Organizar una ruta por París en 7 días puede parecer complicado, porque hay muchísimos lugares que visitar y es fácil quedarse con ganas de más. Nosotros aprovechamos una semana para recorrer la ciudad, descubrir sus monumentos más conocidos, visitar algunos museos y disfrutar de París tanto de día como de noche.
En esta guía te cuento nuestra ruta por París en 7 días, desde el primer paseo al llegar hasta el último día de visitas. También te explico cómo organizamos las jornadas, qué lugares recorrimos con la Paris Pass y la Museum Pass y cuáles visitamos por nuestra cuenta. Además, encontrarás algunos consejos basados en mi experiencia para aprovechar mejor el tiempo y planificar tu viaje.
🧭 Índice de la guía
En nuestro viaje a París llegamos al aeropuerto de Orly y regresamos desde Charles de Gaulle, así que utilizamos dos transportes diferentes para ir y volver del centro de la ciudad.
Nada más aterrizar en Orly, seguimos las indicaciones para llegar a la zona de la Terminal 3, desde donde cogimos la línea 14 de metro. Esta línea conecta directamente con estaciones céntricas como Châtelet, desde donde pudimos ir caminando hasta nuestro alojamiento, situado cerca del Barrio Latino.
Fue un trayecto bastante sencillo y cómodo, ya que no tuvimos que hacer transbordos para llegar al centro.
Para regresar al aeropuerto, cogimos el RER B en Châtelet–Les Halles, que nos llevó directamente hasta Charles de Gaulle. De esta manera, pudimos llegar al aeropuerto sin necesidad de utilizar un autobús o contratar un traslado privado.
En nuestro viaje, el billete específico para el aeropuerto nos costó 14 € por persona y trayecto. Desde el 1 de enero de 2026, ese sigue siendo el precio general del billete para los aeropuertos de la región de París, válido para llegar a Orly en la línea 14 o salir de Charles de Gaulle en el RER B. Puedes consultar las tarifas oficiales de Île-de-France Mobilités.
Este billete permite hacer conexiones durante dos horas desde la primera validación, siempre que no salgas de la red de transporte. Ten en cuenta que no sirve para cualquier medio de transporte: por ejemplo, no incluye los autobuses urbanos.

Un consejo sobre las tarjetas y los billetes: nosotros teníamos viajes sencillos de metro que nos habían sobrado, así que compramos el billete de vuelta al aeropuerto en la aplicación del móvil. Fue una solución práctica, porque los billetes sencillos de metro y los específicos para aeropuertos no siempre se pueden cargar a la vez en el mismo soporte. Si te ocurre lo mismo, puedes utilizar otro soporte compatible, como el teléfono, en lugar de quedarte con viajes sin utilizar. Consulta las condiciones oficiales sobre la compatibilidad de los billetes antes de comprarlos.
Como llegamos a París con ganas de empezar a conocer la ciudad, después de instalarnos en el hotel, cerca del Barrio Latino, salimos a recorrer sus calles. No teníamos entradas ni visitas programadas para este día, así que aprovechamos para descubrir algunos lugares emblemáticos caminando y disfrutar de París cuando empezaba a caer la noche.
Nuestra primera parada fue el puente de las Artes, una pasarela peatonal que conecta la zona del Louvre con el entorno del Instituto de Francia. Es uno de esos lugares donde merece la pena detenerse para contemplar el Sena y fotografiar algunos de los monumentos que lo rodean.
Ha salido en infinidad de películas y series. Si tienes suerte puedes encontrar a algún artista callejero en plena acción. Nosotros aprovechamos para hacer unas fotos y disfrutar del paseo antes de continuar hacia el centro. Fue una buena forma de empezar a descubrir París sin prisas.

Desde el puente seguimos caminando hacia el Louvre, uno de los grandes símbolos de París. En esta ocasión no entramos al museo, ya que nuestra idea era recorrer la ciudad a pie y dejar la visita al museo para otro día.
Continuamos por los jardines de las Tullerías, un amplio espacio verde que se extiende entre el Louvre y la plaza de la Concordia. Aunque no nos detuvimos a visitar nada en particular, atravesarlos forma parte de ese paseo por el centro que permite disfrutar de la ciudad mientras vas de un monumento a otro.
Antes de llegar al siguiente punto hicimos una parada en Ladurée para probar sus famosos macarons. Estos pequeños dulces franceses, elaborados con dos tapas de merengue de almendra y un relleno cremoso, son uno de los productos más conocidos de la pastelería parisina.
Te recomiendo probarlos, porque realmente están buenísimos. Hay además varias tiendas de esta misma marca por otros sitios de la ciudad. Fue una deliciosa pausa antes de continuar hacia la iglesia de la Madeleine, que está justo al lado.
La iglesia de la Madeleine es uno de los edificios más curiosos de esta zona de París. A primera vista, su fachada recuerda más a un templo de la Antigua Roma que a una iglesia tradicional, con sus grandes columnas corintias rodeando el edificio.
Su construcción comenzó en el siglo XVIII, aunque se prolongó durante décadas y el templo no fue consagrado hasta 1842. Napoleón llegó a plantear que el edificio se dedicara a honrar a su ejército, antes de que recuperara su función religiosa.
Nosotros entramos a visitarla y nos sorprendió encontrar un interior muy diferente de lo que su fachada podría hacer imaginar. Además, la entrada es gratuita, por lo que merece la pena acercarse si estás recorriendo esta parte de la ciudad.
Después continuamos caminando hasta la Ópera Garnier, uno de los edificios más reconocibles de París por su arquitectura monumental. Desde allí fuimos a los grandes almacenes Printemps, donde entramos a echar un vistazo. Aunque puedes entrar a curiosear por sus tiendas, lo que te recomiendo es subir a su terraza, donde hay una cafetería con vistas panorámicas de París.
Nosotros subimos para disfrutar de las vistas y hacer unas cuantas fotografías, sin necesidad de consumir nada. Es una buena parada para contemplar la ciudad desde las alturas y llevarte unas fotos diferentes sin tener que pagar por subir a un mirador turístico.
Si quieres incluirla en tu ruta, comprueba antes las condiciones de acceso y los horarios, ya que pueden variar.

