Japón era uno de esos viajes que llevaba tiempo queriendo hacer. Teníamos 14 días efectivos para hacer ruta en el país y, aunque pueda parecer mucho tiempo sobre el papel, cuando empiezas a mirar todo lo que hay que ver te das cuenta rápidamente de que Japón es enorme y que hay que organizar muy bien la ruta.
Nuestro viaje completo duró 16 días, pero los dos días de los vuelos internacionales no los cuento como días de visita. Además, hicimos una cosa un poco diferente, como de todas formas teníamos que hacer escala en Pekín para llegar a Tokio, decidimos hacer la escala bastante larga y aprovechar para conocer la ciudad.
La idea tenía un doble objetivo, conocer un lugar nuevo y, de paso, hacer más llevadero el famoso jet lag. Y la verdad es que salió bastante bien. Aquella escala fue nuestro primer contacto con China y, curiosamente, nos gustó tanto que unos años después volvimos para hacer un viaje mucho más completo por China.
A partir del día siguiente comenzaba realmente nuestra ruta por Japón, en la que recorreríamos Tokio, Nikko, Toyama, Shirakawa-go, Takayama, Kanazawa, Kioto, Nara, Osaka y Himeji, además de dedicar dos días a Universal Studios Japan.
Fue una ruta bastante intensa, con muchos cambios de ciudad y bastantes desplazamientos, pero precisamente así conseguimos conocer una buena parte del país en solo 14 días.
El viaje comenzó el 15 de Madrid, pero ese día poco pudimos hacer más allá de subirnos al avión y empezar el viaje.
Como teníamos que hacer escala en Pekín para continuar hasta Tokio, decidimos combinar los vuelos de tal manera que podíamos aprovechar para conocer la ciudad.
Llegamos a Pekín el día 16 por la mañana, bastante temprano, y teníamos todo el día por delante antes de nuestro vuelo a Tokio al día siguiente.
Precisamente por eso habíamos elegido un hotel céntrico, ya que queríamos aprovechar al máximo esas pocas horas en la ciudad.
Para no perder tiempo organizándolo todo por nuestra cuenta, contratamos una excursión que nos llevó a visitar tres de los grandes imprescindibles de Pekín, el Palacio de Verano, la Ciudad Prohibida y el Templo del Cielo.
Después de la excursión todavía teníamos algo de tiempo y decidimos aprovecharlo por nuestra cuenta para subir hasta la Colina del Carbón, desde donde pudimos disfrutar de una de las mejores vistas de la Ciudad Prohibida.
Aunque realmente solo teníamos unas horas para conocer Pekín, creo que fue una decisión muy acertada. Pudimos hacernos una primera idea de la ciudad, visitar algunos de sus lugares más importantes y, además, hacer que el primer día del viaje fuese mucho más llevadero frente al jet lag.
Y sin saberlo, aquella pequeña escala acabaría siendo el principio de nuestra relación con China.
Al día siguiente tocaba continuar el viaje. Dejamos Pekín y tomamos nuestro vuelo rumbo a Tokio, donde comenzaba oficialmente nuestra aventura por Japón.
Como habíamos decidido hacer el viaje organizado, ese día nos tocó esperar a que fueran llegando diferentes personas del grupo que también empezaban el viaje en Tokio.
Entre unas cosas y otras, acabamos llegando al alojamiento bastante tarde. Este día, si sé que llega ha ser así, lo hubiera organizado de otra manera, para llegar por nuestra cuenta y coincidir con el grupo más tarde.
Así que este primer día en Tokio fue prácticamente de toma de contacto, nos presentamos, dejamos las cosas, cenamos y poco más.
No fue precisamente la llegada triunfal que uno imagina cuando piensa en su primer día en Tokio, pero tampoco nos preocupaba demasiado porque teníamos dos jornadas completas por delante para empezar a descubrir la ciudad.
Y ahí sí comenzaría de verdad nuestra ruta por Japón.
Después del día un poco accidentado de nuestra llegada, comenzamos por fin a descubrir Tokio.
Como estábamos alojados en Asakusa, aprovechamos para empezar la ruta por este barrio. Además de recorrer sus calles, visitamos el templo que teníamos prácticamente al lado del alojamiento, antes de continuar hacia otra zona completamente diferente de la ciudad.
Nuestra siguiente parada fue Ameya-Yokocho, una calle comercial llena de tiendas, puestos de comida y bastante ambiente. Desde allí continuamos hasta Akihabara, uno de los barrios más conocidos de Tokio y parada prácticamente obligatoria si te interesa el mundo de la electrónica, el manga, el anime o los videojuegos.
Y para terminar el día nos fuimos hasta Shibuya, donde pudimos conocer uno de los lugares más reconocibles de Tokio y disfrutar del ambiente del barrio cuando empezaba a caer la tarde.
