En esta guía te cuento qué ver en Montmartre, cómo organizar la ruta y qué lugares merece la pena incluir para disfrutar de uno de los barrios con más personalidad de París.
Montmartre es uno de esos barrios de París que merece la pena recorrer sin prisas, perdiéndose por sus calles empedradas, descubriendo pequeñas plazas y encontrando rincones que parecen sacados de una película. Aquí se encuentra la famosa basílica del Sacré-Cœur, pero hay mucho más que ver aparte de su monumento más conocido.
Durante nuestra visita recorrimos el barrio por libre, pasando por lugares tan conocidos como la Place du Tertre y la Maison Rose, además de descubrir algunos rincones relacionados con la película Amélie. También aprovechamos para probar la gastronomía local y terminamos la jornada con una experiencia que nos sorprendió, el espectáculo del Moulin Rouge.
🧭 Índice de la guía
➭ 🚇 Cómo llegar a MontmartreMontmartre se encuentra en una zona elevada de París y puedes llegar hasta el barrio en metro, autobús o incluso caminando desde otros puntos de la ciudad. Sin embargo, dependiendo de dónde te alojes y de los lugares que quieras visitar, te interesará empezar por una zona u otra.
Nosotros, en nuestra última visita a París, dejamos las cosas en el hotel, situado junto a la Madeleine, y cogimos el metro hasta Abbesses. Me parece el punto de partida más práctico para hacer esta ruta por Montmartre, ya que permite comenzar por la parte baja del barrio e ir recorriendo sus calles hasta llegar al Sacré-Cœur y continuar después por los principales rincones de la zona.
En una visita anterior empezamos desde la zona del Moulin Rouge y también hicimos un recorrido parecido. Por eso, puedes adaptar el inicio según dónde te encuentres o qué te venga mejor, aunque para la ruta que te propongo aquí elegiría Abbesses.

Metro Abbesses (línea 12): es la opción que recomiendo para seguir nuestra ruta. Desde aquí puedes acercarte al Muro del Amor y comenzar a explorar el barrio.
Metro Anvers (línea 2): otra alternativa si quieres dirigirte hacia el Sacré-Cœur desde la parte baja de la colina.
Metro Blanche (línea 2): resulta práctica si prefieres empezar por el Moulin Rouge y recorrer el barrio en sentido contrario.
Autobús: también puedes llegar en distintas líneas que dan servicio a los alrededores de Montmartre. La opción más conveniente dependerá de tu punto de partida.
Ten en cuenta que Montmartre tiene bastantes cuestas y escaleras, así que te recomiendo llevar calzado cómodo. Si quieres hacer la ruta completa, merece la pena organizar las paradas para no tener que subir y bajar la colina más veces de las necesarias.
Eso sí, hay algo que debes tener en cuenta si eliges la estación de Abbesses, está a bastante profundidad. Nosotros, al salir del metro, nos encontramos con una enorme escalera de caracol que parecía no terminar nunca. De hecho, vimos a varias personas parar durante la subida para recuperar el aliento. Si no te apetece enfrentarte a tantos escalones, comprueba si los ascensores están disponibles o valora llegar a otra estación.
Nuestra primera parada en la ruta por Montmartre fue el Muro del Amor, situado en el jardín de la plaza Jehan Rictus, a pocos pasos de la estación de metro de Abbesses.
Este mural es una obra de Frédéric Baron y Claire Kito, formada por 612 baldosas en las que se recoge la expresión «te quiero» en 311 ocasiones y en unos 250 idiomas. La idea es buscar cómo se expresa esta frase en diferentes lenguas y, por supuesto, nosotros también nos pusimos a localizar la versión en español.
Es un rincón curioso para hacer unas fotos y comenzar la visita, aunque tiene un pequeño inconveniente, se suele juntar bastante gente. Su cercanía al metro hace que muchos visitantes se acerquen hasta aquí, por lo que quizá tengas que esperar un poco para fotografiar el mural con tranquilidad.
No es una parada que requiera mucho tiempo, pero me parece una buena forma de empezar a descubrir Montmartre antes de adentrarnos en sus calles.

Desde el Muro del Amor continuamos nuestra ruta hacia la basílica del Sacré-Cœur, uno de los monumentos más conocidos de París. Para llegar, nosotros optamos por acercarnos desde la parte baja y subir poco a poco hasta la basílica. De esta manera, puedes disfrutar de dos perspectivas diferentes. Primero, la imagen del templo mientras vas ascendiendo y, después, las vistas de París cuando llegas a la parte superior.