Al salir de Printemps volvimos sobre nuestros pasos para acercarnos al Pont Alexandre III. Había anochecido y pudimos disfrutar de uno de los puentes más llamativos de París, decorado con farolas ornamentales, esculturas y detalles dorados.
La iluminación le daba un ambiente muy diferente al que habíamos visto durante el día. Aprovechamos para hacer fotografías y disfrutar de las vistas antes de emprender el camino de regreso.
Para terminar, atravesamos de nuevo los jardines de las Tullerías y volvimos a pasar por el Louvre. Esta vez nos detuvimos para fotografiarlo iluminado, una forma estupenda de cerrar nuestra primera jornada en París.
Desde allí regresamos caminando al hotel, después de un día en el que descubrimos distintos rincones de la ciudad sin necesidad de utilizar el transporte público.
Este fue nuestro primer día utilizando la Paris Pass, así que quisimos empezar a aprovecharla desde primera hora. Teníamos varias visitas previstas y terminamos la jornada contemplando la puesta de sol desde uno de los miradores de París. Entre medias, recorrimos buena parte de la ciudad a pie y disfrutamos de algunas de sus estampas más conocidas.
Empezamos el día en el Café Louise, donde disfrutamos de un desayuno gratuito gracias a la Paris Pass. Cuando estuvimos organizando el viaje, revisamos con lupa todo lo que incluía la tarjeta para intentar aprovecharla al máximo, y este desayuno fue uno de esos pequeños extras que merecieron la pena.
El desayuno estaba bastante completo: incluía un zumo de naranja recién exprimido, una bebida caliente a elegir entre café, té o chocolate, una pieza de bollería —podías escoger un croissant, una especie de napolitana de chocolate o pan con mantequilla y jamón— y un bol de fruta fresca.
La verdad es que nos pareció un desayuno perfecto para empezar una jornada de visitas con energía. Además, conseguirlo era muy sencillo, bastaba con indicar que ibas con la Paris Pass para disfrutar del desayuno.
Es un buen ejemplo de por qué recomiendo revisar bien las ventajas de un pase turístico antes de viajar. A veces nos fijamos únicamente en los monumentos y museos, pero también puede incluir experiencias y pequeños extras que ayudan a aprovecharlo mejor.
Después del desayuno, nos apetecía pasear por la zona de Tullerías, pasamos junto a la estatua ecuestre de Juana de Arco y continuamos hasta llegar a la plaza de la Concordia.
Esta plaza es una de las más grandes de París y destaca por su obelisco egipcio, sus fuentes y las vistas que ofrece hacia los Campos Elíseos y el jardín de las Tullerías. Siempre que he vuelto a la ciudad es un paseo bastante agradable. Aprovechamos para acercarnos a la zona del Grand Palais y Petit Palais, en este último se puede entrar gratis.
Dentro del Petit Palais está el Museo de Bellas Artes de París donde tienen exposiciones tanto de escultura como pintura. Dentro además tiene una cafetería que da al patio interior que la verdad es un espacio que me pareció muy bonito.
Nuestra siguiente parada fue el Acuario de París, situado en la zona de Trocadero. Entramos utilizando la Paris Pass, por lo que fue una de las visitas que aprovechamos para amortizar el pase.
El acuario permite descubrir diferentes especies marinas y recorrer sus espacios dedicados a la vida submarina. Puede ser una alternativa interesante si viajas con niños o si quieres intercalar las visitas monumentales con una actividad diferente.

Al salir del acuario, nos dirigimos a los jardines y a la parte alta de Trocadero, desde donde volvimos a fotografiar la Torre Eiffel. Es uno de los lugares más populares para contemplarla, ya que ofrece una vista amplia del monumento y de los jardines que se extienden hacia el Sena. Además, a 5 minutos de ahí también hay otro punto fotográfico que dejo en el mapa.
Después bajamos hasta los pies de la torre para realizar nuestra visita. Con la Paris Pass pudimos subir hasta el segundo piso de la Torre Eiffel, desde donde se contemplan unas vistas espectaculares de París.
Si quieres hacer esta visita, comprueba con antelación las condiciones de acceso y las reservas necesarias para tu pase. Tocó reservar el día con antelación, en las condiciones de la Paris Pass viene toda la información.
Después de bajar de la Torre Eiffel, disfrutamos de otra actividad incluida en la Paris Pass, un paseo en barco por el Sena.
Navegar por el río permite contemplar París desde una perspectiva distinta y observar sus puentes y edificios históricos desde el agua. Además, es una forma de descansar un rato después de caminar y enlazar varias visitas durante el día.

