En esta guía te cuento qué ver en Pekín en 5 o 6 días, cómo organizar cada jornada, consejos para ahorrar tiempo y todo lo que considero imprescindible para aprovechar al máximo la visita a una de las ciudades más fascinantes de Asia.
Pekín fue la primera parada de mi viaje por China y una ciudad que me sorprendió muchísimo. Es un destino donde conviven algunos de los monumentos más importantes del país, como la Ciudad Prohibida, el Templo del Cielo o la Gran Muralla China. Una ciudad donde conviven enormes avenidas y modernos rascacielos, junto con una vida cotidiana muy diferente a la que estamos acostumbrados en Europa.
Aunque yo pasé un total de seis días en Pekín, el último fue prácticamente de traslado hacia el siguiente destino del viaje, por lo que este itinerario también te servirá perfectamente si dispones de cinco días para visitar la capital china.
🧭 Índice de la guía
➭ ✈️ Cómo llegar del aeropuerto al centro de Pekín➭ 📅 Día 1. Qué ver en Pekín: templos, arquitectura moderna y la China más tradicional➭ 📅 Día 2. Templos, jardines imperiales y la zona olímpica de Pekín➭ 📅 Día 3. Arte contemporáneo, gastronomía y los lagos de Pekín➭ 📅 Día 4. Palacio de Verano, pato pekinés y el Templo del Cielo➭ 📅 Día 5. La Gran Muralla China ➭ 📅 Día 6. Plaza de Tiananmén, Ciudad Prohibida y despedida de Pekín ➭ 🗺️ Mapa de qué ver en Pekín ➭ 🏨 Dónde alojarse en Pekín, mis dos recomendacionesEste viaje formó parte de una ruta por varias ciudades del país. Después de Pekín continué por Xi’an, Chongqing, Fenghuang, Furong, Zhangjiajie y Shanghái. Poco a poco iré publicando las guías de cada destino y las iré enlazando aquí.
💡 Consejo: si es tu primer viaje a China, reserva un día completo para visitar la Gran Muralla. Entre el desplazamiento, la visita y el regreso a Pekín, prácticamente ocupará toda la jornada, por lo que es importante tenerlo en cuenta al planificar el itinerario.
En las dos ocasiones que he viajado a Pekín opté por un traslado privado hasta el hotel, y después de un vuelo tan largo me pareció, sin duda, la opción más cómoda.
Nuestro vuelo aterrizó sobre las 6:00 de la mañana y, tras pasar el control de pasaportes y recoger el equipaje, ya nos estaba esperando el conductor en la terminal. En pocos minutos estábamos de camino al hotel, sin preocuparnos por buscar transporte, cambiar dinero o intentar orientarnos nada más llegar a China.
Aunque existen otras alternativas como el Airport Express, el metro o el taxi, personalmente creo que un traslado privado merece mucho la pena, especialmente si es tu primer viaje al país o llegas después de un vuelo de más de diez horas.
Además si viajas en grupo o sois varias personas, el precio del traslado se reparte y la diferencia respecto a otras opciones no suele ser tan grande. Además, empezar el viaje sin complicaciones siempre es un buen punto a favor.
Como nuestro vuelo aterrizó muy temprano, dejamos las maletas en el hotel y salimos directamente a recorrer Pekín. La idea inicial era hacer otra ruta, pero antes necesitábamos desayunar y comprar una batería externa para el móvil.
Puede parecer una tontería, pero en un viaje por China el teléfono se convierte en tu mejor aliado. Lo utilizarás para pagar, pedir un Didi, consultar mapas o traducir textos, así que una batería portátil acaba siendo casi imprescindible. Según la normativa china no dejan entrar baterías que no sean CCC y si no tienes esa directamente te la retiraran y te dejaran sin ella.
Las tiendas no abren especialmente pronto y, mientras buscábamos un Miniso donde comprarla, nos fuimos alejando bastante de la ruta prevista para ese día. Como ya estábamos en otra zona de la ciudad, decidí cambiar completamente los planes y hacer el itinerario que tenía preparado para el segundo día.
La primera parada fue el Templo Dongyue, uno de los templos taoístas más importantes de Pekín y, al mismo tiempo, uno de los menos conocidos por los turistas.
La entrada la compramos allí mismo pagando con Alipay, sin ningún tipo de problema.
Al no ser un lugar especialmente turístico pudimos recorrerlo con mucha tranquilidad, algo que agradecimos después del largo vuelo. Eso sí, durante nuestra visita algunas zonas estaban en obras, por lo que no pudimos verlo completamente.
Aun así, me pareció una forma perfecta de empezar el viaje, un primer contacto con la cultura china antes de adentrarnos en las zonas más concurridas de la ciudad.
Desde el templo fuimos caminando hasta Galaxy SOHO y el contraste no podía ser mayor.
En apenas unos minutos pasamos de un templo tradicional con siglos de historia a uno de los edificios más futuristas de Pekín, diseñado por la arquitecta Zaha Hadid. Sus formas curvas y blancas hacen que parezca sacado de una película de ciencia ficción.
Si te gusta la arquitectura contemporánea, creo que merece mucho la pena acercarse hasta aquí. Eso sí, el interior me decepcionó un poco, ya que encontré bastantes locales cerrados y apenas había ambiente. Más que un lugar para ir de compras, lo recomendaría como una parada para disfrutar de su espectacular diseño y hacer algunas fotografías.
Desde aquí cogimos nuestro primer Didi del viaje, toda una experiencia que contaré con más detalle en un artículo específico sobre cómo moverse por China.
La verdad es que el funcionamiento me sorprendió por lo sencillo que resulta una vez lo tienes configurado y sobre todo por lo económico que sale. Fue además una de nuestras primeras opciones a la hora de movernos por Pekín.

