Si estás preparando un viaje por Alemania y te preguntas qué ver en Düsseldorf en un día, en esta guía te enseño los lugares que más me gustaron y cómo organizar la visita para aprovechar el tiempo. En mi caso, llegué casi por casualidad. Vine para asistir a un concierto en el Merkur Spiel-Arena y aproveché el viaje para descubrir una ciudad que me sorprendió mucho más de lo que esperaba.
Además, si también vienes por un evento o un concierto, al final del artículo te explico cómo llegar al estadio y todo lo que necesitas saber para moverte sin complicaciones.
🧭 Guía de Düsseldorf
Lo más cómodo para llegar desde el aeropuerto hasta la ciudad es coger el S-Bhan, en concreto la línea S11. El billete se puede coger en mismo anden del tren y para validarlo hay justo al lado de la máquina el sitio donde hacerlo. También puedes descargarte la app DB Navigator (Deutsche Bahn) y sacar los billetes desde ahí, lo bueno de la aplicación es que si pones el destino te dice todo el trayecto hasta llegar a el.
Nosotros en concreto para alojarnos elegimos el Hotel Leonardo, que se encontraba en un punto muy céntrico de la ciudad y desde el cual poder ir andando a todos los sitios. Desde el aeropuerto fuimos hasta la estación de “Düsseldorf Hauptbahnhof”, la principal estación de la ciudad.

A continuación te cuento el recorrido que hice por Düsseldorf durante un día completo. Empecé desde nuestro hotel y fui recorriendo los principales lugares de interés de la ciudad. Todo lo que encontrarás a continuación nos dio tiempo a verlo tranquilamente en una jornada. Además, al final del artículo te dejo otros sitios que no pudimos visitar y que espero conocer en mi próximo viaje.
Nuestra primera parada fue la Königsallee, probablemente la avenida más famosa de Düsseldorf y una de las calles comerciales más elegantes de Alemania.
Es conocida por las tiendas de lujo que la rodean, aunque, si te soy sincero, lo que más me gustó no fueron los escaparates. Lo mejor de este paseo es caminar junto al canal central, cruzar alguno de sus puentes y llegar hasta la fuente de Corneliusplatz, donde el ambiente cambia por completo.
Desde aquí tomamos la primera calle que salía a la derecha para tirar por la calle Schadowstraße, una gran avenida peatonal llena de tiendas para todos los bolsillos. Me llamó mucho la atención el contraste entre los edificios más clásicos y la arquitectura moderna de esta zona, una mezcla que se repite en varios puntos de la ciudad.

Después de recorrer tranquilamente la calle y curiosear alguna tienda, llegó la hora de comer. Así que pusimos rumbo a Little Tokyo, uno de los barrios más curiosos de Düsseldorf y que, para mí, merece una parada obligatoria.
Antes de viajar a Düsseldorf estuve buscando sitios donde comer y hubo una cosa que me llamó muchísimo la atención, la enorme cantidad de restaurantes japoneses que había en la ciudad. De hecho, Düsseldorf alberga una de las comunidades japonesas más importantes de Europa, así que tenía claro que quería aprovechar la ocasión para probar un buen ramen.
No llevábamos ningún restaurante elegido. Al contrario, decidimos recorrer tranquilamente la calle principal de Little Tokyo y fijarnos en los locales que más ambiente tenían. Siempre suelo hacer lo mismo cuando viajo, si un restaurante está lleno de gente local, y especialmente de japoneses en este caso, suele ser una buena señal.
Encontramos varios sitios con muy buena pinta. En uno de ellos incluso había cola para entrar, pero finalmente nos decidimos por “Tokyo Ramen”, ya que vimos una mesa libre para dos y no tuvimos que esperar. El local estaba casi lleno, aunque también tenía una terraza exterior. Además, el servicio fue muy rápido y el personal muy amable. El ramen estaba delicioso y fue una de las comidas que más disfrutamos durante el viaje.
Con las pilas cargadas, regresamos hacia Corneliusplatz para continuar la ruta. Esta vez cruzamos la plaza para acercarnos a uno de los edificios más llamativos de Düsseldorf, Kö-Bogen.
Cuando recorrimos Schadowstraße vimos la parte trasera del Kö-Bogen, pero todavía nos quedaba contemplar su fachada principal. La diferencia merece la pena, ya que justo delante se abre el Hofgarten, el parque más antiguo de Düsseldorf, con un gran lago que hace que esta zona resulte muy agradable para pasear.
A mí me sorprendió el contraste entre la arquitectura tan moderna del edificio y el entorno que lo rodea. Precisamente, esa mezcla entre cristal, naturaleza y agua hace que sea uno de los rincones más bonitos que ver en Düsseldorf.
Si viajas con niños, es una parada perfecta para hacer un pequeño descanso. Hay amplias zonas verdes donde pueden correr tranquilamente y, además, es habitual ver patos en el lago.
Después de disfrutar del paseo, continuamos nuestra ruta hacia el casco histórico de Düsseldorf (Altstadt), donde nos esperaba una de las plazas más bonitas de la ciudad, Burgplatz.
Continuando el paseo por el Altstadt, llegamos hasta la Schlossturm, la antigua torre del castillo de Düsseldorf. Es uno de los edificios históricos más representativos de la ciudad y, además, llama bastante la atención al encontrarse junto al paseo del río Rin.
Aunque hoy solo se conserva esta torre, antiguamente formaba parte del castillo de Düsseldorf, construido en el siglo XIII. Un incendio en 1872 destruyó prácticamente todo el complejo y la Schlossturm fue la única estructura que logró sobrevivir. En la actualidad alberga el Museo Marítimo de la ciudad.