Al terminar el paseo en barco, continuamos a pie por los Campos de Marte, el gran espacio verde que se extiende desde la Torre Eiffel hacia la Escuela Militar.
Es una zona ideal para contemplar la torre desde abajo y hacer fotografías con algo más de distancia. Además, justo en uno de los laterales nos detuvimos en un punto desde el que conseguimos una perspectiva de la Torre Eiffel que, todo sea dicho, nos gustó especialmente. A lo largo de la ciudad hay muchos lugares desde los que fotografiar el monumento desde otros ángulos. Tal es así que tengo varios puntos anotados. Te dejaré la ubicación exacta en el mapa del final del artículo, para que puedas encontrarlos.
Luego aprovechamos para seguir caminando por los Campos de Marte antes de llegar al último mirador del día.

Nuestra última visita fue la torre Montparnasse, a la que llegamos caminando desde los Campos de Marte. Subimos a su mirador para disfrutar de la puesta de sol y ver cómo París cambiaba de color al caer la tarde. También entraba con el Paris Pass.
Desde aquí se obtiene una panorámica muy especial de la ciudad, precisamente porque la propia Torre Eiffel aparece en el horizonte. Es una buena opción si quieres disfrutar de las vistas desde las alturas y fotografiar París al atardecer. Para mí, uno de los mejores miradores de la ciudad.
Después de un día tan completo cenamos algo por la zona y cogimos el metro para regresar al hotel y descansar.
En nuestro tercer día seguimos aprovechando la Paris Pass para visitar lugares bastante diferentes entre sí. Empezamos alejándonos del centro para conocer La Défense y su mirador, después visitamos uno de los cementerios más famosos de París y terminamos recorriendo algunos rincones históricos de la ciudad antes de disfrutar del atardecer desde las alturas.
Comenzamos la jornada cogiendo el metro hasta La Défense, el distrito financiero de París, conocido por sus rascacielos y su arquitectura moderna. Allí se encuentra la Grande Arche, un enorme edificio con forma de arco que se alinea con el Arco del Triunfo y el eje histórico de París.
Subimos al mirador de la parte superior utilizando la Paris Pass. Desde allí se puede contemplar el distrito de La Défense y observar cómo contrasta con el París más histórico.
Aunque nos gustó conocer esta zona, si volviera a organizar la ruta intentaría hacer la visita a una hora en la que el sol no diera tan de frente, porque la orientación y la luz pueden influir bastante en las vistas. Es un consejo que conviene tener en cuenta si quieres disfrutar del mirador y hacer buenas fotografías.
Después nos dirigimos al cementerio de Père-Lachaise, uno de los cementerios más conocidos del mundo. Además de ser el lugar de descanso de numerosas personalidades, destaca por sus avenidas arboladas, sus esculturas y sus sepulturas, muchas de ellas auténticas obras de arte.
Recorrerlo es una experiencia diferente a las visitas habituales de París. El recinto es bastante grande, así que, si tienes interés en encontrar tumbas concretas, te aconsejo llevar localizadas de antemano las que quieras visitar para no perder demasiado tiempo caminando de un lado a otro. Te dejo un artículo con más detalles para la visita.
Más tarde aprovechamos otra de las ventajas de la Paris Pass, el autobús turístico. Este tipo de recorrido permite contemplar varios puntos de la ciudad sin tener que hacer todos los trayectos a pie o en metro.
Puede ser una buena opción para descansar entre visitas y hacerse una idea general de París, especialmente si es tu primera vez en la ciudad. Antes de utilizarlo, conviene comprobar las paradas, los horarios y las condiciones del servicio incluidos en tu pase. Nosotros lo cogimos en la avenida de la Ópera, e hicimos todo el recorrido entero.

Durante la jornada también recorrimos dos de los pasajes cubiertos más conocidos de París, el pasaje des Panoramas y el pasaje Jouffroy.
Estas galerías comerciales históricas tienen un encanto especial, con tiendas, escaparates y pequeños establecimientos protegidos del exterior. Son un buen lugar para pasear con calma y descubrir una cara diferente de la ciudad, lejos de las grandes avenidas y los monumentos más concurridos.
Si te gustan los rincones con historia o buscas sitios diferentes para hacer fotografías, merece la pena incluirlos en tu recorrido.
Para terminar el día nos acercamos a las Galeries Lafayette. Entramos en el edificio para admirar su espectacular cúpula, uno de los elementos arquitectónicos más llamativos de estos grandes almacenes.
Después subimos al mirador de la azotea para disfrutar del atardecer sobre París. Suele estar muy concurrido pero vale la pena subir para contemplar las vistas y hacer fotografías. Es una parada a tener en cuenta si quieres disfrutar de una panorámica de la ciudad sin dedicar tiempo a otra visita monumental.
Cuando terminamos, comimos algo por la zona, emprendimos el camino de vuelta al alojamiento a pie, aprovechando para seguir haciendo fotografías durante el recorrido.

