Viajar a China por primera vez puede generar bastantes dudas. ¿Cómo voy a pagar? ¿Tendré internet? ¿Podré utilizar mis aplicaciones? ¿Cómo me voy a mover por las ciudades? ¿Me entenderán en los restaurantes? ¿Necesito llevar siempre el pasaporte?
Yo también tenía muchas de estas preguntas antes de viajar y, después de recorrer durante varios días ciudades como Pekín, Xi’an, Chongqing, Fenghuang, Furong, Zhangjiajie y Shanghai, me di cuenta de que hay bastantes cosas que conviene saber antes de poner un pie en China.
En este artículo quiero contarte cómo viajar a China basándome en mi propia experiencia, con todos esos pequeños consejos que fui aprendiendo durante el viaje y que creo que pueden facilitarte mucho las cosas. Desde cómo pagar y tener internet hasta utilizar Didi, moverte en transporte público, enfrentarte a los controles de seguridad, pedir comida en un restaurante o simplemente saber qué llevar en la mochila.
No pretende ser una guía para organizar una ruta por China, sino más bien una recopilación de consejos prácticos para viajar por el país, tanto si vas por libre como si haces un viaje organizado.
Porque algunas cosas las llevaba bastante claras antes de viajar, pero otras las aprendí directamente allí. Y precisamente esas son las que más me habría gustado que alguien me contara antes de mi viaje.
Antes de viajar a China te recomiendo descargar Alipay y WeChat. Yo llevé las dos instaladas, aunque durante mi viaje terminé utilizando prácticamente solo Alipay, ya que con esta aplicación podía hacer prácticamente todo lo que necesitaba.
Lo primero es crear tu perfil y asociar una tarjeta bancaria. Para ello tendrás que introducir tus datos y vincular tu pasaporte y una tarjeta de crédito o débito.
En mi caso utilicé Revolut, que además me resultó muy cómoda durante el viaje. Tengo un artículo específico sobre ella donde explico cómo funciona y cómo la utilizo cuando viajo.
Una cosa que me preocupó bastante al principio fue que mi perfil no terminaba de verificarse. Pensaba que había hecho algo mal, pero no era así. La verificación final se realiza cuando ya estás en China, momento en el que la aplicación te pide que te hagas una fotografía y termina de activar la cuenta.
Por eso, si antes de viajar ves que la cuenta no aparece completamente verificada, no te preocupes demasiado. A mí también me ocurrió y una vez allí se solucionó sin problemas.

Para pagar en los establecimientos encontrarás principalmente dos formas.
La primera consiste en mostrar tu propio código QR, que el establecimiento escanea y automáticamente realiza el pago.
La segunda funciona al revés: escaneas tú el código QR que te proporciona el establecimiento y eres tú quien tiene que introducir manualmente el importe que vas a pagar.
Durante mi viaje me encontré con las dos opciones. En las ciudades y establecimientos más grandes era bastante habitual que escanearan mi código, mientras que en algunos puestos callejeros o lugares más pequeños era más frecuente que tuviera que escanear yo el código del vendedor e introducir el importe.
Y aquí un pequeño consejo: revisa siempre el importe antes de confirmar el pago, especialmente cuando seas tú quien tenga que introducirlo manualmente. Ellos de todos modos te ayudaran sin ningún problema.
En mi caso, no utilicé efectivo durante todo el viaje. De hecho, nunca llegamos a sacar yuanes.
Pudimos pagar con Alipay en restaurantes, tiendas, puestos callejeros y prácticamente cualquier sitio que visitamos. Por eso, aunque siempre recomiendo llevar alguna alternativa por si surge algún problema, durante nuestro viaje el móvil fue nuestra principal forma de pago.
Además, al tener vinculada mi Revolut, podía comprobar inmediatamente en la propia aplicación cuánto dinero había gastado en euros.