Una de las cosas que más me gustó fue hacer la subida caminando. Puedes ir por las escaleras, pararte a descansar y aprovechar para contemplar el entorno. También hay caminos en pendiente si prefieres evitar tantos escalones.
Otra alternativa es utilizar el funicular de Montmartre, que te lleva hasta la parte alta y te ahorra buena parte de la subida. Si tienes movilidad reducida o simplemente prefieres reservar fuerzas para seguir recorriendo el barrio, es una opción muy práctica.
Personalmente, si puedes hacerlo sin problema, te recomiendo subir caminando y tomártelo con calma. Para mí, parte del encanto está precisamente en ir ganando altura poco a poco y disfrutar del lugar durante el recorrido.
Una vez arriba, no te quedes únicamente con las fotos del exterior. La entrada al interior del Sacré-Cœur es gratuita y merece mucho la pena. Su arquitectura y sus mosaicos hacen que sea una visita interesante incluso si no sueles entrar en todas las iglesias que encuentras durante un viaje.
Recuerda respetar el ambiente de recogimiento, ya que sigue siendo un lugar de culto.
Si, como a mí, te gusta subir a las alturas para contemplar las ciudades desde arriba, también puedes valorar la visita a la cúpula del Sacré-Cœur. Esta entrada se paga aparte y permite disfrutar de unas vistas panorámicas de París desde otra perspectiva.
A mí me gustó mucho la experiencia, aunque es una visita opcional y conviene tener en cuenta que hay que subir escaleras. Si te interesa, comprueba las condiciones de acceso antes de ir.
En nuestra última visita, durante el segundo fin de semana de octubre, coincidimos con la Fiesta de la Vendimia de Montmartre (Fête des Vendanges de Montmartre). Encontramos la zona llena de puestos y un ambiente festivo que no habíamos vivido en nuestra visita anterior. Son esas pequeñas cosas diferentes que ver en Montmartre.
Si viajas en esas fechas, merece la pena comprobar si se celebra el festival, ya que puede ser una oportunidad para descubrir otra cara del barrio. Eso sí, ten en cuenta que también puede haber más gente de lo habitual.
Si buscas un sitio donde comer por la zona del Sacré-Cœur, te recomiendo Le Cabanon de la Butte, un restaurante en el que comimos durante otra de nuestras visitas a Montmartre y del que guardamos muy buen recuerdo.
Para empezar, pedimos un tartare de bœuf au couteau, un tartar de carne de ternera que venía acompañado de patatas fritas y ensalada. Es una opción interesante si te apetece probar un plato típico de la gastronomía francesa.
De postre nos animamos con dos propuestas. Una tarte fine chaude aux pommes, glace caramel beurre salé, una tarta fina de manzana caliente con helado de caramelo y mantequilla salada. Y un moelleux au chocolat maison, glace vanille, un pastel de chocolate casero con helado de vainilla. ¡Una combinación perfecta para terminar la comida con algo dulce!
Pero, además de la comida, uno de los puntos fuertes del restaurante son sus vistas a los tejados de Montmartre. El entorno nos pareció ideal para sentarnos a comer sin prisas, con un ambiente muy agradable que hizo que la experiencia fuera todavía mejor.
Si estás visitando el Sacré-Cœur y quieres hacer una pausa para comer, es una alternativa que merece la pena tener en cuenta. Eso sí, te aconsejo comprobar la disponibilidad y reservar con antelación si tienes claro que quieres comer aquí.
Después de visitar el Sacré-Cœur, nos dirigimos hacia la Place du Tertre, una de las plazas más conocidas que ver en Montmartre. Aquí los protagonistas son los pintores y retratistas que trabajan al aire libre, creando dibujos y retratos que merece la pena pararse a observar.
Nos dimos una vuelta por la plaza viendo cómo trabajaban los artistas. La verdad es que hacen retratos muy chulos y, además, las fachadas de las casas que la rodean tienen muchísimo encanto. Eso sí, es uno de los lugares más concurridos del barrio, así que prepárate para compartirlo con bastantes visitantes, algo que verás normalmente en Montmartre.
Desde la plaza continuamos callejeando por la rue Norvins, una calle perfecta para disfrutar de la arquitectura y del ambiente de Montmartre.
Por el camino pasamos junto a Le Consulat, un café-restaurante instalado en una de esas casas que parecen sacadas de una postal parisina. La perspectiva desde la calle nos gustó especialmente, así que te recomiendo fijarte en ella cuando pases por aquí y aprovechar para hacer alguna foto.