Este cuarto día fue otro de gran recorrido, pero con un final único y por lo que hace París tan especial.
Comenzamos el cuarto día de nuestra ruta por París en 7 días visitando los jardines del Palais-Royal, un lugar que combina dos ambientes bastante diferentes. Por un lado, encontramos el patio con las famosas Columnas de Buren, una instalación de columnas de distintas alturas y franjas blancas y negras que se ha convertido en uno de los rincones más fotografiados del recinto.
Por otro, están los jardines propiamente dichos, con sus árboles, caminos y zonas verdes, perfectos para pasear un rato y alejarse del bullicio de las calles. Si has visto Emily en París, quizá te suene este lugar, ya que aparece en varias escenas de la serie. De hecho, muy cerca se encuentra la plaza de Valois, donde se sitúan las oficinas ficticias de la agencia en la que trabaja Emily.
Es una parada interesante para comenzar la jornada, sobre todo si te gusta descubrir localizaciones de películas y series mientras recorres la ciudad. Además, está muy céntrica, por lo que puedes incluirla fácilmente en una ruta por esta zona de París.
Después de pasear por los jardines, continuamos a pie hacia la Torre Saint-Jacques, una torre gótica que es el vestigio de una antigua iglesia que fue demolida durante la Revolución francesa. Aunque no entramos a visitarla, merece la pena fijarse en ella al pasar, porque destaca bastante entre los edificios que la rodean.
Seguimos caminando hasta el Hôtel de Ville, el ayuntamiento de París, cuyo edificio destaca por su fachada ornamentada y su arquitectura. Desde aquí nos dirigimos al punto de encuentro situado junto al Centro Pompidou, donde teníamos reservada nuestra siguiente actividad.