Otra de las grandes ventajas es que no necesitas utilizar Alipay únicamente para pagar en tiendas. Desde la propia aplicación puedes acceder a la sección de transporte y utilizarla para el metro y otros medios de transporte.
Antes de utilizarlo por primera vez tendrás que aceptar las condiciones correspondientes al metro. Una vez hecho esto, la aplicación genera un código QR que puedes utilizar para acceder al metro.
Así que no necesitas estar comprando billetes constantemente ni llevar efectivo encima. Simplemente enseñas el código QR y listo.
Y aquí es donde descubrí que Alipay servía para mucho más de lo que esperaba.
En algunos restaurantes puedes escanear el código QR de la mesa, consultar la carta, realizar el pedido y pagar directamente desde la aplicación.
Pero hay una opción todavía más curiosa.
Por ejemplo, en establecimientos como Luckin Coffee, puedes buscar el local desde Alipay, pedir y pagar el café desde el móvil y, mientras te diriges hasta allí, el establecimiento ya empieza a prepararlo. Cuando llegas, simplemente tienes que recogerlo.
Esto resulta especialmente cómodo cuando estás haciendo turismo y no quieres perder tiempo esperando.
Una de las cosas que más me sorprendió fue comprobar que también podíamos utilizar Alipay durante los trayectos en tren.
En nuestro caso escaneamos el código QR que había en el asiento y desde ahí pudimos consultar las opciones disponibles para pedir comida. Seleccionamos lo que queríamos y, durante una de las paradas en las que estaba disponible el servicio, nos llevaron el pedido directamente hasta nuestro asiento.
Es una de esas pequeñas cosas que probablemente no esperas encontrar hasta que estás allí.

Otro punto que me resultó bastante útil es que puedes configurar la aplicación en español.
Además, cuando alguna parte aparecía en chino, en muchas ocasiones aparecía la opción «Translate», que permitía traducir el contenido. Es cierto que alguna vez la opción no aparecía a la primera, pero cerrando y volviendo a entrar terminaba apareciendo.
Por eso tampoco me preocuparía demasiado si al principio ves alguna pantalla en chino. Con un poco de paciencia y el traductor integrado puedes desenvolverte bastante bien.
Yo también descargué WeChat antes de viajar, porque había leído que era una de las aplicaciones imprescindibles para viajar por China.
Sin embargo, durante mi viaje prácticamente no llegué a utilizarla. Con Alipay pude solucionar los pagos, el transporte, los pedidos de comida y muchas otras cosas que necesitaba en el día a día.
Por eso, mi experiencia personal es que llevar las dos instaladas puede ser una buena idea como respaldo, pero si tuviera que elegir la aplicación que más utilicé durante mi viaje, sin duda sería Alipay.
Tener internet durante un viaje a China es algo que te recomiendo solucionar antes de salir de casa. No solo por poder consultar mapas o utilizar un traductor, sino porque, como hemos visto, aplicaciones como Alipay se convierten prácticamente en imprescindibles durante el viaje.
En mi caso opté por utilizar una eSIM de CMLink con 20 días de datos ilimitados y VPN incluida y la experiencia fue realmente buena.
Antes de viajar instalé la eSIM, venían las instrucciones de como hacerlo, una vez en China, simplemente tuve que activarla para empezar a utilizar los datos móviles.
Durante todo el viaje no tuve ningún problema de conexión y nunca me quedé sin datos. De hecho, la experiencia fue tan buena que terminé dejando de utilizar prácticamente el Wi-Fi de los hoteles.
Y es que me ocurrió algo curioso: en algunos hoteles, cuando me conectaba a su Wi-Fi, algunas aplicaciones dejaban de funcionar correctamente, mientras que utilizando los datos de la eSIM todo funcionaba con normalidad.
Por eso, buena parte del viaje terminé utilizando directamente los datos móviles.
Este era uno de los puntos que más me preocupaba antes de viajar. En China algunas aplicaciones y servicios que utilizamos habitualmente en España pueden tener restricciones o no funcionar con normalidad. Google, maps, instagram, etc, no son apps que los chinos utilicen.