Fue un día bastante completo y, sobre todo, nos sirvió para empezar a hacernos una idea de lo enorme y variada que es Tokio. En apenas unas horas pasamos de un barrio tradicional como Asakusa a la parte más friki y tecnológica de Akihabara para terminar en el Tokio más moderno y reconocible de Shibuya.
Tengo además, un post más detallado de cada barrio de Tokio, siguiendo precisamente el orden en el que los fuimos visitando.
En nuestro segundo día completo en Tokio, volvimos a ponernos en marcha desde primera hora para seguir recorriendo la ciudad.
Comenzamos en el parque Yoyogi, donde aprovechamos para visitar el Santuario Meiji, uno de los templos sintoístas más importantes de Tokio. Después nos dirigimos hasta Takeshita Street, en Harajuku, una zona completamente diferente, llena de tiendas, gente y ese ambiente tan característico del barrio.
Desde allí continuamos hasta Minato, donde visitamos el Templo Zojoji y, justo después, nos encontramos con uno de los grandes iconos de la ciudad, la Torre de Tokio.
Por la tarde pusimos rumbo a Shinjuku, donde teníamos previsto subir al mirador gratuito del Edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio. Es una opción muy interesante para disfrutar de las vistas de la ciudad sin tener que pagar por subir a uno de los miradores más famosos.
Después continuamos el paseo por Omoide Yokochō, un pequeño laberinto de callejuelas lleno de restaurantes y bares, antes de terminar el día en Kabukichō, una de las zonas de ocio nocturno más conocidas de Tokio.
Y así terminamos nuestros dos días completos en Tokio. Habíamos visto una barbaridad de cosas, pero también nos quedó claro que dos días en Tokio dan para mucho, aunque ni de lejos para verlo todo.
Tocaba cambiar completamente de escenario.
El viaje estaba organizado de una manera peculiar, pero bastante habitual. Dejamos las maletas en Tokio para que fueran directamente hasta nuestro alojamiento en Osaka, mientras nosotros llevábamos únicamente una mochila con lo necesario para los siguientes días.
De esta forma podíamos hacer el recorrido por Nikko y los Alpes Japoneses sin tener que cargar con todo el equipaje.
Nuestro primer destino fue Nikko, al que llegamos en tren desde Tokio. Allí aprovechamos para visitar la zona de templos, comer y dar una vuelta antes de continuar nuestro viaje.
Después volvimos a coger el tren, esta vez rumbo a Toyama, donde pasaríamos la noche.
Y aquí comenzaba una de las partes del viaje que más ganas tenía de conocer, los Alpes Japoneses y uno de los pueblos tradicionales más bonitos de Japón.
Al día siguiente nos esperaba Shirakawa-go, antes de continuar hasta Takayama.
El día 21 dejamos atrás Toyama, aunque en realidad solo habíamos hecho noche allí por cuestión de logística. Nuestro verdadero objetivo era llegar hasta uno de los lugares que más ganas tenía de conocer, Shirakawa-go.
Desde Toyama cogimos un autobús que nos llevó hasta este pequeño pueblo de montaña, famoso por sus tradicionales casas de estilo gassho-zukuri, con esos enormes tejados de paja que hacen que el paisaje parezca sacado de un cuento.
Y la verdad es que Shirakawa-go fue uno de esos lugares que se quedan en la memoria. Hay sitios que visitas, haces unas cuantas fotos y continúas el viaje, pero otros tienen algo especial y sabes que, con el paso del tiempo, los vas a seguir recordando. Para mí, este fue uno de ellos.
Después de recorrer el pueblo y comer allí volvimos a coger otro autobús, esta vez rumbo a Takayama, donde nos esperaba una experiencia completamente diferente.
Nos alojamos en un ryokan tradicional japonés, con onsen y cena típica incluida. Después de varios días recorriendo Tokio y desplazándonos de un lugar a otro, poder terminar el día de esta manera fue todo un acierto.
El día comenzó sin demasiadas prisas. Aprovechamos para disfrutar nuevamente del onsen del ryokan y desayunamos allí antes de salir a conocer Takayama.
Ya con las pilas cargadas, nos dedicamos a recorrer el casco histórico de Takayama, con sus tradicionales calles de madera y sus antiguas casas, además del Santuario Sakurayama Hachiman y el mercado de Miyagawa.
Takayama fue otra de esas paradas que nos permitió cambiar completamente de ambiente respecto a las grandes ciudades que habíamos visitado hasta entonces.
Por la tarde volvimos a coger el tren, esta vez para dirigirnos hasta Kanazawa, donde pasaríamos la noche.
Este día lo dedicamos a conocer Kanazawa, una ciudad que nos sorprendió precisamente por conservar muy bien parte de su arquitectura y sus barrios tradicionales.