Después seguimos por la rue Saint-Rustique, otra calle estrecha y pintoresca que conserva ese aire de antiguo pueblo que hace tan especial a Montmartre. Lo mejor de esta zona es ir caminando sin demasiada prisa, observando los edificios y disfrutando de los rincones que aparecen a cada paso.
Durante nuestro paseo también pasamos por la conocida como Montmartre Water Tower, una de esas paradas que puedes incorporar mientras recorres las calles del barrio.
No es uno de los grandes monumentos que justifiquen por sí solos una visita, pero encaja bien en esta parte de la ruta, en la que el atractivo está precisamente en callejear y descubrir pequeños detalles del barrio.
Continuamos por la calle del Museo de Montmartre, aunque nosotros no entramos porque íbamos algo justos de tiempo.
Aun así, es una visita interesante si te gusta el arte o quieres conocer mejor la historia del barrio. El museo ocupa varios edificios históricos relacionados con la vida artística de Montmartre y conserva obras y recuerdos de artistas que vivieron o trabajaron aquí. Entre sus nombres destacan Auguste Renoir, Suzanne Valadon y Maurice Utrillo.
Además, cuenta con los jardines Renoir, un rincón tranquilo desde el que se pueden contemplar los viñedos del barrio. Si dispones de tiempo y te interesa conocer esa faceta artística de Montmartre, puede ser una buena parada. En cambio, si prefieres centrarte en las calles y los lugares más conocidos que ver en Montmartre, puedes continuar la ruta como hicimos nosotros.

Desde el entorno del museo salimos de nuevo a la rue des Saules, por donde bajamos hacia los famosos viñedos de Montmartre, conocidos como Clos Montmartre.
Puede sorprenderte encontrar viñas en pleno París, pero forman parte de la historia del barrio. El viñedo actual se recuperó en la década de 1930 para preservar este rincón de Montmartre y hoy sigue siendo cuidado por los jardineros de la ciudad. La producción es limitada y el recinto no suele estar abierto libremente al público, aunque se organizan visitas guiadas en determinadas ocasiones.
Tuvimos la suerte de coincidir durante nuestra visita, el segundo fin de semana de octubre, con la Fiesta de la Vendimia de Montmartre (Fête des Vendanges). Al llegar a la zona nos encontramos con un desfile y un ambiente muy animado, con música, participantes vestidos para la ocasión y numerosos vecinos y visitantes siguiendo el recorrido.
Nos quedamos un rato disfrutando de la celebración y fue una forma diferente de conocer el barrio, más allá de sus monumentos y sus calles más fotografiadas. Si tienes pensado viajar a París en octubre, merece la pena consultar las fechas de esta fiesta, porque puede darle un toque especial a tu visita. Eso sí, ten en cuenta que durante esos días también encontrarás más gente de lo habitual.
Muy cerca de los viñedos se encuentra La Maison Rose, una de las casas más fotografiadas de Montmartre. Su fachada rosa, las contraventanas y su ubicación en la esquina de la rue de l’Abreuvoir hacen que sea uno de esos rincones que enseguida reconoces cuando buscas imágenes del barrio.
La casa está muy ligada a la imagen artística de Montmartre y aparece en numerosas fotografías. Es una parada breve, sobre todo si quieres hacer alguna foto de su exterior, aunque ten en cuenta que también suele haber bastantes visitantes.
Desde aquí puedes recorrer la rue de l’Abreuvoir, una calle adoquinada con mucho encanto y unas vistas preciosas hacia la basílica del Sacré-Cœur. Para mí, es uno de esos lugares en los que merece la pena bajar un poco el ritmo y disfrutar del paseo, porque el encanto de Montmartre no está solo en sus monumentos, sino también en sus calles. Tanto la Maison Rose como la rue de l’Abreuvoir son dos de esos lugares que merece la pena incluir cuando organizas qué ver en Montmartre, especialmente si te gusta fotografiar calles con encanto.
Siguiendo la ruta llegamos a la Place Dalida, donde encontrarás el busto de bronce de la cantante Dalida. La artista vivió durante años en Montmartre y sigue muy vinculada a la historia del barrio. Su busto se ha convertido en una parada habitual para muchos visitantes.
Además de acercarte a la escultura, fíjate en la perspectiva de la rue de l’Abreuvoir, con sus casas y el Sacré-Cœur al fondo. Es una de las imágenes más características de esta zona y un buen lugar para sacar fotografías.
Justo por aquí también encontrarás las escaleras de la rue Girardon, que tengo pendientes para una próxima visita. No las hemos bajado, así que no te puedo contar la experiencia de primera mano, pero puedes tenerlas en cuenta si te apetece explorar otra perspectiva que ver de las calles de Montmartre.