Una de las visitas que hicimos con la Paris Pass fue un recorrido guiado por el barrio de Le Marais. El punto de encuentro estaba en el entorno del Centro Pompidou y, aunque la visita que elegimos era en inglés, nos pareció una buena forma de conocer esta parte de París.
Le Marais fue uno de esos lugares que nos sorprendieron, porque no nos esperábamos que nos gustara tanto. Tiene un ambiente diferente al de otras zonas más monumentales de la ciudad y merece la pena recorrerlo con calma, fijándose en sus calles y edificios.
Si estás organizando tu viaje, revisa las visitas guiadas disponibles con tu pase y el idioma en el que se realizan. En nuestro caso, nos permitió descubrir un barrio que quizá no habríamos explorado de la misma manera por nuestra cuenta.
De camino al siguiente punto pasamos por la Puerta de Saint-Martin y la puerta Saint-Denis. En su día fueron puertas pertenecientes de la antigua muralla que se han conservado.
Nuestra siguiente parada fue Rex Studios, la visita que permite descubrir los entresijos del cine a través de diferentes escenarios y recreaciones. Se encuentra en el histórico cine Le Grand Rex, inaugurado en 1932 y conocido por su espectacular arquitectura art déco.
Durante el recorrido te adentras en el mundo del cine y descubres cómo se prepara una producción, desde los decorados hasta algunos de los espacios relacionados con el rodaje y la proyección. Es una visita que va automatizada y hay opción en español.
¿Es una visita imprescindible en París? Para mí, no especialmente. Nos pareció curiosa, pero seguramente no la habríamos incluido en nuestro itinerario si hubiéramos tenido que pagarla aparte. Sin embargo, al estar incluida en la Paris Pass, aprovechamos para conocerla y probar algo diferente. Al final, también se trata de valorar qué actividades compensan más según tus gustos y el tipo de viaje que quieras hacer.
Por cierto, si estás pensando en visitar el Museo Grévin, el famoso museo de figuras de cera, también puedes revisar su inclusión en la Paris Pass. Está cerca de esta zona y podría ser otra opción para organizar la jornada, aunque nosotros finalmente no lo visitamos.
También aprovechamos el pase para entrar en FlyView Paris, una experiencia de realidad virtual que permite descubrir París desde una perspectiva aérea sin necesidad de subir a un helicóptero.
La propuesta consiste en utilizar tecnología inmersiva para sentir que sobrevuelas la ciudad y contemplas algunos de sus lugares desde las alturas. No es lo mismo que disfrutar de unas vistas reales desde una terraza o un mirador, pero sí ofrece una forma diferente de acercarse a París.
Nuestra impresión fue parecida a la de Rex Studios, de todos modos actualmente está cerrado.
Para terminar el día nos esperaba una de las visitas que más ganas teníamos de hacer, subir a la Torre Eiffel. Aunque ya habíamos estado en el segundo piso durante otra jornada, no nos íbamos a quedar con las ganas de llegar hasta la cima.
En esta ocasión compramos las entradas por separado, ya que la subida hasta la cima no estaba incluida en la Paris Pass que utilizamos. Elegimos una franja horaria cercana al atardecer para disfrutar de las vistas con la luz del día y ver cómo la ciudad iba cambiando de aspecto a medida que anochecía.
Subir hasta el segundo piso ya permite disfrutar de unas vistas magníficas, pero llegar a la cima es otra experiencia. Desde allí puedes contemplar la ciudad desde mucha más altura y reconocer algunos de sus monumentos y barrios. Para nosotros, merecía la pena completar la visita y no quedarnos con la sensación de habernos dejado algo pendiente.
Mi consejo es reservar con antelación, especialmente si quieres subir hasta la cima y tienes preferencia por una hora concreta. Nosotros tuvimos suerte y disfrutamos de buenas vistas, pero en París nunca sabes qué tiempo te va a tocar, la niebla o las condiciones meteorológicas pueden cambiar bastante la experiencia.
Ver cómo el sol se escondía sobre la ciudad y cómo París comenzaba a iluminarse fue el final perfecto para una jornada en la que habíamos combinado jardines, barrios, experiencias diferentes y uno de los grandes iconos de la capital francesa. Si quieres organizar esta visita con más detalle, te cuento todo lo que necesitas saber en mi guía sobre cómo visitar la Torre Eiffel.
Después de varios días aprovechando la Paris Pass, dedicamos esta jornada a visitar algunos lugares por nuestra cuenta.
Qué mejor manera de empezar esta jornada de nuestra ruta por París en 7 días visitando la catedral de Notre-Dame, uno de los grandes símbolos de la ciudad. Situada en la Île de la Cité, en pleno corazón de París, es una parada que merece la pena incluir en el itinerario por su historia, su arquitectura gótica y todo lo que representa para la capital francesa.
Mi recomendación es acercarte a primera hora de la mañana. Así tendrás más margen para organizar el resto del día y, dependiendo de la afluencia, podrás evitar parte de las colas que se forman en los momentos de mayor concurrencia. La entrada al interior es gratuita, aunque puedes consultar la posibilidad de reservar una franja horaria gratuita en la web oficial para facilitar el acceso.
Una vez dentro, fíjate en la altura de las bóvedas, las vidrieras y los detalles de su arquitectura. La catedral comenzó a construirse en el siglo XII y, a lo largo de los siglos, ha sido testigo de algunos de los episodios más importantes de la historia de Francia. Tras el devastador incendio de 2019, Notre-Dame reabrió sus puertas en diciembre de 2024, después de un importante trabajo de restauración.
Si quieres completar la visita, también puedes valorar la subida a las torres, que se reserva por separado y requiere una entrada de pago. Desde arriba se pueden contemplar las gárgolas y disfrutar de vistas de París, aunque tendrás que contar con tiempo adicional para esta actividad.
Puedes consultar los horarios, las condiciones de acceso y las reservas en la web oficial de Notre-Dame de París y en la página oficial de las torres de Notre-Dame.
Son uno de esos espacios verdes en los que apetece detenerse un rato y disfrutar de un París más tranquilo, lejos del tráfico y del ajetreo de las grandes avenidas.
El parque combina zonas ajardinadas, caminos arbolados, esculturas y espacios abiertos alrededor del palacio de Luxemburgo, actual sede del Senado francés. Es un buen lugar para comenzar la jornada antes de continuar hacia las siguientes visitas. Te invito a buscar una de las estatuas de la libertad que hay en la ciudad.
Nuestra siguiente parada fueron las Catacumbas de París, para las que habíamos reservado las entradas por internet con antelación y a una hora concreta. Te recomiendo hacer lo mismo, ya que las visitas funcionan con horarios de acceso y reservar ayuda a organizar mejor el día.
Este lugar es muy diferente a cualquier otro monumento de la ciudad. El recorrido discurre por antiguas canteras subterráneas que terminaron convirtiéndose en un osario, donde se conservan los restos de millones de parisinos trasladados desde antiguos cementerios.
La visita impresiona tanto por la cantidad de huesos que se conservan como por la historia que hay detrás de este espacio. Es una experiencia que se sale de las visitas habituales de París y que puede resultar especialmente interesante si te gustan los lugares históricos un poco diferentes.
Eso sí, ten en cuenta que estarás bajo tierra, en galerías con una temperatura fresca y bastante humedad, y que el recorrido incluye escaleras. Puedes consultar todos los detalles en mi guía sobre cómo visitar las Catacumbas de París.
Después nos fuimos hasta Montmartre, uno de los barrios que más ganas teníamos de recorrer. En lugar de seguir una visita guiada, organizamos nuestro propio itinerario para descubrir sus rincones más conocidos, sus calles con encanto y algunos lugares relacionados con películas y personajes famosos.
Si estás preparando un viaje a París, te aconsejo reservar unas cuantas horas para esta zona. Hay bastantes lugares que visitar y, además, buena parte de su encanto está en pasear sin demasiada prisa. Te dejo información más completa de la ruta en este enlace.
Comenzamos el recorrido en la Place des Abbesses, una plaza desde la que nos acercamos al Mur des Je t’aime, conocido en español como el Muro de los Te Amo.
Continuamos hasta la basílica del Sacré-Cœur, cuya entrada es gratuita, pero también una opción extra es subir a la cúpula. Si quieres subir, comprueba los horarios y las posibles restricciones antes de ir, ya que el acceso puede verse afectado por las condiciones meteorológicas o por trabajos de mantenimiento.
Para comer habíamos reservado mesa en Le Cabanon de la Butte, y fue todo un acierto. Luego paseamos por la Place du Tertre recorrimos la rue Norvins y nos dejamos perder entre las calles hasta llegar a puntos como La Maison Rose.
Durante el recorrido también fuimos buscando lugares relacionados con la película de Amélie. Pasamos por el Moulin Radet. Visitamos el famoso busto de Dalida y si te da tiempo te invito a llegar hasta el cementerio de Montmartre, donde se encuentra su tumba.
Después de recorrer Montmartre durante buena parte del día, terminamos la jornada en uno de los lugares más famosos del barrio, el Moulin Rouge. Y aquí viene una recomendación personal, porque fue una experiencia que me sorprendió muchísimo. Asistir a una función es una experiencia muy diferente a acercarse únicamente para hacer una fotografía de su fachada.
Compramos entradas para el espectáculo de las 23:00. Sin embargo, entre que termina la función anterior, sale todo el público y acomodan a quienes entramos al siguiente pase, el espectáculo acabó empezando más tarde de lo esperado. Al final, salí de allí sobre la 1:15 de la madrugada.
Por eso, si tienes posibilidad de elegir, te recomiendo reservar la primera función de la noche. Así podrás disfrutar del espectáculo sin terminar tan tarde y tendrás más margen para regresar al alojamiento. La hora de comienzo y la salida pueden variar según la sesión, así que conviene comprobar los horarios al reservar.
Fue una manera espectacular de terminar nuestro recorrido por Montmartre y uno de esos planes que, aunque no son imprescindibles para todo el mundo, pueden convertir un día de turismo en una noche especial.