Además, desde este punto se disfrutan unas vistas muy bonitas del río Rin. Justo al otro lado se veía el Rheinkirmes, una feria enorme que se monta cada verano junto al Rin y es una de las más grandes de Alemania. La verdad es que, si hubiéramos tenido un día más en Düsseldorf, probablemente habríamos cruzado para conocer esa zona de la ciudad.
A pocos pasos de la Schlossturm se encuentra la iglesia de St. Lambertus, uno de los edificios religiosos más emblemáticos de Düsseldorf y fácilmente reconocible por su característica torre torcida.
Cuenta una leyenda que el diablo pensó que estaban construyendo una taberna. Cuando descubrió que en realidad era una iglesia, se enfadó tanto que intentó destruirla y solo consiguió retorcer la aguja de la torre. Aunque la explicación real está relacionada con un incendio y la deformación de la estructura de madera, la historia sigue siendo una de las curiosidades más conocidas de Düsseldorf.
Aunque el interior merece una visita, lo que más me gustó fue pasear por las calles que la rodean. Son mucho más tranquilas que otras zonas del casco histórico y tienen ese ambiente que invita a caminar sin prisas y descubrir pequeños rincones.
De hecho, fue precisamente por una de esas calles por donde continuamos nuestra ruta hacia la siguiente parada.

En una de las esquinas de Burgplatz se encuentra el Stadterhebungsmonument, una gran escultura de bronce que representa uno de los momentos más importantes de la historia de Düsseldorf: el día en que la ciudad obtuvo oficialmente sus derechos como ciudad en el año 1288.
Aunque no es uno de los monumentos más espectaculares de Düsseldorf, merece la pena detenerse unos minutos para observar la cantidad de detalles que esconde la escultura. Cada una de las figuras representa un personaje o un acontecimiento relacionado con aquel momento histórico.
Además, al encontrarse en plena Burgplatz, es muy probable que pases por delante durante tu recorrido por el casco histórico.

Otro de los lugares imprescindibles que ver en Düsseldorf es el Rathaus, el antiguo ayuntamiento de la ciudad. Su fachada es realmente bonita y, justo delante, se encuentra la estatua ecuestre de Johann Wilhelm II, uno de los personajes históricos más importantes de Düsseldorf.
Te recomiendo detenerte unos minutos para contemplar la plaza y aprovechar para sacar alguna fotografía. La combinación del ayuntamiento con la estatua crea una de las estampas más representativas del casco histórico.

Para mí, aquí empieza la parte más bonita de Düsseldorf. A partir de este punto nos adentramos de lleno en las calles del Altstadt, un laberinto de callejuelas con mucho ambiente, terrazas y edificios históricos donde merece la pena perderse sin mirar demasiado el mapa.
Otro lugar donde merece la pena hacer una parada es Carlsplatz, un mercado al aire libre donde, además de comprar productos locales, encontrarás numerosos puestos para comer algo.
Nosotros simplemente dimos un paseo para curiosear el ambiente, pero me pareció un sitio perfecto para hacer una pausa durante la visita. Además, en las calles que rodean la plaza hay una gran variedad de restaurantes y cafeterías donde sentarte a comer tranquilamente.
Si hay una calle con ambiente en Düsseldorf, esa es Flinger Straße. Está llena de terrazas, bares y gente paseando a cualquier hora del día, por lo que me pareció uno de los rincones con más vida del casco histórico.
Ya que estás aquí, aprovecha para probar una Altbier, la cerveza más típica de Düsseldorf. Además, me llamó la atención que una cerveza costara menos que una botella de agua, así que no hubo muchas dudas sobre qué pedir.