Durante la visita fuimos recorriendo diferentes zonas históricas, entre ellas los antiguos barrios de geishas, como Kazue-machi Chaya y Higashi Chaya, además del barrio de Nishi Chaya.
También nos acercamos hasta Nagamachi, el antiguo barrio de los samuráis, donde visitamos la Casa Samurai Nomura. A lo largo del recorrido fuimos encontrando templos, santuarios y edificios históricos, como el Santuario Oyama y el Castillo de Kanazawa.
Una de las cosas que no podía faltar durante nuestra visita fue probar uno de los productos más curiosos de Kanazawa, el helado con pan de oro. Puede parecer más una cosa para hacerse la foto que otra cosa, pero la verdad es que estaba bastante rico y, ya que estábamos allí, había que probarlo.
Después de recorrer Kanazawa tocaba continuar nuestra ruta. Volvimos a coger el tren y pusimos rumbo a Kioto, donde comenzaríamos otra de las partes importantes de nuestro viaje por Japón.
Tocaba madrugar bastante, queríamos aprovechar las primeras horas del día para visitar uno de los lugares más conocidos de Kioto, el famoso Fushimi Inari Taisha, con sus interminables torii rojos.
Llegar temprano fue todo un acierto, ya que pudimos recorrer parte del santuario con bastante más tranquilidad antes de que empezaran a llegar las grandes masas de turistas.
Después de la visita cogimos el tren, esta vez rumbo a Nara, donde pasaríamos prácticamente todo el día.
Además de visitar sus templos y pasear por la ciudad, había algo que inevitablemente se convirtió en uno de los protagonistas de la visita, los famosos ciervos de Nara, que campan a sus anchas por buena parte del parque y sus alrededores.
Fue un día diferente, combinando uno de los lugares más emblemáticos de Kioto con una excursión a Nara. Después de disfrutar de la ciudad y de sus ciervos, volvimos en tren hasta Kioto para descansar.
Tocaba dejar Kioto y coger el tren rumbo a Osaka, para recuperar las maletas y usar Osaka de base para lo que queda de viaje.
Una vez instalados, comenzamos a descubrir la ciudad.
Nuestra primera parada fue el Castillo de Osaka, uno de los grandes símbolos de la ciudad. Después continuamos hasta Shinsekai, uno de los barrios que más ganas tenía de conocer y donde se encuentra la conocida Torre Tsutenkaku.
Desde allí seguimos hasta Namba, una de las zonas más animadas de Osaka, y terminamos el día en Dotonbori.
Y aquí fue donde realmente empezamos a descubrir una Osaka completamente diferente a Kioto. Carteles luminosos, restaurantes, calles llenas de gente y un ambiente mucho más urbano y animado.
La verdad es que Osaka nos dejó muy buen sabor de boca, y terminar el día paseando por Dotonbori fue la mejor manera de hacerlo.
En principio el día de estancia en Kioto lo íbamos a usar para visitar la ciudad ese día, pero los planes cambiaron y creo que fue un acierto. Por lo que desde Osaka pusimos rumbo en tren para pasar el día en Kioto.
Comenzamos por Higashiyama, una de las zonas que considero imprescindibles en cualquier ruta por Kioto. Allí visitamos el Templo Kiyomizu-dera y fuimos recorriendo tranquilamente las calles tradicionales del barrio.
Durante el paseo nos encontramos con la famosa Pagoda de Yasaka y visitamos también el Templo Ryozen Kannon, el Templo Kodaiji, donde además encontramos un pequeño bosque de bambú, y el Templo Honzan Ryuchizan Daiun-in.
Después continuamos caminando hasta Gion, el famoso barrio de las geishas. Aquí simplemente disfrutamos de sus calles, casas tradicionales y del ambiente de una de las zonas más conocidas de Kioto.
Para terminar la ruta nos acercamos hasta Pontocho, otra de esas calles que merece la pena recorrer cuando cae la tarde, especialmente por sus pequeños restaurantes y el ambiente que se respira.
Y después de un día bastante completo, volvimos a coger el tren para regresar a Osaka.
Ya completamente por nuestra cuenta, decidimos coger el tren desde Osaka rumbo a Himeji para visitar uno de los castillos más impresionantes del país.
El Castillo de Himeji fue una auténtica sorpresa. Ya había visto fotografías antes de ir, pero una vez allí impresiona mucho más. Es uno de los castillos japoneses mejor conservados y su enorme estructura de color blanco hace que sea imposible no quedarse un rato mirándolo.
Después de visitar el castillo volvimos a Osaka para aprovechar las últimas horas del día.
Nos dirigimos hasta Umeda, una de las principales zonas comerciales y de negocios de Osaka, donde subimos al Umeda Sky Building.