En mi caso elegí una tarifa de CMLink que incluía VPN, por lo que no tuve que contratar ni configurar una VPN adicional. Durante el viaje me funcionó muy bien y pude utilizar con normalidad las aplicaciones que necesitaba.
Eso sí, hay una excepción que me llamó la atención:
TikTok no me funcionó, incluso utilizando la eSIM con VPN.
Por tanto, si utilizas TikTok habitualmente, no contaría con que una eSIM con VPN vaya a solucionar necesariamente el acceso a todas las aplicaciones.
Después de mi experiencia, para mí sí merece mucho la pena.
Tener conexión desde que aterrizas te permite utilizar mapas, traductor, Alipay, Didi y el resto de aplicaciones que necesites sin tener que depender de encontrar una red Wi-Fi.
Además, en mi caso la tarifa de datos ilimitados hizo que pudiera olvidarme completamente de cuánto estaba consumiendo.
Importante: esta es mi experiencia concreta con CMLink durante mi viaje. Las condiciones, cobertura y características de las eSIM pueden cambiar, así que conviene comprobar las condiciones de la tarifa que contrates antes de viajar.
Moverse por las ciudades chinas fue bastante más sencillo de lo que esperaba. Aunque las distancias son enormes, existen diferentes opciones de transporte y, en nuestro caso, utilizamos principalmente Didi y el metro.
Además, los dos son bastante económicos, por lo que no tuvimos la sensación de que desplazarnos de un punto a otro fuese un gasto importante dentro del viaje.
Utilizamos Didi con bastante frecuencia durante el viaje. Me pareció una opción comodísima y, sobre todo, muy barata.
Lo mejor es que no necesitas instalar necesariamente una aplicación independiente para utilizarlo, ya que puedes solicitarlo directamente desde Alipay.
La aplicación utiliza tu ubicación para establecer el punto de recogida, por lo que básicamente tienes que indicar a dónde quieres ir. Eso sí, aquí hay algo muy importante: comprueba bien la dirección antes de solicitar el coche. En ciudades tan grandes como las que visitamos, equivocarte de ubicación puede hacer que termines bastante lejos de donde realmente querías ir.
Una vez introduces el destino, Alipay te muestra las diferentes opciones disponibles. Puedes encontrar diferentes tipos de Didi, como vehículos compartidos, coches para más pasajeros o categorías superiores.
Nosotros, salvo alguna excepción, siempre escogíamos la opción más barata. El precio aparece directamente en yuanes antes de aceptar el trayecto, por lo que sabes cuánto vas a pagar.
Después simplemente tienes que solicitar el viaje y esperar a que algún conductor lo acepte.

Una vez que un conductor acepta el trayecto, la aplicación te proporciona prácticamente toda la información que necesitas.
Puedes ver:
Además, puedes modificar el punto de recogida si te das cuenta de que estás en otro lugar o quieres desplazarte unos metros para facilitar que el conductor te encuentre.
Cuando finalmente llega el coche, normalmente el conductor te pedirá que confirmes los cuatro últimos números de tu teléfono. En otras ocasiones simplemente te los muestra para que tú confirmes que eres el pasajero correcto.
A partir de ahí, solo tienes que subir y disfrutar del trayecto.
Durante el viaje puedes consultar desde el propio móvil el recorrido, la distancia que queda y el tiempo estimado de llegada.
Una cosa que me llamó la atención es que no tienes que preocuparte por pagar al subir al coche. Una vez termina el trayecto se realiza el pago a través de Alipay, utilizando la tarjeta que hayas vinculado previamente.
En nuestro caso utilizábamos la Revolut, por lo que además podíamos consultar inmediatamente el gasto realizado.
Y, sinceramente, los trayectos nos salieron muy baratos. Teniendo en cuenta las distancias que recorríamos en ciudades como Pekín, utilizar Didi nos resultó muchísimo más cómodo que hacer determinados trayectos andando o enlazando diferentes transportes públicos.
