En este artículo te cuento qué ver en Xi’an en 1 día, cómo organizamos nuestra visita y, sobre todo, cómo fue nuestra experiencia con los Guerreros de Terracota, uno de los lugares que más ganas tenía de conocer durante este viaje.
Xi’an fue la segunda parada de nuestro viaje por China después de Pekín. Llegamos a la ciudad después de un viaje en tren de unas 5 horas desde la capital, aunque entre el trayecto y los desplazamientos posteriores no llegamos al hotel hasta aproximadamente las 23:00.
En realidad, solo tuvimos un día completo para conocer Xi’an, ya que al día siguiente continuábamos nuestro viaje hacia el siguiente destino. Por eso, no puedo decir que conozca la ciudad en profundidad ni que este sea un itinerario completo para varios días, pero sí que pude conocer uno de sus grandes imprescindibles: los famosos Guerreros de Terracota.
Xi’an es una de las ciudades con más historia de China y fue capital del país durante diferentes periodos. Además, es conocida por haber sido el punto de partida de la antigua Ruta de la Seda, por lo que su importancia histórica va mucho más allá de los Guerreros de Terracota.
🧭 Índice de la guía
➭ 🏺 Visitar los Guerreros de Terracota ➭ 🍜 Comer en Xi’an después de visitar los Guerreros de TerracotaComo viajábamos con una excursión organizada, la visita a los Guerreros de Terracota incluía también el transporte y un guía. Salimos del hotel sobre las 8:30 de la mañana rumbo al recinto arqueológico.
Después de aproximadamente una hora de camino hicimos una pequeña parada en un lugar donde fabricaban reproducciones de los famosos guerreros, tanto a tamaño natural como en miniatura, además de diferentes productos de artesanía.
Nos explicaron brevemente cómo elaboraban las piezas y pudimos ver algunos de los trabajos que tenían expuestos. Eso sí, era la típica parada de las excursiones organizadas en la que, después de la explicación, intentaban venderte prácticamente de todo.
Había reproducciones de guerreros, pero también mesas, abanicos y todo tipo de souvenirs relacionados con China. Nosotros estuvimos un rato curioseando y después continuamos nuestro camino hacia el verdadero objetivo del día.
Durante el trayecto, nuestro guía nos fue contando la historia de los Guerreros de Terracota y algunos detalles sobre el yacimiento. Es cierto que su español no era demasiado bueno y en algunos momentos costaba seguir las explicaciones, pero también hay que reconocer que puso todo de su parte para que pudiéramos conocer la historia del lugar.
Llegamos aproximadamente a las 10:40 de la mañana. Y antes incluso de que pudiéramos bajarnos del autobús tuvimos nuestro primer contacto con algo que nos acompañaría durante buena parte de la visita, los vendedores ambulantes.
Nada más abrirse las puertas del autobús comenzaron a acercarse para ofrecernos todo tipo de productos y recuerdos. De hecho, eran tan insistentes que casi no nos dejaban ni bajar del autobús.
Es algo que me llamó bastante la atención porque, hasta ese momento, no había vivido una situación parecida. Después de conseguir bajar del autobús, por fin pudimos dirigirnos hacia la entrada del recinto y comenzar la visita a uno de los lugares más famosos de China.
Antes de llegar a las fosas tuvimos que pasar un primer control de pasaportes para acceder al recinto general. Aquí me parece interesante recordar algo que ya comenté en mi artículo sobre cómo viajar a China: lleva siempre tu pasaporte contigo, porque en este tipo de lugares puede ser necesario para acceder y, en este caso, el propio pasaporte nos sirvió como identificación para la entrada.
Desde allí tuvimos que caminar unos 8 minutos aproximadamente hasta llegar a la zona donde se encuentran las fosas. Allí pasamos un segundo control de pasaportes y, finalmente, comenzamos la visita.
Nuestro guía nos explicó que el yacimiento está dividido en tres fosas principales, aunque antes de entrar en ellas merece la pena conocer brevemente la historia de este impresionante ejército de terracota.
Los Guerreros de Terracota forman parte del mausoleo de Qin Shi Huang, el primer emperador de China. Tras unificar los diferentes reinos que existían en el territorio chino, el emperador ordenó construir un enorme complejo funerario que lo acompañaría y protegería después de su muerte.