Comenzamos nuestro primer día con la Paris Museum Pass, aprovechando para visitar algunos de los monumentos históricos y culturales más importantes de la ciudad. Fue una jornada bastante completa, en la que combinamos la arquitectura medieval, uno de los museos más famosos del mundo y varios lugares desde los que contemplar París desde las alturas.
Nuestra primera parada fue la Sainte-Chapelle, una auténtica joya del gótico situada en la Île de la Cité, muy cerca de Notre-Dame y de la Conciergerie.
Fue construida en el siglo XIII por orden del rey Luis IX, más conocido como San Luis, para albergar importantes reliquias de la Pasión de Cristo, entre ellas la Corona de Espinas. La capilla formaba parte del antiguo palacio real y estaba concebida como un espacio religioso que también reflejaba el poder y la importancia de la monarquía francesa.
Lo que más destaca durante la visita es su capilla superior, rodeada por enormes vidrieras de colores que representan escenas bíblicas. En total, se distribuyen más de mil escenas en quince grandes ventanales, creando un efecto de luz realmente llamativo.
Es uno de esos lugares en los que merece la pena detenerse y mirar los detalles, porque las vidrieras no son únicamente decorativas: cuentan historias y forman parte esencial del edificio. Aunque el monumento no es especialmente grande, su interior tiene una personalidad muy marcada y resulta una visita muy diferente a la de otros templos de París.
A pocos minutos a pie de la Sainte-Chapelle se encuentra la Conciergerie, por lo que visitar ambos monumentos seguidos es una buena manera de aprovechar la mañana.
Este edificio formó parte del antiguo palacio de los reyes de Francia y, con el paso del tiempo, se convirtió en prisión. Su historia está especialmente vinculada a la Revolución francesa, cuando acogió a numerosos presos que esperaban su juicio y, en muchos casos, su ejecución.
Una de las figuras más conocidas relacionadas con la Conciergerie es María Antonieta, la reina de Francia que fue encarcelada allí antes de ser guillotinada en 1793. La visita permite conocer mejor este episodio de la historia francesa y hacerse una idea de cómo funcionaba la prisión durante aquella época.
Por fuera llama también mucho la atención porque recuerda a un castillo medieval. Si te interesa la historia, merece la pena aprovechar la cercanía para conocer ambos lugares en una misma visita.