Además del precio, tengo que decir que todos los coches que utilizamos estaban en muy buenas condiciones.
Nos encontramos principalmente con coches nuevos, muchos de ellos eléctricos y bastante limpios. Incluso en algunos vehículos el conductor tenía agua embotellada gratuita por si querías coger una.
Después de utilizarlo tantas veces durante el viaje, Didi terminó convirtiéndose en uno de nuestros medios de transporte habituales.
También utilizamos el metro en varias ocasiones y, aunque al principio puede parecer un poco intimidante por el tamaño de las ciudades, es bastante sencillo de utilizar.
Para acceder al metro tienes que pasar primero por un control de seguridad, algo parecido a lo que encontramos en los aeropuertos. Tendrás que colocar la mochila o el bolso en un escáner antes de continuar hasta la zona de los tornos.
Una vez superado el control, utilizas el código QR de transporte de Alipay para acceder.
El código se utiliza tanto al entrar como al salir del metro y el importe del trayecto se cobra al finalizar, cuando sales de la estación.
Además, el precio es realmente económico. Los trayectos que hicimos nos costaron apenas unos céntimos, por lo que es una opción fantástica si quieres ahorrar dinero y moverte rápidamente por las grandes ciudades.

Aquí sí incluiría una advertencia porque nos ocurrió durante el viaje.
En uno de los controles del metro, concretamente en Chongqing, a una persona de nuestro grupo le hicieron sacar un repelente de mosquitos que llevaba en la mochila.
El problema era que el recipiente superaba el límite permitido y tuvo que vaciar parte del contenido para poder pasar el control.
Por eso, ojo con los líquidos y especialmente con los productos en spray. Los controles pueden ser bastante estrictos y las cantidades permitidas pueden variar según el producto o el lugar.
También nos encontramos con controles en las estaciones de tren. En una ocasión llevaba una botella de agua, pero como estaba cerrada, pude pasar sin problemas.
Durante nuestro viaje combinamos ambos y no tuve la sensación de que ninguno fuese complicado de utilizar. De hecho, una vez que te acostumbras al sistema de Alipay, todo resulta bastante automático.
Una de las cosas que más me sorprendió durante el viaje fue lo bien que funcionan los trenes en China. Nosotros los utilizamos en varias ocasiones para desplazarnos entre grandes ciudades y, después de probarlos, me parece una de las mejores formas de recorrer el país.
Durante nuestra ruta cogimos el tren de Pekín a Xi’an, después de Xi’an a Chongqing y, unos días más tarde, de Chongqing a Fenghuang. Los trayectos fueron de unas cinco horas aproximadamente, aunque las distancias entre las grandes ciudades chinas hacen que el tren sea una opción mucho más práctica que intentar hacer determinados recorridos por carretera.

Una cosa importante que debes tener en cuenta al organizar tu viaje es que las grandes ciudades pueden tener varias estaciones de tren.
En Pekín, por ejemplo, encontrarás diferentes estaciones y lo mismo ocurre en otras grandes ciudades. Por eso, cuando compres un billete, no te fijes únicamente en el nombre de la ciudad: comprueba exactamente desde qué estación sale el tren y dónde está situada.
Además, las estaciones suelen encontrarse bastante alejadas del centro. En nuestro caso, algunos desplazamientos hasta ellas nos llevaron alrededor de una hora, por lo que conviene contar con bastante margen.
Y no te confíes pensando que llegar a la estación será como llegar a una pequeña estación de tren española. Son enormes.
Para acceder a las estaciones tendrás que pasar un control de seguridad y tu equipaje también pasa por un escáner.
Por eso, igual que ocurre en los aeropuertos, yo intentaría llegar con tiempo suficiente para no tener que hacer todo el proceso con prisas.