Para ello se crearon miles de figuras de soldados, caballos y diferentes elementos del ejército, todos ellos realizados en terracota y con diferentes características y detalles.
Lo más curioso es que durante siglos permanecieron enterrados y olvidados. Fueron descubiertos en 1974 por unos agricultores que estaban excavando un pozo cerca de Xi’an, dando lugar a uno de los mayores descubrimientos arqueológicos del siglo XX.
Y aquí viene algo que me parece especialmente interesante: no todos los guerreros que vemos actualmente están completos, tenían hasta pintura. Muchos fueron destruidos, dañados o quedaron enterrados en diferentes condiciones, por lo que una gran parte del trabajo que se realiza actualmente consiste precisamente en restaurar y reconstruir las piezas encontradas.
Después de conocer un poco su historia, llegó el momento de entrar en las diferentes fosas.

La Fosa 1 es la más grande de las tres y probablemente sea la imagen que todos tenemos en mente cuando pensamos en los Guerreros de Terracota. Es la enorme nave en la que se pueden contemplar las filas de soldados y caballos perfectamente colocados.
Sin embargo, aquí tengo que dar mi opinión personal, fue probablemente la parte que menos disfruté de toda la visita.
No porque no sea impresionante, que lo es, sino porque hay muchísima gente y los guerreros se contemplan desde cierta distancia. Entre la cantidad de visitantes y las vallas que rodean la excavación, me costó disfrutar del lugar tanto como esperaba.
Además, antes de ir tenía la impresión de que iba a encontrarme con miles de guerreros perfectamente restaurados. La realidad es bastante diferente, muchas de las figuras todavía están en proceso de restauración y en determinadas zonas puedes ver principalmente restos, fragmentos y piezas que están siendo reconstruidas.
Aun así, impresiona muchísimo ver la magnitud de la excavación y entender que todo lo que tienes delante estuvo enterrado durante más de 2.000 años.
Después de pasar un rato en esta primera fosa, continuamos hacia la Fosa 3, que es bastante más pequeña.
La Fosa 3 es la más pequeña de las tres y, según las interpretaciones arqueológicas, habría tenido una función diferente a la de las otras dos.
Se cree que representaba el puesto de mando del ejército, por lo que su composición es diferente y no encontramos las enormes filas de soldados que caracterizan a la primera fosa.
La visita es bastante más rápida, precisamente por sus dimensiones, pero me pareció interesante verla después de la enorme Fosa 1 para entender cómo estaba organizado este ejército.
Después nos dirigimos a la Fosa 2. Y aquí, sinceramente, fue donde menos disfruté de la visita.
La excavación es bastante grande, pero gran parte de la zona no permite contemplar los guerreros de una manera demasiado clara. Lo que más destaca para el visitante son algunas figuras expuestas en vitrinas, entre ellas varios guerreros que puedes observar mucho más de cerca.
El problema fue que había muchísima gente alrededor de las vitrinas. Era prácticamente imposible acercarse con tranquilidad y disfrutar de los detalles.
Si hubiera menos gente, probablemente la experiencia sería bastante diferente, porque tener los guerreros tan cerca permite apreciar detalles que desde la distancia de la Fosa 1 pasan completamente desapercibidos.
Para terminar la visita pasamos por la zona museística, donde también se conservan y exponen algunas de las piezas encontradas durante las excavaciones.
Y curiosamente, esta fue la parte que más disfruté.
Aquí puedes ver algunos guerreros mucho más de cerca y apreciar detalles como las expresiones, la vestimenta o la elaboración de las figuras. Además, había bastante menos gente que en las fosas, por lo que podías detenerte delante de las vitrinas sin tener a varias personas pegadas al cristal.
Después de recorrer todo el complejo, terminamos la visita aproximadamente a las 13:00.
El guía nos llevó andando hasta Old Xi’an Restaurant, que estaba bastante cerca del recinto, para comer antes de regresar a la ciudad.
Aquí aprovechamos para probar uno de los platos que más ganas tenía de probar en Xi’an: los noodles gigantes típicos de la ciudad, conocidos como biang biang mian.