Desde su mirador pudimos contemplar Osaka desde las alturas y disfrutar de unas vistas completamente diferentes a las que habíamos tenido durante el resto del viaje.
Y así terminamos otro día de nuestra ruta por Japón, acercándonos ya inevitablemente al final del viaje.
Para este día decidimos cambiar nuevamente de alojamiento, aunque esta vez no nos íbamos demasiado lejos.
Nos trasladamos a un hotel situado a las puertas de Universal Studios Japan, puesto que habíamos comprado las entradas de día y medio. Estando cerca podíamos disfrutar del parque y aprovechar al máximo los dos días.
Así que, una vez dejamos las cosas en el nuevo hotel, nos fuimos directamente a Universal Studios Japan para aprovechar la tarde.
Tener esta primera tarde fue todo un acierto. Pudimos empezar a recorrer el parque, subirnos a algunas atracciones y, sobre todo, tomar contacto con Universal antes de dedicarle el día completo siguiente.
Además, al estar alojados cerca del parque, resultaba muy cómodo regresar al hotel cuando terminamos y descansar para lo que nos esperaba al día siguiente.
Este día lo dedicamos por completo a Universal Studios Japan.
Después de haber aprovechado la tarde anterior, teníamos prácticamente todo el día por delante para disfrutar del parque y subirnos a las atracciones que más nos apetecían. Tener día y medio de entrada nos permitió hacerlo con bastante más calma que si hubiéramos intentado verlo todo en una sola jornada.
Fue nuestra última gran experiencia del viaje y, aunque todavía nos quedaba el vuelo de vuelta, ya empezábamos a tener esa sensación de que el viaje estaba llegando a su fin.
En este caso no me extenderé demasiado, porque tengo un artículo específico sobre Universal Studios Japan, donde cuento con mucho más detalle cómo organizar la visita, las atracciones y todos los consejos que pueden venirte bien para aprovechar el parque.
Y después de disfrutar de nuestro último día completo en Japón, tocaba hacer las maletas. Teníamos el vuelo de regreso a Madrid, poniendo punto final a esta ruta de 14 días que nos había llevado desde Pekín hasta Tokio, pasando por algunos de los lugares más increíbles de Japón.
Sí, repetiría parte de esta ruta por Japón, aunque no la haría exactamente igual. El viaje me permitió conocer muchos lugares en pocos días, pero también me dejó claro que en algunos sitios me habría gustado tener algo más de tiempo.
Tokio sería mi principal prioridad. Los días que estuve se me quedaron cortos y, si volviera, dedicaría varios días más para poder descubrir barrios y lugares que se quedaron pendientes y disfrutar de la ciudad con algo más de calma.
También volvería a Kioto, porque aunque recorrimos bastante, nos quedaron lugares por conocer y creo que es una ciudad a la que merece la pena dedicarle tiempo.
Shirakawa-go también es uno de esos lugares a los que me gustaría regresar, pero esta vez en otra estación del año. El paisaje cambia muchísimo dependiendo de cuándo lo visites y creo que sería muy especial verlo con un aspecto completamente diferente.
En cambio, Nikko, Toyama, Takayama, Kanazawa, Nara, Osaka o Himeji podría volver a visitarlos si encajaran en una futura ruta por Japón, especialmente por cuestiones de logística, pero no serían destinos a los que viajaría expresamente teniendo otras zonas del país todavía por descubrir.
Con Universal Studios Japan sí haría una excepción. Si vuelvo a Osaka, seguramente volvería a pasar por el parque. Y además, esta vez creo que tocaría añadir Tokyo Disney Resort, que se nos quedó pendiente y sería una visita prácticamente segura en un segundo viaje.
Probablemente sí elegiría un viaje organizado si la ruta fuera muy compleja, sobre todo por la logística de los trenes, traslados y cambios de alojamiento. En ese sentido, tenerlo todo coordinado nos facilitó bastante el viaje.
La experiencia en general no fue mala, pero la organización del grupo podría haber sido bastante mejor. Hubo momentos en los que tuvimos que esperar más de la cuenta o en los que la planificación no terminó de funcionar como esperaba. Sentí que me perdí muchas cosas.
Por eso, si volviera a hacer una ruta similar, buscaría una organización diferente o valoraría montar el viaje por mi cuenta.
Y, por supuesto, no me quedaría únicamente con los lugares que ya conocemos. Japón tiene muchísimo más que ofrecer, así que en un próximo viaje me gustaría descubrir otras regiones, pueblos y paisajes que se nos quedaron fuera de esta primera ruta.
En definitiva, no cambiaría demasiado de nuestro recorrido porque nos permitió conocer muchísimo en pocos días. Pero si volviera, ampliaría el tiempo en Tokio y Kioto, repetiría Shirakawa-go en otra estación y aprovecharía para descubrir una parte de Japón completamente diferente.
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