Si te gustan los cementerios históricos, cerca de esta zona tienes el cementerio de Saint-Vincent, un recinto pequeño y tranquilo que abrió sus puertas en 1831. No es tan conocido como el cementerio de Montmartre, pero guarda las tumbas de varias personalidades relacionadas con la historia artística y cultural del barrio.
Entre los nombres más conocidos están el pintor Maurice Utrillo, el escritor Marcel Aymé, el cineasta Marcel Carné y Michou, una figura muy popular de la noche parisina.
Nosotros no lo incluimos en esta visita, así que lo dejo como una opción adicional para quienes quieran profundizar en la historia de Montmartre. Si te interesa este tipo de lugares, puede merecer la pena reservar un rato para recorrerlo con calma.
Continuando nuestro paseo por la rue Girardon llegamos a otro de los rincones históricos de Montmartre, el Moulin Radet, situado en la esquina con la rue Lepic.
Aquí hay una pequeña curiosidad, porque es fácil confundirlo con el Moulin de la Galette. En realidad, son dos molinos distintos, aunque sus nombres han estado relacionados a lo largo de la historia. El Radet es el que encontramos en esta esquina, coronando el restaurante que lleva el nombre de Le Moulin de la Galette.

Los antiguos molinos forman parte de es historia que ver en Montmartre, cuando esta colina todavía conservaba un carácter rural y se encontraba rodeada de campos y viñedos. Con el tiempo, algunos se transformaron en lugares de ocio y baile muy frecuentados por artistas, hasta convertirse en símbolos del barrio.
No es una visita larga, pero merece la pena detenerse un momento para observarlo y conocer esa otra faceta de Montmartre, más allá de sus plazas y sus calles pintorescas.
Muy cerca se encuentra otra curiosa parada, Le Passe-Muraille, una escultura de un hombre que parece estar atravesando una pared. La obra se inspira en el relato homónimo del escritor Marcel Aymé, cuyo protagonista descubre que tiene la capacidad de atravesar muros. La escultura fue realizada por el actor y escultor Jean Marais.
Es uno de esos rincones que pueden pasar desapercibidos si recorres Montmartre con prisa, pero que merece la pena buscar si te gustan las curiosidades y los lugares diferentes. Además, es una buena excusa para seguir callejeando por esta parte del barrio.

Desde la rue Lepic continuamos bajando hasta llegar al cementerio de Montmartre, una visita que tenía pendiente dentro de nuestra ruta por el barrio. Aunque no nos entretuvimos demasiado, me sorprendió lo grande que es. De hecho, es bastante más extenso de lo que imaginaba, así que, si quieres recorrerlo con calma y localizar varias tumbas, te recomiendo reservarle tiempo.
La única tumba que llevaba localizada era la de Dalida, la cantante que estuvo muy vinculada a Montmartre y cuyo busto habíamos visto antes durante el paseo por el barrio. Nos acercamos hasta su sepultura y, aunque no buscamos muchas más, hay numerosas personalidades del mundo del arte y la cultura enterradas aquí.
Una de las cosas más prácticas es que a la entrada encontrarás un mapa con la ubicación de las tumbas de personajes destacados y su profesión. También vimos mapas plastificados que los visitantes podían coger para orientarse y explorar el cementerio por su cuenta. Si quieres localizar a varios artistas, te vendrá muy bien consultar estos planos antes de empezar a caminar.
Pero, más allá de las tumbas, hubo algo que me llamó especialmente la atención, la propia situación del cementerio. Una carretera con bastante tráfico pasa por encima de una parte del recinto y, al recorrerlo, te das cuenta de hasta qué punto la vida cotidiana de París sigue transcurriendo justo al lado de este lugar. Hay viviendas prácticamente pegadas a las tumbas, con vistas directas al cementerio, y también puedes ver sepulturas situadas bajo la estructura de la carretera elevada.
Esa mezcla de coches, casas y tumbas me pareció de lo más curioso, algo sin duda que solo verás en Montmartre. Es un lugar donde los vivos y los muertos comparten un espacio de una forma muy visible.
Después de recorrer buena parte del barrio, terminamos comiendo en Chez Marie, un restaurante situado cerca del Moulin Rouge. Nos pareció un sitio con mucho encanto, tanto por su ambiente como por su ubicación, en una calle con bastante movimiento.
Para comer pedimos dos platos diferentes. Por un lado, un breaded chicken fillet, es decir, un filete de pollo empanado acompañado de pasta. Me llamó la atención la combinación, porque nunca había comido un filete con pasta como guarnición, y fue una forma distinta de probar algo que no suelo encontrar habitualmente.