Son unos fideos de trigo muy anchos y largos, normalmente servidos con diferentes ingredientes y una salsa bastante sabrosa. Y tengo que decir que estaban de vicio.
Fue una buena forma de terminar la visita a los Guerreros de Terracota antes de regresar al hotel. Después de comer, nos llevaron de vuelta y tuvimos el resto de la tarde libre para conocer un poco más de Xi’an por nuestra cuenta.

Después de visitar los Guerreros de Terracota, todavía nos quedaban unas horas para descubrir qué ver en Xi’an en 1 día, así que aprovechamos la tarde para recorrer el centro histórico.
Hizo un día muy caluroso, y una vez que nos dejaron en el hotel la verdad que daba pavor salir a explorar la ciudad, por lo que decidimos descansar un poco y esperar que el sol por lo menos bajara un poco. Una vez nos pusimos en marcha nos dirigimos hacia la Torre de la Campana, pero eso sí, hicimos parada técnica primero para tomar algo fresco e hidratarnos.
La Torre de la Campana es uno de los símbolos de Xi’an y está situada prácticamente en el centro de la ciudad. El edificio que vemos actualmente es una reconstrucción de época Ming y originalmente cumplía una función práctica: la campana marcaba el comienzo del día y ayudaba a organizar la vida de la ciudad.
Pero lo que más te llamó la atención fue algo bastante menos histórico, cómo se accede a ella. Al estar situada en medio de una enorme rotonda, no puedes simplemente cruzar la calle para llegar. El acceso se realiza a través de un paso subterráneo que, además de llevarte hasta la torre, permite cruzar hacia diferentes puntos de la zona.
Dentro incluso encontramos mapas para orientarnos y una gran tienda de souvenirs. Es uno de esos detalles que parecen una tontería, pero que hacen que recorrer una ciudad como Xi’an sea bastante curioso.

Desde la Torre de la Campana utilizamos precisamente ese paso subterráneo para continuar caminando hasta la Torre del Tambor, que se encuentra a poca distancia.
La Torre del Tambor también tiene origen en la época Ming y, como su propio nombre indica, estaba relacionada con el uso de tambores para marcar diferentes momentos del día. Hoy es otro de los grandes símbolos de Xi’an y, junto con la Torre de la Campana, forma uno de los conjuntos monumentales más reconocibles del centro de la ciudad.
En nuestro caso no entramos en ninguna de las dos torres, ya que el tiempo era limitado y preferimos aprovechar para recorrer los alrededores.

Desde aquí nos dirigimos hacia uno de los lugares que más me sorprendió de esta pequeña ruta, el Barrio Musulmán de Xi’an.
Y aquí sí merece la pena explicar por qué existe una comunidad musulmana tan importante en una ciudad situada en el interior de China.
Xi’an fue durante siglos uno de los puntos más importantes de la Ruta de la Seda. Hasta aquí llegaron comerciantes de diferentes lugares de Asia y Oriente Medio, y con ellos también llegaron sus costumbres, cultura y religión. Ese legado todavía se puede apreciar hoy en esta zona de la ciudad.
La calle principal del barrio estaba llena de vida. Había puestos de comida callejera, tiendas de todo tipo, souvenirs y, sobre todo, muchísima gente. Para mí fue una de las zonas que más sensación de autenticidad me transmitió durante el poco tiempo que pude pasar en Xi’an.
También nos encontramos con algo que me llamó especialmente la atención, personas de origen chino practicantes del islam. Puede resultar curioso para alguien que no conozca la historia de esta zona, pero precisamente es una muestra del legado que dejaron siglos de intercambios comerciales y culturales a través de la Ruta de la Seda.
Desde el barrio hicimos un pequeño desvío para intentar visitar la Gran Mezquita de Xi’an, una de las más importantes de la ciudad y otro ejemplo de esa mezcla entre cultura china e islámica.
Sin embargo, llegamos demasiado tarde y ya no permitían la entrada a más visitantes, así que nos tuvimos que conformar con verla desde los alrededores.
Es una pena, porque creo que habría sido una visita especialmente interesante. Su arquitectura es bastante diferente de la imagen que normalmente tenemos de una mezquita, ya que combina elementos propios de la arquitectura tradicional china con otros relacionados con la cultura islámica.