La siguiente parada fue Wangfujing, una de las calles comerciales más famosas de Pekín.
Aquí encontrarás grandes centros comerciales, tiendas internacionales y muchas opciones para comer.
Nosotros aprovechamos para hacer algunas compras y probar por primera vez un hot pot en el restaurante Dong Lai Shun, una experiencia que recomiendo totalmente si quieres empezar a descubrir la gastronomía china.
Eso sí, si visitas Pekín en verano, prepárate para el calor. Es una avenida muy abierta y recuerdo que el sol pegaba con fuerza durante buena parte del recorrido.

Para volver a cambiar de barrio decidimos pedir un Didi para dirigirnos hacia Dashilan y continuar caminando hasta Qianmen.
Para mí fue, sin ninguna duda, la mejor visita del día.
Aunque la zona recibe muchísimos visitantes, todavía conserva ese ambiente tradicional que imaginaba antes de viajar a China. Sus calles están llenas de tiendas, restaurantes y edificios históricos, e incluso circula un pequeño tranvía turístico que le da todavía más encanto.
Muy cerca se encuentra también la antigua puerta de entrada a la ciudad, situada junto a la Plaza de Tiananmén.
Si tienes tiempo, mi consejo es que no te quedes solo en la avenida principal. Entra por los hutongs y recorre las calles secundarias. Allí descubrirás una cara mucho más auténtica de Pekín: motos pasando a tu lado, pequeños comercios familiares y tiendas donde el regateo sigue formando parte del día a día. Basta con detenerse unos segundos delante de un escaparate para que algún vendedor intente convencerte de comprar algo.
Después de una jornada bastante intensa, volvimos al hotel en Didi y aprovechamos para cenar por la zona antes de descansar.
Aunque fue un día largo, creo que nos vino perfecto para combatir el jet lag y empezar a adaptarnos al horario chino. Además, combinó lugares muy diferentes entre sí, desde templos tradicionales hasta arquitectura futurista y algunos de los barrios con más personalidad de la ciudad.
Si estás organizando qué ver en Pekín en 5 o 6 días, me parece un itinerario perfecto para el primer día. Es una ruta tranquila, ideal para recuperarse del viaje, pero al mismo tiempo permite descubrir una cara muy variada de la capital china antes de visitar sus grandes imprescindibles en los días siguientes.
Restaurante recomendado: Dong Lai Shun
No te vayas sin probar: Ideal para comer un hot pot.
Lo que más me sorprendió: Pasear al atardecer por Dashilan y Qianmen. Fue el momento en el que realmente sentí que había llegado a China.
Consejo del día: No intentes hacer una ruta demasiado exigente después del vuelo. Caminar durante todo el día es la mejor forma de combatir el jet lag sin terminar agotado.
La foto que no puede faltar: La antigua puerta de Qianmen al fondo de la avenida tradicional.

Una de las ventajas de este segundo día fue que el desayuno ya estaba incluido en el hotel, así que pudimos empezar la jornada con calma.
Una curiosidad que me llamó mucho la atención es que en China el desayuno es muy diferente al que estamos acostumbrados. Lo habitual es encontrar fideos, dumplings, arroz o diferentes platos calientes. En el buffet del hotel también había tostadas y algún croissant, pero la mayoría de la gente desayunaba comida salada.
Con energía para afrontar el día, pedimos un Didi hasta nuestra primera parada.
El Templo de Confucio fue nuestra primera visita del día.
Compramos las entradas directamente en la taquilla y recorrimos el recinto tranquilamente en unos treinta minutos.
Es un templo muy agradable para pasear, con varios patios y edificios tradicionales que transmiten mucha tranquilidad. Sin embargo, durante nuestra visita algunas zonas estaban en obras. Me dio bastante pena porque uno de los lugares que más ganas tenía de fotografiar era el pequeño pabellón rodeado por un estanque, pero estaba completamente cubierto por andamios.
Aun así, creo que merece la pena incluirlo en la ruta, especialmente porque está muy cerca de la siguiente visita.