Además, ten en cuenta que las estaciones son muy grandes y entre encontrar la entrada, pasar el control, localizar las pantallas y llegar hasta el andén puedes necesitar más tiempo del que inicialmente imaginas.

Los trenes que utilizamos me sorprendieron bastante. Son amplios, cómodos y bastante modernos.
La configuración de los asientos es 3+2, y yo, que soy bastante alto y normalmente suelo tener problemas con el espacio para las piernas, fui bastante cómodo. Incluso cuando la persona que tenía delante reclinó su asiento seguía teniendo espacio suficiente.
Además, cada plaza cuenta con enchufe, algo que se agradece muchísimo en trayectos de varias horas.
Una curiosidad que nos ocurrió durante el trayecto de Chongqing a Fenghuang es que el tren tuvo un cambio de sentido de la marcha. Cuando llegó ese momento, tuvimos que levantarnos y el personal se encargó de girar los asientos para colocarlos en la nueva dirección.
Me pareció bastante curioso verlo en directo.
Aquí sí que te recomiendo que tengas en cuenta una cosa antes de subir al tren: el espacio para las maletas es bastante limitado.
Hay zonas destinadas a colocar el equipaje, pero no esperes encontrar grandes espacios como los que puedes encontrar en algunos trenes europeos.
Además, en las baldas superiores no permiten colocar las maletas grandes, por lo que si viajas con equipaje voluminoso tendrás que buscar espacio en las zonas habilitadas.
Nosotros no tuvimos ningún problema grave, pero sí es algo que conviene tener presente cuando prepares las maletas.
Los trayectos largos se hacen bastante llevaderos porque el tren cuenta con servicio de cafetería y, además, durante el viaje pasa personal ofreciendo comida y diferentes productos. Sino también puedes conté puedes pedir la comida para que la traigan de fuera por Alipay.
Y no solamente comida. En uno de los trayectos incluso vimos que vendían pequeños trenes en miniatura y otros productos.
También hay baños a bordo, por lo que tienes todo lo necesario para pasar varias horas viajando sin necesidad de hacer ninguna parada.
Después de los trayectos que hicimos, sin duda.
Son trenes cómodos, espaciosos, tienen enchufes, baños y diferentes opciones para comer y, sobre todo, permiten recorrer distancias enormes de una manera bastante cómoda.
Eso sí, recuerda que el tiempo de viaje no empieza cuando te sientas en el tren. Entre llegar hasta la estación, pasar los controles y localizar el andén, necesitas añadir bastante margen.
Una de las cosas que más puede preocupar cuando empiezas a preparar cómo viajar a China es el idioma. Y es que, aunque en las zonas turísticas puedes encontrar personas que hablen algo de inglés, durante nuestro viaje nos encontramos con bastantes situaciones en las que no nos entendían prácticamente nada.
Por eso, llevar un buen traductor en el móvil me parece prácticamente imprescindible.
Yo llevaba instaladas varias aplicaciones de traducción, entre ellas Google Translate, Papago y Translate Now. Al final fui utilizando unas u otras dependiendo de la situación.
Además, los propios chinos utilizan aplicaciones en el móvil para comunicarse con los extranjeros, por lo que muchas veces puedes encontrarte con que la otra persona también utiliza su teléfono para traducir lo que quiere decirte.
En restaurantes, tiendas o pequeños establecimientos esto resulta especialmente útil. Puedes escribir o decir lo que quieres, enseñar la traducción y esperar a que la otra persona haga lo mismo contigo.

Puede parecer que, cuando no hay manera de entenderse, siempre queda el recurso de hacer gestos. Y sí, a veces funciona, pero tampoco te confíes.
Por ejemplo, descubrimos que la manera de indicar los números con los dedos no es igual que en España, así que algún intento de comunicación mediante gestos terminó generando más confusión que otra cosa.
Al final, entre el traductor, los gestos, enseñar fotografías y repetir las cosas de varias maneras, terminas entendiéndote. Eso sí, hay que tener paciencia.