Cuando empezó a anochecer nos dimos cuenta de que Xi’an cambia completamente.
Si durante el día la ciudad ya tiene edificios y monumentos interesantes, por la noche la iluminación hace que todo tenga otra apariencia. Especialmente las Torres de la Campana y del Tambor, que iluminadas destacan muchísimo más y crean una imagen completamente diferente de la que habíamos visto durante la tarde. Además la gente sale con sus mejores vestimentas para hacerse fotos.
Después simplemente buscamos un sitio donde cenar y, sin que hubiera nada especialmente destacable que contar de esa comida, dimos por terminado nuestro día en Xi’an.
Y la verdad es que me quedé con ganas de más. El tiempo no nos permitió visitar otros lugares que tenía apuntados, como la Pagoda del Gran Ganso Salvaje, la Pagoda del Pequeño Ganso Salvaje o recorrer algún tramo de las antiguas murallas de Xi’an, por las que incluso puedes caminar o ir en bicicleta y disfrutar de unas vistas diferentes de la ciudad.
Con solo una tarde disponible, fue imposible abarcarlo todo, pero creo que este recorrido fue una buena forma de tener una primera toma de contacto con Xi’an.
Si solo tienes un día para visitar Xi’an, como nos ocurrió a nosotros, alojarte en una zona céntrica facilita muchísimo aprovechar el tiempo. Durante nuestra estancia en Xi’an nos alojamos en un hotel situado dentro de la zona amurallada de la ciudad y muy cerca de la Torre de la Campana.
La ubicación nos permitió salir del hotel y empezar a recorrer Xi’an prácticamente andando, sin tener que perder tiempo en desplazamientos. De hecho, desde allí pudimos llegar fácilmente hasta la Torre de la Campana, la Torre del Tambor y el Barrio Musulmán.
El hotel se veía bastante nuevo, con instalaciones modernas y cómodas. La habitación era amplia, con una cama cómoda y un baño también bastante espacioso, integrado en la propia habitación. Además, contaba con los productos básicos de aseo y todos los servicios que necesitábamos para una estancia corta.
También teníamos el desayuno incluido, que era bastante variado y nos permitió desayunar antes de comenzar nuestra visita.
En nuestro caso, más que cualquier otro servicio, lo que más valoraría de este hotel es su ubicación. Si vas a estar poco tiempo en Xi’an, alojarte dentro de la zona amurallada y cerca del centro histórico puede facilitar muchísimo la visita.
Después de nuestra breve parada en Xi’an, tocaba continuar nuestra ruta por China, nuestro siguiente destino era Chongqing. Xi’an fue una parada bastante corta dentro de nuestra ruta por China, pero creo que merece mucho la pena incluirla en un viaje por el país, especialmente si vas recorriendo diferentes ciudades en tren.
En nuestro caso tuvimos solamente un día completo y, aunque pudimos conocer los Guerreros de Terracota y aprovechar la tarde para recorrer algunos de los lugares más importantes del centro, me quedé con la sensación de que Xi’an merece algo más de tiempo.
Los Guerreros de Terracota suele ser el atractivo principal, pero Xi’an es mucho más que los guerreros. Su historia, la antigua muralla, el Barrio Musulmán, las Torres de la Campana y del Tambor y la mezcla de culturas que todavía se puede apreciar en sus calles hacen que sea una ciudad muy interesante para incluir en una ruta por China.

Además, su ubicación tiene mucho sentido desde el punto de vista logístico. Las distancias en China son enormes y, si estás haciendo una ruta en tren, Xi’an puede ser una parada perfecta para dividir algunos de los trayectos más largos.
Y si tienes más tiempo que nosotros, también puedes plantearte visitar otros lugares de los alrededores, como a Lishan National Forest Park o al Monte Hua (Huashan), una impresionante zona montañosa conocida por sus paisajes, senderos y teleféricos. Es una alternativa completamente diferente a los Guerreros de Terracota y puede ser una buena opción para ampliar tu visita.
En definitiva, si estás buscando qué ver en Xi’an en 1 día, creo que esta ruta permite conocer algunos de los lugares más interesantes de la ciudad sin intentar abarcar demasiado.
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