Apenas unos minutos andando separan el Templo de Confucio del Templo del Lama, una de las visitas que más me sorprendieron durante todo el viaje.
Nada más entrar llama la atención la enorme cantidad de personas rezando mientras sostienen grandes manojos de incienso. Lo que más me gustó fue descubrir que el propio templo reparte gratuitamente el incienso para que cualquier visitante pueda participar en el ritual.
Nosotros también nos animamos. Simplemente observamos cómo lo hacían los locales y repetimos el mismo proceso. Fue una experiencia muy curiosa y una bonita forma de integrarnos, aunque solo fuera por unos minutos, en una tradición tan diferente a la nuestra.
Recorrer el templo lleva aproximadamente una hora y, conforme avanzas por los distintos pabellones, los budas son cada vez más impresionantes, hasta llegar al enorme Buda de madera que preside el último edificio.
Había bastante gente y el olor del incienso era muy intenso durante toda la visita, algo a tener en cuenta si eres sensible a este tipo de aromas. Aun así, para mí fue uno de los lugares imprescindibles de Pekín.
Después de visitar ambos templos aprovechamos para pasear por Guozijian Street y Wudaoying Hutong, dos calles muy agradables llenas de pequeñas tiendas, cafeterías y restaurantes.
Nos sentamos un rato a tomar algo y reponer fuerzas antes de continuar con la ruta.
Antes de seguir hacia la siguiente visita hicimos una parada para comer en Mr. Shi’s Dumplings, uno de los restaurantes que más disfrutamos durante nuestra estancia en Pekín.
Probamos diferentes tipos de dumplings, tanto al vapor como fritos, y fueron, sin duda, de los mejores que comimos en todo el viaje. No te recomiendo ninguno porque todos estaban buenos, lo que sí te recomiendo es pedir fritos porque es algo menos común.
En el mapa que encontrarás al final del artículo he marcado este restaurante junto con todos los lugares que recorrimos durante estos seis días por Pekín.

Tras la comida nos acercamos hasta las Torres de la Campana y del Tambor.
En esta ocasión decidimos no entrar porque ya teníamos previsto visitarlas otro día con más tiempo, así que simplemente las contemplamos desde el exterior antes de continuar la ruta.
Por cierto, algo curioso de ver en la plaza que separa las torres, es la gente jugando al jianzi. Dan toques a una especie de bola sin que toque el suelo, es curioso de ver, incluso te invitan a jugar con ellos, eso sí luego te intentarán vender una bola.
La siguiente parada fue la Mansión del Príncipe Gong, uno de los complejos residenciales mejor conservados de la dinastía Qing.
Aquí sí nos pidieron el pasaporte antes de comprar la entrada. Consejo: lleva siempre el pasaporte contigo. En muchos monumentos y atracciones turísticas de China pueden solicitarlo para verificar la reserva o comprar la entrada.
La visita nos llevó unos cuarenta y cinco minutos. Sus jardines, pabellones y patios ofrecen una idea muy clara de cómo vivía la nobleza china hace siglos. La verdad que había bastante gente puesto que es un punto bastante visitado por los chinos.
Desde la mansión continuamos hasta el cercano Parque Beihai, uno de los parques imperiales más bonitos que ver en Pekín.
Para acceder hay que pagar una pequeña entrada y, como ocurre con muchos parques chinos, sus dimensiones son enormes.
Nosotros recorrimos tranquilamente la orilla del lago hasta llegar a la isla central, coronada por la icónica Pagoda Blanca. Subimos hasta la cima para disfrutar de las vistas y después rodeamos toda la isla caminando por los bonitos corredores cubiertos que bordean el agua.
Solo esta visita nos ocupó aproximadamente una hora.

Para terminar el día decidimos coger un Didi hasta la zona olímpica.
Creo que fue un auténtico acierto visitarla al caer la tarde.
Comenzamos el paseo junto al espectacular Estadio Nacional, conocido como el Nido, y fuimos recorriendo toda la gran avenida peatonal hasta llegar a la Torre Olímpica de Pekín.
Sobre el mapa parece un paseo corto, pero la distancia es mucho mayor de lo que parece.
Lo mejor no fueron solo los edificios, sino el ambiente. Había muchísima gente paseando, bailando, cantando o simplemente disfrutando del buen tiempo. Es una zona donde los pekineses hacen mucha vida cuando cae el sol.
Además, tanto el Nido como el Cubo de Agua adquieren una iluminación espectacular al anochecer, convirtiéndose en uno de los rincones más fotogénicos de la ciudad.
Para terminar el día cenamos en uno de los puestos callejeros instalados junto al paseo. Fue una cena sencilla, muy rica y sorprendentemente económica. Una de las cosas que más me llamó la atención durante el viaje es que, en general, comer en China resulta bastante barato.
Después solo nos quedaba pedir un último Didi para regresar al hotel y descansar antes de afrontar una nueva jornada de ruta por Pekín.

Restaurante recomendado: Mr. Shi’s Dumplings
No te vayas sin probar: Los dumplings al vapor y los fritos.
Lo que más me sorprendió: Participar en el ritual del incienso en el Templo del Lama junto a los propios chinos.
Consejo del día: Lleva siempre el pasaporte contigo. En muchos monumentos pueden pedírtelo para acceder o comprar la entrada.
La foto que no puede faltar: El gran Buda del último pabellón del Templo del Lamai.