Después nos dirigimos al Museo del Louvre, una de las grandes visitas de cualquier viaje a París. Sin embargo, conviene tener claro desde el principio que es un museo enorme y que intentar verlo entero en una sola jornada puede convertirse en una misión imposible.
Mi consejo es que prepares una lista con las obras y las salas que más te interesan antes de entrar. Así podrás organizar el recorrido y evitar pasar demasiado tiempo deambulando sin saber muy bien hacia dónde ir.
Nosotros nos descargamos una aplicación en el teléfono móvil que ofrecía distintos recorridos por el museo y elegimos uno pensado para visitarlo en unas dos horas. Nos pareció una buena forma de centrarnos en lo más importante sin dedicarle toda la jornada.
Entre las obras más conocidas del Louvre están la Mona Lisa, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia, aunque el museo alberga colecciones de épocas y culturas muy diferentes. Lo mejor es seleccionar aquello que más te interese y asumir que siempre quedarán salas pendientes para otra ocasión.
Además, conviene revisar antes de ir los horarios y posibles cierres de salas, porque algunas obras pueden no estar expuestas temporalmente.
Para nosotros, llevar una ruta preparada fue fundamental para aprovechar la visita y poder continuar después con el resto de la jornada. Si quieres disfrutar del Louvre sin terminar agotado, mi consejo es sencillo, no intentes verlo todo, elige lo que más te interesa y organiza el recorrido con antelación.
Al salir del Louvre, continuamos hasta la Ópera Garnier, uno de los edificios más espectaculares de París. En esta ocasión hicimos la visita por nuestra cuenta y compramos la entrada aparte, sin utilizar la Museum Pass.
El edificio fue diseñado por el arquitecto Charles Garnier durante el siglo XIX y se inauguró en 1875. Su arquitectura combina elementos monumentales con una decoración muy elaborada, especialmente visible en sus escaleras, salones y espacios interiores.
Uno de los lugares más conocidos es la gran escalera, con sus mármoles y balcones, aunque también destaca el gran vestíbulo, decorado con espejos, dorados y pinturas. El auditorio es otra de las zonas más llamativas, con su techo pintado por Marc Chagall en 1964, aunque el acceso a algunas áreas puede estar restringido según la actividad del teatro.
Aunque muchas personas se acercan únicamente para fotografiar su fachada, entrar permite apreciar mucho mejor la riqueza decorativa del edificio. Es una visita que merece la pena valorar si te interesa la arquitectura o quieres descubrir uno de los interiores más famosos de la capital francesa. Tuvimos la fortuna además de ver desde una ventana un pequeño ensayo que estaban haciendo.
Nuestra siguiente parada fue el Panteón de París, situado en el Barrio Latino. En este caso sí aprovechamos la Museum Pass para entrar.
El edificio se construyó originalmente como una iglesia dedicada a Santa Genoveva, patrona de París, por iniciativa de Luis XV. Sin embargo, durante la Revolución francesa cambió de función y terminó convirtiéndose en un mausoleo nacional destinado a honrar a algunas de las personalidades más importantes de la historia francesa.
En su interior se encuentran las tumbas de figuras como Voltaire, Rousseau, Victor Hugo y Marie Curie, entre otras. La visita permite conocer parte de la historia intelectual, científica y política de Francia, además de admirar la arquitectura monumental del edificio.
Uno de los elementos más llamativos es su gran cúpula, que domina el paisaje de esta zona de París. También merece la pena fijarse en las pinturas y esculturas que decoran el interior, muchas de ellas relacionadas con la historia de Francia y con Santa Genoveva.
Si viste la serie Emily en París te cuento que la casa y el restaurante que salía en la serie están muy cerquita. Te recuerdo que todos los puntos los añado en el mapa del final.
Terminamos la jornada en el Arco del Triunfo, al que subimos utilizando también la Museum Pass.
El monumento fue encargado por Napoleón Bonaparte en 1806 para conmemorar las victorias militares francesas, aunque su construcción no terminó hasta 1836, durante el reinado de Luis Felipe. Bajo sus arcos se encuentra la Tumba del Soldado Desconocido, acompañada por una llama que recuerda a los caídos en la Primera Guerra Mundial.
Además de contemplarlo desde la plaza Charles de Gaulle, merece la pena subir hasta su terraza superior. Desde allí se obtiene una perspectiva muy particular de París, con las grandes avenidas que parten de la plaza en distintas direcciones y, entre ellas, los Campos Elíseos.
La subida se realiza por una escalera y requiere algo de esfuerzo. Es especialmente interesante observar cómo se organiza la ciudad alrededor de este punto y reconocer algunos de sus monumentos desde lo alto. Para mí no son de las mejores vistas, pero bueno una experiencia más.
Para nosotros fue una buena manera de cerrar un día repleto de visitas culturales, aprovechando la Museum Pass.
En nuestro último día de esta ruta por París en 7 días, seguimos aprovechando la Museum Pass para visitar varios lugares que teníamos pendientes. Fue una jornada dedicada al arte y a la historia, aunque también hubo tiempo para pasear por la ciudad y despedirnos de París con algunas últimas fotografías.
Comenzamos la mañana en el Museo de Orsay, uno de los museos más conocidos de París, especialmente si te gusta la pintura. Se encuentra en una antigua estación ferroviaria inaugurada para la Exposición Universal de 1900. Un edificio que ya merece la pena por su arquitectura y su enorme reloj. Como amante de la arquitectura lo que es el edificio me fascinó.
El museo alberga una importante colección de arte del siglo XIX y principios del XX, con especial protagonismo del impresionismo y el postimpresionismo. En sus salas se pueden encontrar obras de artistas como Monet, Renoir, Degas, Cézanne y Van Gogh.
Nuestra siguiente parada fue el Museo Rodin, dedicado al escultor Auguste Rodin. El museo se encuentra en el Hôtel Biron, una elegante mansión rodeada de jardines que aporta un ambiente muy distinto al de los grandes museos parisinos.
Entre las obras más conocidas de Rodin destaca El pensador, una de sus esculturas más famosas. Durante la visita también puedes descubrir otras obras del artista y recorrer los jardines, donde varias esculturas se integran en el entorno.
Es una visita interesante porque combina arte y espacios al aire libre, algo que se agradece después de pasar tiempo en museos más grandes. Además, permite acercarse a la obra de uno de los escultores más importantes de su época.
Continuamos hacia Les Invalides, un complejo monumental construido en el siglo XVII por iniciativa de Luis XIV para acoger a soldados heridos y veteranos del ejército francés.
Su gran cúpula dorada destaca desde distintos puntos de París, pero uno de los motivos más conocidos para visitarlo es la tumba de Napoleón Bonaparte, situada bajo la cúpula de la iglesia del Domo.
Durante nuestra visita vimos la tumba de Napoleón, aunque no recorrimos todo el Museo del Ejército. El complejo es bastante amplio, así que conviene tener presente que hay diferentes espacios y colecciones y que el tiempo disponible puede condicionar cuánto se llega a ver.
Si te interesa especialmente la historia militar, puedes dedicarle más tiempo. En nuestro caso, preferimos centrarnos en la tumba y continuar con el resto del itinerario.
También nos acercamos a la Chapelle Expiatoire, una capilla conmemorativa vinculada a Luis XVI y María Antonieta, cuyos restos fueron trasladados desde el antiguo cementerio de la Madeleine tras la Revolución francesa.
Sin embargo, cuando fuimos nosotros estaba cerrada, así que nos quedamos sin poder visitarla por dentro. Si quieres incluirla en tu ruta, te recomiendo comprobar los días de apertura y los horarios antes de desplazarte hasta allí, para evitar que te ocurra lo mismo.