Y esto es especialmente importante cuando vayas a comer. En algunos restaurantes puede que no sepan nada de inglés y tú tampoco entiendas lo que te están preguntando. En esos momentos, sacar el móvil y utilizar el traductor suele ser la solución más sencilla.
Comer en China fue, en general, una de las partes que más disfruté del viaje. Hay muchísima variedad y, además, comer en restaurantes locales suele salir bastante económico.
Eso sí, hay una cosa que aprendí rápidamente: cuidado con el picante. Si no toleras bien el picante, no te fíes únicamente de la fotografía del plato. Busca la indicación de la guindilla y, si tienes dudas, utiliza el traductor para preguntar antes de pedir.
En muchos restaurantes tradicionales, buena parte de los platos llevan picante y, aunque en la carta suele aparecer una pequeña guindilla indicando que un plato pica, no siempre es fácil hacerse una idea de cuánto.
Mi recomendación es que, antes de pedir, te asegures bien de qué lleva cada plato. Especialmente si no eres muy amigo del picante.
En nuestro caso probamos de todo: dumplings, noodles, hotpot, pato pequinés, shaomai y muchos otros platos. Y la verdad es que, salvo alguna sorpresa con el picante, comimos realmente bien durante el viaje, aunque también callo algo de comida rápida.

Una de las cosas que más me llamó la atención durante el viaje fueron los controles de seguridad. Están bastante presentes en el día a día y, dependiendo del lugar, pueden ser bastante exhaustivos. Como comenté en el apartado del transporte, antes de entrar al metro hay que pasar un control de seguridad. Las mochilas y bolsos pasan por un escáner y pueden revisar aquello que llevas dentro.
Y si llevas mechero, mucho cuidado porque para entrar a monumentos, estaciones o aeropuerto te lo retiraran. Eso sí luego a la salida puedes encontrar una caja llena de mechero para reponer el que te quitaron. En el vuelo interno que tomamos a una chica le hicieron abrir la maleta porque llevaba el mechero en la maleta y se lo quitaron.
Y esta es probablemente una de las recomendaciones que más repetiría: Lleva siempre tu pasaporte encima.
Además, en muchas de las visitas turísticas la entrada está directamente vinculada a tu pasaporte. Nos ocurrió, por ejemplo, en el Parque Nacional de Zhangjiajie y en los Guerreros de Terracota, entre otros lugares. En estos casos no necesitas llevar un ticket físico, ya que simplemente presentando el pasaporte pueden comprobar que tienes la entrada asociada. Por eso, además de ser necesario para los controles y para identificarte, el pasaporte se convierte prácticamente en tu entrada para muchas de las visitas que harás durante el viaje.
Después de pasar varios días recorriendo China, hubo algunas cosas que me llamaron especialmente la atención y que creo que merece la pena conocer antes de viajar. Algunas son simples curiosidades y otras son pequeños detalles que pueden hacerte la vida más fácil durante el viaje.
En las grandes ciudades hay muchísimo movimiento de bicicletas, motos y vehículos. Y lo que más me llamó la atención es que algunos aparecen prácticamente de cualquier sitio, como además son eléctricos no los oyes venir.
Por eso, aunque estés caminando tranquilamente por una acera o cruzando una calle, mantén siempre un poco de atención a tu alrededor. En más de una ocasión tuvimos que apartarnos porque una moto o una bicicleta pasaba bastante cerca.
Además, los conductores utilizan el claxon con bastante frecuencia. Al principio puede resultar un poco estresante, pero después de unos días acabas acostumbrándote al constante sonido de los pitidos.
Otra cosa que vas a descubrir rápidamente es que los vendedores son muy insistentes.
En algunas tiendas, especialmente en zonas turísticas o lugares donde venden productos para turistas, en cuanto te paras a mirar algo ya tienes al vendedor pendiente de ti intentando enseñarte todo lo que tiene.