Después de desayunar en el hotel pedimos un Didi hasta nuestra primera parada del día, el Distrito Artístico 798.
Si después de visitar templos y monumentos históricos te apetece descubrir una cara completamente diferente de Pekín, creo que este barrio merece una visita.
El Art 798 ocupa una antigua zona industrial que con el paso de los años se ha transformado en uno de los centros de arte contemporáneo más importantes de China.
Nada más llegar comenzamos a pasear entre sus calles, llenas de esculturas, murales y galerías de arte. Poco a poco fuimos acercándonos hasta la plaza principal, donde llaman especialmente la atención varios antiguos trenes industriales que hoy funcionan como cafeterías y restaurantes.
Entramos en varias galerías y, aunque no seas un gran aficionado al arte, siempre encuentras alguna instalación curiosa que merece la pena fotografiar.
Uno de los momentos más divertidos fue entrar en un espacio de realidad virtual donde nos colocaron unas gafas inmersivas. La experiencia fue sorprendentemente buena y durante unos minutos nos metimos dentro de un videojuego.
Fue una forma diferente de empezar el día.
Después de recorrer el barrio artístico pedimos otro Didi para regresar hacia el centro de Pekín. A la hora de comer descubrimos uno de los restaurantes que más recuerdo de todo el viaje, Fang Zhuang Chang No. 69.
Solo sirven noodles, pero sinceramente fueron los mejores que probé durante todo el viaje por China.
El funcionamiento del restaurante también me llamó la atención. Las mesas son compartidas, la gente llega, come y se marcha. No existe la típica sobremesa que tenemos en España, así que aunque haya cola normalmente avanza muy deprisa. No hace falta ni pedir, llegas y te sirven el plato.
Si pasas por esta zona, creo que merece totalmente la pena hacer una parada.

Después de comer regresamos a la Torre del Tambor, ya que el día anterior únicamente la habíamos visto desde el exterior.
Esta vez sí entramos y tuvimos la suerte de coincidir con una de las exhibiciones en las que varios músicos interpretan antiguos toques ceremoniales utilizando los enormes tambores tradicionales.
Me pareció una visita muy recomendable porque permite entender mejor la función que tenían estas torres para marcar el ritmo de la ciudad antes de la llegada de los relojes modernos. Además puedes ver un poco las vistas de Pekín, eso sí te advierto que la subida a la torre es bastante empinada.
Para terminar la tarde dimos un agradable paseo alrededor de los lagos Qianhai y Houhai, una de las zonas con más ambiente de Pekín.
Las orillas están llenas de terrazas, cafeterías y pequeños comercios, mientras que sobre el agua navegan algunas embarcaciones tradicionales que aportan todavía más encanto al lugar. De las cosas que más te llamará la atención es la gente con los vestidos tradicionales haciéndose fotos.
Después de varios días recorriendo templos y monumentos, fue un paseo mucho más relajado que nos permitió disfrutar del ambiente cotidiano de la ciudad. Es un lugar perfecto para ver una puesta de sol en Pekín.
Después del paseo regresamos en Didi hasta el hotel y aprovechamos para cenar por los alrededores antes de descansar.
Si estás organizando qué ver en Pekín en 5 o 6 días, este itinerario es perfecto para combinar lugares muy diferentes entre sí. Por un lado descubrirás la cara más moderna y artística de la ciudad y, por otro, terminarás el día paseando por una de las zonas con más encanto de la capital china.
🍜 Restaurante recomendado: Fang Zhuang Chang No. 69 ⭐⭐⭐⭐⭐
🥢 No te vayas sin probar: Sus noodles tradicionales.
❤️ Lo que más me sorprendió: Ver iluminarse el Nido y el Cubo de Agua al caer la noche mientras los pekineses bailaban y disfrutaban del paseo.
💡 Consejo del día: Aunque veas cola en algunos restaurantes tradicionales, no te preocupes. En China la gente suele comer y marcharse enseguida, así que normalmente avanzan muy rápido.
📸 La foto que no puede faltar: En el distrito de Art 798 tienes un montón de escenarios para fotografiar.

Este cuarto día comenzó con una excursión organizada que nos llevó directamente hasta uno de los lugares más impresionantes de Pekín, el Palacio de Verano.
La entrada ya la teníamos incluida, por lo que pudimos acceder directamente al recinto.
No era la primera vez que visitaba el Palacio de Verano, pero esta vez pude hacer algo que tenía pendiente: subir hasta el templo situado en la parte más alta de la colina. Para acceder hay que pagar una entrada adicional, pero personalmente creo que merece mucho la pena. Siempre que puedo me gusta subir a los puntos más altos para disfrutar de las vistas y descubrir rincones diferentes.
No lo parece pero es enorme. De hecho, por muchas veces que lo visites siempre da la sensación de que solo recorres una pequeña parte de todo el complejo. Si decides visitarlo por libre, perfectamente podrías dedicarle casi una jornada completa entre jardines, pabellones, templos y el inmenso lago Kunming.