Como curiosidad, Düsseldorf y Colonia mantienen una histórica rivalidad que también llega a la cerveza. Mientras aquí la protagonista es la Altbier, en Colonia lo habitual es pedir una Kölsch. No pasa nada si la pides, pero seguro que arrancas alguna sonrisa entre los más locales.
Si, como yo, no eres muy cervecero, hay otra bebida típica de Düsseldorf que merece la pena probar: el Killepitsch, un licor elaborado con decenas de hierbas y especias que se ha convertido en todo un símbolo de la ciudad. Cuenta la historia que este licor nació de una promesa entre dos amigos tras la Segunda Guerra Mundial, una curiosidad que le da todavía más encanto a la hora de probarlo.
El lugar más famoso para probarlo es Et Kabüffke Killepitschstube, un pequeño bar donde siempre suele haber bastante ambiente.
Tengo que reconocer que no soy muy de este tipo de licores, pero pensé: «Si he venido hasta Düsseldorf, habrá que probarlo.» Y la verdad es que no estaba nada mal.

Eso sí, el chupito no es precisamente barato. Cuando fui costaba unos 4 € y lo sirven en un pequeño vaso de plástico. Por curioso que parezca, me lo terminé llevando de recuerdo.
Si te gusta el sabor, justo al lado del bar encontrarás una tienda donde venden botellas de Killepitsch e incluso diferentes variedades para llevarte un recuerdo gastronómico de la ciudad.
Después de probar el Killepitsch, nos apetecía bajar un poco el ritmo. Así que continuamos el paseo por la Rheinuferpromenade, la avenida que recorre la orilla del río Rin y uno de los lugares más agradables de Düsseldorf.
Cuando nosotros fuimos, sobre media tarde, había bastante ambiente. La gente paseaba tranquilamente junto al río, había varios puestos repartidos por el paseo y una zona con césped donde muchas personas descansaban en tumbonas mientras tomaban algo. Me pareció un sitio perfecto para hacer una pausa y disfrutar del ambiente de la ciudad sin prisas.

Además, si continúas hasta la zona del puente encontrarás varias terrazas y bares donde sentarte con vistas al Rin. Aunque nosotros no esperamos al atardecer, creo que tiene que ser uno de esos lugares que ganan todavía más encanto cuando cae el sol.

Si hay algo que me gusta especialmente cuando visito una ciudad es verla desde las alturas. Creo que es la mejor forma de hacerse una idea de su tamaño y de localizar muchos de los lugares que has recorrido durante el día. En Düsseldorf, el mejor sitio para hacerlo es la Rheinturm, la torre de telecomunicaciones más famosa de la ciudad.
Existen dos opciones para subir. La más habitual es acceder al mirador, situado a 168 metros de altura. La entrada costaba 10 € cuando nosotros fuimos y puedes comprarla directamente allí. El ascensor sube en apenas unos segundos, así que antes de darte cuenta ya estarás disfrutando de unas vistas espectaculares de Düsseldorf y del río Rin.
Además, en la planta del mirador hay una cafetería donde puedes tomar algo mientras contemplas el paisaje, aunque no es obligatorio consumir. Eso sí, si tienes algo de vértigo quizá prefieras no acercarte demasiado al cristal, ya que la estructura sobresale ligeramente hacia el exterior y la sensación de altura es todavía mayor.
La otra opción es reservar mesa en el restaurante panorámico, situado un poco más arriba, en la planta 172. Nosotros no lo probamos, pero quién sabe, quizá sea una buena excusa para volver algún día a Düsseldorf.
Desde arriba fue curioso ir reconociendo muchos de los lugares por los que habíamos pasado durante el día. El casco histórico, el paseo junto al Rin e incluso nuestro siguiente punto a visitar.
Si después de recorrer el casco histórico te apetece descubrir una cara completamente diferente de Düsseldorf, acércate hasta MedienHafen, el antiguo puerto industrial de la ciudad.
Hace años esta zona estaba llena de almacenes y fábricas. Sin embargo, una gran renovación urbana transformó por completo el barrio y hoy se ha convertido en uno de los lugares más modernos de Düsseldorf, donde la arquitectura es la gran protagonista.
Uno de los responsables de este cambio fue el arquitecto canadiense Frank Gehry, que diseñó tres edificios muy llamativos conocidos como los Edificios Gehry. Sus formas curvas y aparentemente irregulares contrastan por completo con la arquitectura más clásica que habrás visto durante el resto del día.

