos días, repetiría la ruta tal y como la hicimos. Fue un itinerario bastante ajustado, sí, pero precisamente por eso conseguimos visitar muchísimos lugares y, además, el recorrido estaba muy bien planteado a nivel de logística. Los desplazamientos tenían bastante sentido y no tuvimos la sensación de estar haciendo kilómetros sin parar para volver después sobre nuestros pasos.
Eso sí, si tuviera más días, empezaría a añadir cosas.
Zhangjiajie sería una de las primeras. Me gustaría volver para visitar la zona del Gran Cañón de Zhangjiajie, donde está el famoso puente de cristal, ya que no tuvimos tiempo de incluirla en nuestro recorrido.
También repetiría Chongqing, porque nos quedaron lugares por conocer y, sobre todo, me habría gustado tener algo más de tiempo simplemente para disfrutar de la ciudad sin ir siempre pendientes de la siguiente visita.
Tianmen también podría entrar en esa lista. Nos gustó muchísimo, pero nos quedó parte de la montaña por recorrer. Eso sí, solo volvería si tuviera suficientes días; no sacrificaría otro destino por añadir una visita más a Tianmen.
Y probablemente dedicaría más tiempo a Shanghái. La ciudad me gustó mucho y creo que todavía nos quedaron bastantes lugares por descubrir. Además, me gustaría aprovechar para conocer alguno de los famosos pueblos de agua de los alrededores de Shanghái, como Zhujiajiao.
Fenghuang también lo repetiría sin ningún problema. Es uno de esos lugares que disfruté especialmente y al que no me importaría volver si encajara bien dentro de una nueva ruta.
En cuanto a Xi’an y Furong, también volvería, aunque en este caso más por una cuestión logística. Formaban parte de un recorrido muy bien encajado y me parece que ambos merecen la pena, pero si tuviera que elegir cómo emplear días adicionales en un segundo viaje, probablemente los dedicaría a conocer zonas completamente nuevas.
Porque, al final, China es enorme y todavía me quedan muchísimos lugares por descubrir. Guilin es uno de los que tengo especialmente en mente, pero hay muchos más.
Creo que esta ruta por China en 16 días funciona muy bien si quieres conocer una buena variedad del país sin disponer de varias semanas. No cambiaría el recorrido que hicimos, porque estaba muy bien equilibrado y conseguimos aprovechar muchísimo cada jornada.
Pero precisamente después de haberlo hecho, tengo claro que volvería a China para seguir descubriendo el país, no para repetir exactamente el mismo viaje.
Y eso creo que es lo mejor que me podía dejar esta ruta, haber visto muchísimo y, al mismo tiempo, haberme quedado con ganas de volver.
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