El Palacio de Verano fue la residencia de verano de los emperadores de la dinastía Qing, que se trasladaban aquí para escapar del intenso calor del centro de Pekín. Más que un palacio, se trata de un enorme complejo formado por jardines, templos, pabellones y el inmenso lago Kunming, diseñado para integrarse con la naturaleza y ofrecer un lugar de descanso a la familia imperial.
Aunque gran parte del recinto fue destruido durante la Segunda Guerra del Opio en 1860, años después fue reconstruido por orden de la emperatriz Cixi, una de las figuras más influyentes de la historia de China. De hecho, se dice que utilizó fondos destinados a la modernización de la armada para restaurar este espectacular palacio.
Una de las construcciones más famosas del Palacio de Verano es el Barco de Mármol, mandado construir por la emperatriz Cixi. Aunque parece un barco preparado para navegar, en realidad es completamente fijo y se convirtió en un símbolo del lujo de la corte imperial.
Al terminar la visita regresamos a Wangfujing, donde teníamos reservado uno de los restaurantes más famosos de la ciudad para probar el auténtico pato pekinés.
Elegimos Quanjude, una cadena histórica con varios restaurantes repartidos por Pekín y considerada uno de los mejores lugares para disfrutar de este plato tradicional.
Solo ver cómo el cocinero corta el pato delante de la mesa ya forma parte del espectáculo.
Después lo sirven acompañado de verduras, salsa y unas finísimas tortitas para que cada uno prepare su propio rollito.
La carne estaba increíblemente tierna y, al estar cortada en láminas muy finas, cada bocado resultaba delicioso.
Si quieres probar el pato pekinés durante tu viaje, creo que es una apuesta segura tanto por la calidad de la comida como por toda la experiencia.

Después de comer decidimos utilizar por primera vez el metro de Pekín para desplazarnos hasta el siguiente punto del día.
El funcionamiento es muy sencillo y el precio resulta realmente económico, aunque te lo explicaré con detalle en el artículo que prepararé sobre cómo moverse por China.
Nada más salir de la estación de metro caía un auténtico diluvio.
Antes incluso de abandonar la estación, los propios empleados repartían chubasqueros impermeables a los viajeros. Un detalle que nos vino de maravilla, porque acabamos utilizándolos varias veces durante el resto del viaje.
Decidimos esperar unos minutos bajo techo hasta que la lluvia aflojó y, en cuanto vimos que era posible caminar, retomamos la ruta.
Por fin llegamos al Templo del Cielo, otro de los grandes imprescindibles que ver en Pekín.
El recinto está rodeado por un enorme parque donde los propios pekineses salen a pasear, hacer ejercicio o simplemente relajarse. A pesar de la lluvia había bastante ambiente.
El Templo del Cielo fue construido a principios del siglo XV por orden del emperador Yongle, el mismo que mandó construir la Ciudad Prohibida. Durante siglos fue uno de los lugares más sagrados del Imperio chino, ya que aquí los emperadores acudían dos veces al año para realizar ceremonias y ofrecer sacrificios al Cielo con el objetivo de pedir buenas cosechas y agradecer las obtenidas.
En la antigua China se creía que el emperador era el «Hijo del Cielo», el único intermediario entre los dioses y el pueblo. Por eso estos rituales eran tan importantes: de ellos dependía, según sus creencias, la prosperidad del imperio y el bienestar de sus habitantes.
Nada más salir del edificio principal seguimos el recorrido hasta la Bóveda Imperial del Cielo, un pequeño templo circular donde antiguamente se guardaban las tablillas ceremoniales utilizadas durante las ceremonias imperiales.
Desde aquí continuamos caminando hasta el Altar Circular, probablemente uno de los lugares más simbólicos de todo el complejo.
Este altar de mármol blanco era el lugar donde el emperador celebraba las ceremonias más importantes del año para pedir prosperidad y buenas cosechas. Toda su construcción está llena de simbolismo: las plataformas son completamente circulares, representando el cielo, y muchos de sus elementos están organizados en múltiplos de nueve, considerado el número del emperador.
Lo curioso es que hoy en día sigue conservando parte de ese carácter espiritual. Durante nuestra visita vimos cómo muchos visitantes chinos se acercaban al centro del altar, juntaban las manos en forma de oración y daban una vuelta sobre sí mismos antes de marcharse. Desconozco si se trata de una tradición popular o de una costumbre más reciente, pero me pareció un detalle muy curioso y una escena que llamó bastante mi atención.
Si te fijas, la mayoría de los edificios del complejo tienen forma circular y están construidos sobre bases cuadradas. No es casualidad, para los antiguos chinos el círculo representaba el cielo y el cuadrado simbolizaba la Tierra, reflejando la unión entre ambos mundos.
Después de recorrer el complejo decidimos salir por la parte sur del parque para pedir un Didi de regreso al hotel. Como ya empezábamos a notar el cansancio acumulado de los días anteriores, preferimos cenar cerca del alojamiento y descansar.
Si estás organizando qué ver en Pekín en 5 o 6 días, este cuarto día combina perfectamente historia, gastronomía y dos de los monumentos más emblemáticos de la ciudad.
🍜 Restaurante recomendado: Quanjude ⭐⭐⭐⭐⭐
🥢 No te vayas sin probar: El auténtico pato pekinés.
❤️ Lo que más me sorprendió: Subir hasta el templo situado en la parte alta del Palacio de Verano y contemplar todo el complejo desde arriba.
💡 Consejo del día: Lleva siempre un chubasquero plegable o un paraguas pequeño. El tiempo en Pekín puede cambiar de un momento a otro y te salvará la visita.
📸 La foto que no puede faltar: Un bonito atardecer junto al Templo del Cielo.