Y si preguntas por un producto, prepárate porque probablemente intentarán venderte algo más de lo que realmente estabas buscando.
No lo digo como algo negativo, simplemente hay que entender que forma parte de la experiencia. Mi consejo es tener paciencia, dejar claro lo que quieres y, si no te interesa algo, decirlo claramente.
En determinados puestos, mercadillos y tiendas donde no existe un precio claramente establecido, el regateo forma parte de la compra.
Aquí es donde tienes que estar un poco atento porque algunos vendedores son auténticos profesionales. Si ven que algo te interesa, probablemente intentarán subir el precio y tendrás que negociar.
No tengas miedo a decir que no y marcharte si consideras que el precio es demasiado alto. Muchas veces es precisamente entonces cuando empieza una nueva oferta.
Eso sí, no intentaría regatear en cualquier sitio. Si estás en una tienda convencional, un restaurante o un establecimiento con precios marcados, evidentemente no tiene sentido.

Una cosa que me sorprendió es que en los hoteles nunca nos faltó agua embotellada.
En nuestra experiencia encontramos botellas tanto en las habitaciones como en diferentes zonas comunes y, en algunos hoteles, te las reponían diariamente. Además, durante el viaje compramos agua constantemente y resultaba muy fácil encontrarla.
Yo, especialmente si viajas durante los meses de calor, llevaría siempre una botella de agua contigo. Las distancias son enormes y puedes pasar muchas horas caminando.
Otra tranquilidad: en los hoteles que utilizamos pudimos conectar nuestros enchufes europeos sin ningún problema.
Además, nuestras habitaciones tenían puertos USB, algo que viene genial cuando tienes que cargar móvil, cámara, batería externa y todos los dispositivos que terminamos llevando de viaje.
Por tanto, en nuestro caso no necesitamos ningún adaptador especial.
Aun así, si vas a viajar a zonas diferentes o alojarte en otro tipo de establecimientos, comprobaría previamente el tipo de enchufe del alojamiento.
Si viajas en verano, yo metería un paraguas en la maleta. Y no solamente por si llueve.
Durante nuestro viaje comprobamos que el paraguas también resulta muy útil para protegerte del sol. En muchos lugares apenas hay sombra y puedes pasar bastante tiempo caminando a pleno sol.
A esto añadiría crema solar y, por supuesto, agua. Especialmente si vas a visitar lugares enormes como la Muralla China o algunos de los grandes parques y complejos históricos.

Esta es otra de las cosas que aprendí rápidamente.
En China vas a utilizar muchísimo el móvil: Alipay, mapas, traductor, Didi, códigos QR, reservas, fotografías…
Por eso, llevar una batería externa me parece prácticamente imprescindible.
Eso sí, recuerda: las baterías externas tienen restricciones en los vuelos y pueden ser retiradas, tienen que ser homologadas en China con CCC. Las powerband europeas no sirven, pero porque te las retiraran.
Otra cosa que conviene tener en cuenta es que en muchos baños públicos no encontrarás papel higiénico, por lo que es bastante recomendable llevar siempre algunos pañuelos o un pequeño paquete de papel en la mochila.
Esto puede ser especialmente importante para las mujeres, ya que puedes encontrarte con esta situación en mitad de una visita y no tener ninguna otra opción a mano.
Nosotros terminamos acostumbrándonos a llevar siempre algo de papel encima. Es una de esas pequeñas cosas que parecen una tontería hasta que te hacen falta.
Y terminamos con una curiosidad que me llamó bastante la atención.
En China, el número 4 está asociado a la mala suerte, porque su pronunciación se parece a la palabra utilizada para “muerte”.
Por eso, en algunos hoteles puedes encontrarte con que no existe una cuarta planta o determinadas habitaciones que contengan el número 4.
Es una de esas pequeñas diferencias culturales que probablemente no van a cambiar tu viaje, pero que resulta curioso descubrir cuando empiezas a fijarte.