Para continuar el día, hicimos un tour gratuito por el Barrio Latino, una de las zonas de París que merece la pena recorrer caminando. Esta actividad la contratamos por nuestra cuenta.
El Barrio Latino es conocido por su ambiente universitario, sus calles históricas, sus librerías y sus cafeterías. Pasear por él es una buena forma de descubrir otra cara de la ciudad, más allá de los grandes monumentos y museos.
Los tours gratuitos suelen funcionar mediante propinas al guía, por lo que conviene tenerlo en cuenta al calcular el presupuesto. También es recomendable reservar con antelación y comprobar el punto de encuentro, el idioma y la duración del recorrido.
Terminamos el día haciendo algunas de las últimas fotografías de nuestro viaje. Después de una semana recorriendo París, visitando monumentos, museos y barrios muy diferentes, tocaba despedirnos de la ciudad.
Esta última jornada fue una buena manera de cerrar nuestra ruta por París en 7 días, combinando arte, historia y un paseo por una de las zonas más animadas de la capital francesa.
Y aunque en París siempre quedan lugares pendientes, precisamente esa es una de las razones por las que apetece volver. Nosotros todavía teníamos más planes por delante, porque nuestro viaje continuaba después hacia Disneyland París.

Antes de preparar tu itinerario, hay algunas cosas que te recomiendo tener en cuenta para aprovechar mejor el tiempo y evitar gastos o desplazamientos innecesarios.
Durante nuestro viaje utilizamos la Paris Pass y la Paris Museum Pass para visitar varias atracciones y museos. Nos permitieron organizar bastantes visitas, aunque también compramos entradas por separado para algunos lugares.
Antes de decidirte, haz una lista de los sitios que quieres visitar y comprueba cuáles están incluidos en cada pase, cuánto cuestan las entradas individuales y qué condiciones tiene cada modalidad. No se trata de comprar el pase más completo, sino de elegir el que realmente encaje con tu itinerario.
Puedes leer mi experiencia y consultar más detalles en la guía sobre la Paris Pass.
Hay lugares para los que conviene organizarse con tiempo, especialmente si quieres acceder a una hora concreta. Nosotros reservamos las Catacumbas por internet y compramos una entrada para subir a la cima de la Torre Eiffel.
Si tienes pensado asistir a un espectáculo en el Moulin Rouge, también te aconsejo reservar con antelación. En mi caso elegí la función de las 23:00 y terminé saliendo sobre la 1:15 de la madrugada. Si puedes elegir, la primera función puede ser una opción más cómoda para no acabar tan tarde.
Comprueba siempre las condiciones y los horarios oficiales antes de viajar, ya que pueden cambiar.

París tiene muchísimo que ver y es fácil perder tiempo cruzando la ciudad varias veces en el mismo día. Por eso, intenta agrupar las visitas que están cerca unas de otras y comprueba los desplazamientos antes de cerrar el itinerario.
También ten en cuenta las entradas con horario. Si tienes una visita reservada, como las Catacumbas, organiza el resto del día alrededor de ella y deja margen suficiente para llegar sin prisas.
Museos como el Louvre son enormes y puedes pasar horas dentro sin llegar a recorrerlos por completo. Nosotros utilizamos una aplicación en el móvil con diferentes recorridos y elegimos uno pensado para visitar el Louvre en unas dos horas.
Te recomiendo seleccionar previamente las obras o salas que más te interesen. Así podrás aprovechar mejor el tiempo y continuar con el resto de tu ruta sin la sensación de tener que verlo absolutamente todo.
Aunque utilices el metro para los desplazamientos más largos, durante una semana en París caminarás bastante. Entre los monumentos, los museos, los jardines y los paseos por los barrios, es fácil acumular muchas horas de recorrido.
Lleva calzado cómodo y procura no llenar cada jornada de visitas. Algunas actividades pueden llevar más tiempo del previsto y siempre merece la pena reservar un rato para disfrutar de la ciudad sin ir pendiente del reloj.

París cambia mucho cuando empieza a anochecer. Durante nuestro viaje disfrutamos de las vistas desde la Torre Eiffel, vimos la ciudad desde distintos miradores y volvimos a pasar por algunos lugares para fotografiarlos iluminados.
Si puedes, reserva algún final de jornada para disfrutar de la ciudad con otra luz. No hace falta organizar una actividad de pago cada noche: a veces, un paseo y unas buenas vistas son suficientes para terminar el día de una forma especial.
Como has podido ver, París en 7 días da para mucho, aunque es imposible conocer todos sus rincones en una sola semana. Nosotros aprovechamos estos días para visitar sus monumentos más famosos, recorrer barrios con mucho encanto, entrar en varios museos y disfrutar de la ciudad también al atardecer y por la noche.
Organizar las visitas por zonas y aprovechar la Paris Pass y la Museum Pass nos ayudó a encajar muchas actividades en el itinerario. Eso sí, también hicimos algunas visitas por nuestra cuenta y reservamos entradas por separado para lugares que nos interesaban especialmente. Mi consejo es que planifiques con antelación, sobre todo las visitas con horario, pero que dejes algo de margen para pasear y descubrir lugares sobre la marcha.
Esta ruta es bastante completa y tiene días intensos, por lo que puedes adaptarla según tus gustos. Si prefieres dedicar más tiempo a los museos, disfrutar de los barrios con calma o hacer alguna excursión fuera de París, tendrás que quitar alguna visita. Y no pasa nada, siempre habrá motivos para volver.
Nosotros terminamos nuestra estancia con la sensación de haber aprovechado muy bien la semana, aunque nos quedaron cosas pendientes. Al fin y al cabo, esa es parte de la magia de París, siempre hay algo nuevo por descubrir.

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