Llegó uno de los días que más respeto me daba, visitar la Gran Muralla China. No sabía si me encantaría o me decepcionaría.
La excursión la llevábamos contratada y nos llevó hasta la sección de Mutianyu, una de las mejor conservadas y, para mí, una de las más bonitas de todas.
El autobús nos dejó en el centro de visitantes y, desde allí, tuvimos que coger un autobús lanzadera que te acerca hasta la base de la montaña.
Existen diferentes formas de recorrer esta parte de la muralla, pero de eso hablaré con más detalle en el artículo específico dedicado a la Gran Muralla. En mi caso decidí subir en teleférico hasta la torre 14 y bajar en el famoso tobogán desde la torre 6.
Fue, sin duda, una de las mejores decisiones del viaje.
Llegué a la torre 14 alrededor de las nueve y media de la mañana. A esa hora todavía no había demasiada gente y, además, el cielo estaba bastante nublado, algo que agradecí muchísimo porque durante todo el recorrido apenas hay sombra.
Mi objetivo era llegar caminando hasta la torre 23, el último punto al que puede acceder el público. Y aquí tengo que decir una cosa, es bastante más duro de lo que parece.
Hasta la torre 20 el recorrido ya tiene bastantes desniveles, pero los últimos tramos son realmente exigentes, con escaleras muy empinadas que ponen a prueba las piernas.
Además, durante nuestra visita una pequeña parte de la muralla estaba en obras, por lo que hubo que salir temporalmente del recorrido para volver a incorporarse unos metros más adelante.
Sinceramente, no hace falta llegar hasta la torre 23 para disfrutar de la experiencia. Desde mucho antes ya se obtienen unas vistas espectaculares y unas fotografías increíbles.
Eso sí… personalmente me hizo muchísima ilusión llegar hasta el final. Después de tantos años viendo la Gran Muralla en fotografías, poder alcanzar el último tramo abierto al público fue uno de esos momentos que recordaré siempre.
Y, por suerte, una vez alcanzas el punto más alto, prácticamente todo el camino de regreso es bajando.
Tocó hacer el camino de vuelta hasta llegar a la torre 6 para vivir otra de las experiencias más conocidas de Mutianyu. El descenso en tobogán.
Eso sí, antes hubo que armarse de paciencia. Esperamos más de una hora de cola para poder bajar. ¿Mereció la pena?
Para mí, absolutamente sí.
El recorrido apenas dura unos cinco minutos, pero fue uno de los momentos más divertidos de todo el viaje. Poder descender por la montaña controlando la velocidad del trineo mientras contemplas el bosque alrededor es una experiencia muy diferente a cualquier otra visita turística.
Volvería a repetirlo sin pensarlo. Y por cierto, otra de las grandes experiencias fue las fotos que nos pedían que nos hiciéramos con los locales, nos encontramos con gente muy amable, que a pesar de la barrera del idioma nos entendíamos

Después de la visita la excursión incluía la comida. Nos llevaron a un restaurante tradicional donde compartimos una gran mesa redonda, algo muy habitual en China.
Fueron sacando diferentes platos típicos para que todos pudiéramos probar un poco de cada uno. Se llamaba Jingbei Yujiaao, pero lo dejaré señalado en el mapa que encontrarás al final de esta guía por si quieres localizarlo.
Por la tarde regresamos a Qianmen, una zona que ya habíamos recorrido anteriormente pero que nos apetecía volver a disfrutar con más calma. Paseamos de nuevo entre sus calles llenas de ambiente hasta la hora de cenar.
Para terminar el día cenamos en Dou Yi Chu, un restaurante muy conocido por preparar unos deliciosos shaomai.
Los shaomai son un tipo de dumpling originario del norte de China que se caracteriza por su forma, muy diferente a la de los dumplings tradicionales. En lugar de cerrarse completamente, quedan abiertos por la parte superior, formando una especie de pequeño saquito.
Nosotros pedimos varios rellenos para probar diferentes sabores y todos estaban buenísimos. Además, el precio era realmente económico. Una forma perfecta de terminar uno de los días más intensos del viaje.