Y con este paseo por MedienHafen dimos por terminada nuestra visita a Düsseldorf. Fue una ciudad que me sorprendió más de lo que esperaba y que, aunque muchas veces pasa desapercibida frente a otras ciudades alemanas, creo que merece mucho la pena dedicarle al menos un día.
Como te comentaba al principio, nuestro viaje a Düsseldorf fue bastante corto, ya que el motivo principal era asistir a un concierto en el Merkur Spiel-Arena. Aun así, aprovechamos todo el día para recorrer el centro de la ciudad e incluso nos dio tiempo a visitar el Nord Park antes del concierto.
Sin embargo, preparando el viaje encontré otros lugares que también me parecieron interesantes y que finalmente no pudimos visitar por falta de tiempo. Te los dejo anotados por si vas a estar más de un día en Düsseldorf o simplemente quieres completar la ruta.
Antes de dirigirnos al concierto, decidimos acercarnos al Nord Park, uno de los parques más grandes de Düsseldorf.
Dentro del parque se encuentran el Acuario Aquazoo y varias zonas ajardinadas, aunque nosotros teníamos claro qué queríamos visitar el Jardín Japonés.
Es un rincón muy tranquilo y agradable para pasear un rato. Sinceramente, no creo que merezca la pena desplazarse únicamente para verlo, pero si te encuentras por esta zona de la ciudad o vas a asistir a algún evento en el Merkur Spiel-Arena, me parece una parada muy recomendable.
Hay otros sitios que anote pero que por falta de tiempo pues no vimos, pero te dejo aquí otros lugares de interés que puedes ver en Düsseldorf por si tienes más tiempo que yo.
Un pequeño rincón de Japón en pleno Düsseldorf. Este complejo cultural cuenta con un templo budista, jardines tradicionales y diferentes actividades relacionadas con la cultura japonesa. Nosotros no llegamos a visitarlo, pero me pareció una opción muy interesante si quieres seguir descubriendo la influencia japonesa que tiene la ciudad.
Si te apasiona el mundo del motor, apunta este lugar. Classic Remise Düsseldorf es un espacio dedicado a los coches clásicos donde podrás ver vehículos históricos, talleres especializados e incluso algunos modelos puestos a la venta. Además, la entrada es gratuita. La única pega es que se encuentra bastante alejado del centro, por lo que merece más la pena si dispones de tiempo extra.
Otra visita muy recomendable es el Palacio de Benrath, una elegante residencia barroca que fue la residencia de verano del príncipe Karl Theodor. Además de visitar su interior, también merece la pena pasear por sus jardines. Es una buena opción si ya conoces el centro de Düsseldorf y quieres descubrir otra cara de la ciudad.
Si viajas en familia, una opción muy interesante es el Wildpark Düsseldorf. A diferencia de un zoológico tradicional, muchos de los animales viven en grandes espacios naturales y algunos pueden observarse muy de cerca. Por eso, me parece uno de los mejores planes para quienes viajan con niños o simplemente buscan pasar unas horas rodeados de naturaleza.
Si dispones de más de un día por esta zona de Alemania, te recomiendo dedicar una jornada a visitar Colonia. Ambas ciudades están separadas por apenas 40 minutos en tren, por lo que es una excursión muy sencilla de hacer.
Aunque Düsseldorf me sorprendió por su ambiente, su arquitectura moderna y el paseo junto al Rin, Colonia destaca por su impresionante catedral y su casco histórico. Si estás preparando un viaje por esta región, creo que ambas ciudades se complementan perfectamente.
Te dejo aquí mi guía completa sobre qué ver en Colonia en un día, donde encontrarás el itinerario que seguí y todos los consejos para organizar la visita.

Por último contarte que el Hotel Leonardo está muy céntrico, salió muy económico y la habitación estaba muy bien. No se escuchaba ruido y la zona estaba bien, hay además en frente un restaurante donde cenamos y se comió super bien, además de atendernos genial. El baño un poco básico pero más que suficiente.
Sin duda todos estos últimas cosas que hacer en Düsseldorf quedan un poco alejadas del centro, toda la primera parte se puede hacer en un día, pero si tienes la opción de quedarte más de un día en la ciudad estos últimos dan para poder ver otras zonas de la ciudad.
Nos vemos en el próximo post.
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