Después de haber viajado dos veces a China, si me preguntas qué elegiría para un primer viaje al país, personalmente optaría por hacerlo con un viaje organizado o, al menos, con parte del viaje ya organizado.
China no es un destino imposible para viajar por libre, ni mucho menos. De hecho, durante nuestro viaje nosotros mismos organizamos algunas partes. En Pekín y Shanghái preparé nuestras propias rutas y fuimos visitando la ciudad a nuestro ritmo.
Sin embargo, hay determinados aspectos que pueden complicar un poco más la organización, especialmente si es tu primera vez en el país.
Para mí, una de las principales ventajas fue no tener que preocuparme por determinados traslados.
Durante el viaje teníamos organizados los desplazamientos entre ciudades, los billetes de tren y los vuelos internos que necesitábamos. Eso significa que nosotros simplemente teníamos que preocuparnos de estar preparados a la hora indicada y seguir el itinerario.
Y créeme, cuando estás viajando por un país tan grande, con estaciones enormes, distancias enormes y un idioma que puede resultar complicado, quitarte de encima esa parte de la organización se agradece muchísimo. Una de las cosas que más me podía hacer dudar es que al final vas con más gente, pero he de confesar que el grupo fue inmejorable.
Además, en algunas visitas contar con un guía fue una auténtica ventaja. La Plaza de Tiananmén, la Ciudad Prohibida o algunos lugares históricos de Pekín se entienden mucho mejor cuando alguien te explica qué estás viendo y la importancia que tuvo cada lugar.
Después de consultar varios sitios decidí quedarme con el itinerario de Flying Gaia, y fue todo un acierto, sin duda repetiria.

Me llevé grandes recuerdo y unos cuantos amigos en este camino inolvidable, fue uno de esos viajes que te marcan.
Eso no significa que tengas que hacerlo todo organizado.
Los primeros días en Pekín los hicimos prácticamente por nuestra cuenta y nos movimos sin demasiados problemas utilizando Alipay, Didi y el metro.
Preparé nuestras rutas, decidíamos dónde parar, dónde comer y cuánto tiempo dedicar a cada lugar. Y esa libertad también me gustó mucho.
De hecho, en Pekín cambiamos incluso el recorrido que tenía previsto para el primer día porque, al llegar tan temprano, decidimos aprovechar el tiempo de otra manera.
Después de todo lo que te he contado, creo que queda bastante claro que viajar a China requiere algo más de preparación que otros destinos, especialmente si es tu primera vez.
El idioma, las aplicaciones que utilizamos para prácticamente todo, los controles de seguridad, las enormes distancias o la cantidad de gente pueden hacer que al principio todo parezca un poco abrumador. Sin embargo, una vez que tienes preparadas las aplicaciones necesarias y entiendes un poco cómo funciona el país, todo empieza a resultar mucho más sencillo.
En nuestro caso, combinar parte del viaje organizado con algunos días por libre nos permitió disfrutar de las dos experiencias. Pudimos despreocuparnos de determinados desplazamientos y visitas, pero también tuvimos libertad para preparar nuestras propias rutas y descubrir las ciudades a nuestro ritmo.
Y después de haberlo vivido, tengo claro que China es un destino al que merece la pena ir sin miedo. Es diferente, enorme y en algunos momentos puede sacarte de tu zona de confort, pero precisamente ahí está parte de su encanto.
Además, cuanto más tiempo pasas allí, más fácil resulta adaptarte. Al principio necesitas pensar cómo pagar, cómo pedir un Didi, cómo utilizar el metro o cómo comunicarte en un restaurante. Después de unos días, lo haces prácticamente sin darte cuenta.
Esta guía recoge todo lo que aprendí durante el viaje y espero que te sirva para preparar el tuyo. Porque si algo he aprendido en este viaje es que China no es un destino para visitar una sola vez. Hay muchísimo por descubrir y ya tengo claro que todavía me quedan muchas razones para volver.
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