Cuando regresamos al hotel ya notaba las piernas completamente destrozadas. Habían sido muchas horas caminando por la muralla y el cansancio empezaba a pasar factura.
Justo al lado del hotel había un centro de masajes y varios del grupo decidimos entrar. Fue una de las mejores decisiones del día. Salí de allí bastante dolorido por la intensidad del masaje, pero a la mañana siguiente las piernas parecían otras y estaba listo para seguir descubriendo Pekín.
Creo que después de recorrer la Gran Muralla, un masaje puede convertirse en el mejor final posible para la jornada y poder terminar bien esta ruta de qué ver en Pekín en 5 o 6 días.
🍜 Restaurante recomendado: Dou Yi Chu ⭐⭐⭐⭐⭐
🥢 No te vayas sin probar: Los shaomai, una de las especialidades más típicas del norte de China.
❤️ Lo que más me sorprendió: Lo exigente que resulta caminar hasta la torre 23 de Mutianyu. Desde abajo parece mucho más fácil de lo que realmente es.
💡 Consejo del día: Si tu condición física te lo permite, intenta llegar hasta las últimas torres. Pero no te obsesiones, mucho antes ya disfrutarás de unas vistas espectaculares de la Gran Muralla.
📸 La foto que no puede faltar: Una panorámica de la muralla serpenteando entre las montañas desde los últimos tramos de Mutianyu.

El último día en Pekín lo dedicamos a visitar dos de los lugares más emblemáticos de toda China, la Plaza de Tiananmén y la Ciudad Prohibida.
Como este día también lo realizamos con guía, llevábamos las maletas en el autobús, algo que fue muy cómodo porque no tuvimos que preocuparnos por ellas hasta llegar a la estación de tren desde donde partiríamos hacia Xi’an.
La primera parada fue la inmensa Plaza de Tiananmén, considerada una de las plazas públicas más grandes del mundo.
Antes de acceder hay que pasar varios controles de seguridad y puedo decir que son realmente estrictos. En nuestro caso tuvimos que pasar dos controles distintos antes de llegar a la plaza.
Para que te hagas una idea del nivel de seguridad, a uno de los compañeros del grupo lo apartaron simplemente por llevar una pegatina en la mochila, te revisan cada detalle que lleves. Lleva únicamente lo imprescindible encima y ten siempre el pasaporte a mano, ya que las comprobaciones son constantes.
Fuimos bastante temprano y eso nos permitió entrar prácticamente sin esperar. Sin embargo, durante el resto del día es habitual encontrar largas colas para acceder.
La verdad es que, si la visitas por libre, probablemente la plaza te parezca simplemente un espacio enorme. Sin embargo, al recorrerla con un guía cambia completamente la experiencia. Descubres el significado de cada edificio, el simbolismo del lugar y la enorme importancia histórica y política que ha tenido para China durante el último siglo.
En la plaza se encuentran algunos de los edificios más representativos del país, como el Mausoleo de Mao Zedong, el Gran Palacio del Pueblo o el Museo Nacional de China, además de la famosa Puerta de Tiananmén, presidida por el gran retrato de Mao que marca la entrada a la Ciudad Prohibida.
Desde la propia plaza se accede directamente a la Ciudad Prohibida, otro de los grandes imprescindibles de Pekín. Antes de entrar volvieron a comprobar nuestros pasaportes para acceder al recinto.
Era la segunda vez que la visitaba. Tengo que reconocer que la primera me impresionó más por el impacto de descubrir un lugar tan famoso. Sin embargo, en esta ocasión disfruté mucho más la visita porque el guía fue explicándonos la historia que hay detrás de cada edificio.
Durante casi cinco siglos fue la residencia de los emperadores de las dinastías Ming y Qing y el centro del poder del Imperio chino. Se dice que cuenta con más de 900 edificios y cerca de 9.000 habitaciones, aunque la leyenda habla de 9.999, ya que el número 10.000 estaba reservado únicamente para los dioses.
A medida que vas atravesando sus enormes patios y pabellones entiendes perfectamente por qué fue durante siglos una ciudad completamente cerrada al pueblo, de ahí su nombre de Ciudad Prohibida.
Al salir por la puerta norte nos llevaron al Parque Jingshan, conocido popularmente como la Colina del Carbón.
La entrada se compra aparte, pero para mí es una visita totalmente recomendable.
La colina fue creada artificialmente con la tierra que se extrajo al construir el foso de la Ciudad Prohibida y, desde su punto más alto, se obtiene probablemente la mejor panorámica de todo el complejo imperial.
Después de recorrer durante horas sus patios, subir hasta aquí permite apreciar la enorme extensión de la Ciudad Prohibida desde una perspectiva completamente diferente.
Si solo pudiera recomendar un mirador de Pekín, probablemente sería este.

Después de la visita nos llevaron a un centro especializado donde nos explicaron la tradición del té en China.
Pudimos conocer diferentes variedades y participar en una pequeña degustación para descubrir las diferencias entre unos tés y otros, una experiencia curiosa que nos permitió acercarnos un poco más a una costumbre profundamente arraigada en la cultura china.
A continuación fuimos a comer a otro restaurante tradicional, donde, como ya era habitual durante estos días, compartimos una gran mesa redonda probando distintos platos típicos.
Fue una buena forma de despedirnos de la gastronomía de Pekín antes de continuar nuestro viaje.

Después de comer el autobús nos llevó directamente hasta la estación de tren.
Una de las ventajas de realizar esta excursión organizada fue que las maletas permanecieron todo el tiempo en el autobús, así que pudimos disfrutar del último día sin tener que cargar con ellas ni preocuparnos por dónde dejarlas.
Desde Pekín tomamos el tren de alta velocidad con destino a Xi’an, un trayecto de aproximadamente cinco horas que marcaría el comienzo de la siguiente etapa del viaje.
Pero esa ya será otra historia.
🍜 Restaurante recomendado: Zanjiade Restaurant, donde comimos cocina tradicional de Pekín.
❤️ Lo que más me sorprendió: Lo estrictos que son los controles de seguridad para acceder a la Plaza de Tiananmén. No imaginaba que llegaran a revisar absolutamente todo.
💡 Consejo del día: Si vas a visitar la Ciudad Prohibida, no te marches sin subir a la Colina del Carbón. Las vistas desde arriba son, para mí, las mejores de todo Pekín.
📸 La foto que no puede faltar: La panorámica de la Ciudad Prohibida desde el mirador de la Colina del Carbón.

Durante mis dos viajes a Pekín me alojé en dos hoteles completamente diferentes. Uno está en pleno corazón de la ciudad, ideal para recorrer los principales monumentos andando, mientras que el otro es un hotel más moderno, con unas instalaciones fantásticas y un desayuno espectacular. Dependiendo del tipo de viaje que busques, cualquiera de los dos puede ser una gran opción.
Si lo que buscas es vivir una experiencia más auténtica, sin duda volvería a elegir este hotel.
Está situado en pleno barrio de los hutongs, a pocos minutos andando de la Ciudad Prohibida y del parque Jingshan, por lo que la ubicación me parece prácticamente perfecta para recorrer el centro histórico de Pekín.
Cuando me alojé por primera vez la calle estaba completamente en obras, pero en este último viaje aproveché para volver a pasar por allí y ya está totalmente remodelada, mucho más bonita y agradable.
La habitación me encantó. Era muy amplia, con una cama muy cómoda y un baño enorme al que no le faltaba detalle. Además, el primer día nos dejaron fruta de cortesía, que incluso aprovechamos para cenar después del largo viaje.
Pero, más allá de la habitación, lo que realmente hace especial este hotel es su encanto. Conserva la arquitectura tradicional china y dormir allí hace que la experiencia sea completamente diferente a la de un hotel convencional.
En este último viaje nos alojamos en el A.C. Art Museum Hotel, un hotel mucho más moderno y con todo tipo de servicios.
La habitación contaba con bañera y ducha independientes, nevera, caja fuerte, zapatillas, secador, cepillo y pasta de dientes, cepillo para el pelo, hervidor para preparar infusiones y agua embotellada de cortesía que reponían todos los días.
El hotel también dispone de gimnasio, lavandería, biblioteca y una agradable terraza habilitada incluso para fumadores.
Una de las cosas que más me llamó la atención fue que, si pedías comida a domicilio, un pequeño robot era el encargado de llevarla hasta la puerta de la habitación, algo que ya es habitual en algunos hoteles chinos.
El desayuno fue, probablemente, el mejor de todo nuestro viaje por China. Había muchísima variedad y, como es habitual allí, predominaban los platos salados: fideos, dumplings, verduras, arroces… aunque también había tostadas, bollería y opciones más occidentales.
Como punto menos positivo, el baño tenía una cristalera que dejaba ver todo desde la cama. Es cierto que dispone de una cortina para ganar intimidad, pero puede resultar un detalle a tener en cuenta si viajas acompañado.
También se escuchaba algo el tráfico, sobre todo los constantes pitidos de los coches, aunque después de caminar todo el día acabábamos tan cansados que dormíamos sin ningún problema.
Si solo fuera a visitar Pekín una vez, me alojaría en el Jingshan Garden Hotel. Poder salir del hotel y encontrarte ya en pleno corazón de los hutongs, a pocos minutos de la Ciudad Prohibida, hace que la experiencia sea mucho más especial.
En cambio, si buscas un hotel más moderno, con mejores instalaciones y un desayuno espectacular, el A.C. Art Museum Hotel me parece una opción excelente.
Después de pasar seis días recorriendo Pekín puedo decir que es una ciudad que necesita tiempo para entenderla. Al principio puede parecer inmensa, caótica e incluso un poco abrumadora, pero poco a poco empiezas a descubrir su verdadera esencia.
Entre templos, parques imperiales, rascacielos futuristas, hutongs tradicionales y una gastronomía completamente diferente a la nuestra, cada día terminé sorprendiéndome con algo nuevo.
Si tuviera que quedarme con mis tres lugares imprescindibles serían la Gran Muralla China, el Templo del Lama y perderme por las calles de Qianmen y sus hutongs, donde sentí que estaba viviendo la China más auténtica.
Seis días dan para conocer gran parte de la ciudad, pero Pekín tiene tantos rincones y tanta historia que estoy convencido de que todavía me quedan muchas cosas por descubrir.
Espero que esta guía sobre qué ver en Pekín en 6 días te ayude a organizar tu viaje y, sobre todo, a disfrutar de una ciudad que, estoy seguro, terminará sorprendiéndote tanto como lo hizo conmigo.
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