También pedimos beef bourguignon, un guiso de carne típico de la gastronomía francesa que estaba bastante rico. Para terminar, compartimos una cheesecake que, por su textura, nos recordó más a una mousse que a la tarta de queso a la que estamos acostumbrados.
Otro detalle que nos gustó fue el ambiente de la zona. Justo al lado del restaurante hay un famoso mural dedicado a Michael Jackson, así que puedes sentarte disfrutando de las vistas al mural o simplemente observar el trasiego de la calle mientras comes.
En definitiva, fue una parada agradable para reponer fuerzas durante la ruta por Montmartre. Te recomiendo reservar, fue lo que hicimos, hubo gente que probó sin reserva y no tenían sitio sobre todo a la hora de la comida.

Uno de los lugares que puedes añadir a tu ruta por Montmartre si te gusta el cine es el Café des Deux Moulins, conocido por aparecer en la película Amélie. Nosotros nos acercamos hasta allí, aunque solo lo vimos desde fuera y aprovechamos para hacer algunas fotos.
El café se encuentra en la rue Lepic y se ha convertido en una parada muy popular entre quienes quieren reconocer los escenarios de la película. Aunque no entramos, merece la pena pasar por delante si estás recorriendo esta parte del barrio.
Muy cerca también puedes localizar otros rincones relacionados con Amélie, como la antigua frutería que aparece en la película y la casa donde vivía el personaje. Si eres fan de la película, puedes aprovechar para enlazar estas paradas y hacer una pequeña ruta cinematográfica por Montmartre. En el mapa marcaré todos los puntos.
Para terminar nuestra visita a Montmartre, decidimos disfrutar de una de las experiencias más famosas que ver en Montmartre, el espectáculo del Moulin Rouge. Su característico molino rojo es uno de los iconos del barrio y, aunque puedes acercarte simplemente para verlo por fuera y hacerte unas fotos, asistir al espectáculo es una experiencia completamente diferente.
La verdad es que iba con curiosidad, pero el show me gustó incluso más de lo que esperaba. Además de los números propios del cabaret, con sus bailarines, vestuario y coreografías, hay actuaciones que incorporan números de circo realmente buenos. Es un espectáculo muy completo y entretenido, que consigue mantener la atención durante toda la función.
En nuestro caso, la entrada incluía una botella de champán, lo que hizo que la experiencia tuviera todavía más ese aire especial que imaginas cuando piensas en una noche en el Moulin Rouge. Entre el ambiente del local, el espectáculo y la botella en la mesa, la verdad es que fue todo bastante cinematográfico.

Si estás pensando en ir, hay algunos detalles que conviene tener en cuenta:
Llega con tiempo. Los asientos no están asignados previamente en nuestra experiencia, sino que el personal te acompaña hasta tu sitio. Por eso, te recomiendo llegar con margen para organizar la entrada y tener más posibilidades de conseguir una ubicación que te guste.
Si el asiento no te convence, pregunta al personal. Vi a gente, cuando aún había huecos, que preguntaron al camarero y les cambió de sitio sin problema, varios camareros además hablan español. Eso sí, los cambios dependen de la disponibilidad, por lo que no te pueden garantizar otro sitio.
Valora elegir la primera función. Personalmente, te la recomiendo antes que la última si quieres disfrutar del espectáculo sin terminar la noche demasiado tarde. Nosotros acabamos saliendo de madrugada, así que el horario puede influir bastante en cómo organizas el resto del día.
Comprueba qué incluye tu entrada. Hay modalidades diferentes y algunas pueden incluir champán u otras opciones. Revisa las condiciones al reservar para saber exactamente qué estás contratando.
En definitiva, el Moulin Rouge fue un final fantástico para nuestro recorrido por Montmartre. Me esperaba un buen espectáculo, pero me sorprendió la variedad de las actuaciones y lo mucho que disfruté de la experiencia. Si te apetece darte un capricho durante tu viaje a París, es una opción que valoraría, especialmente si te gustan los espectáculos en directo.
Después de recorrerlo en varias ocasiones, tengo claro que Montmartre es uno de los barrios que no pueden faltar en una visita a París. Más allá de la famosa basílica del Sacré-Cœur, lo que realmente me gusta es perderme por sus calles, descubrir plazas con encanto, encontrar rincones relacionados con películas como Amélie y disfrutar de ese ambiente tan especial que todavía conserva algunas zonas del barrio.
En esta guía te he contado qué ver en Montmartre, siguiendo nuestra experiencia y añadiendo algunos lugares que puedes incorporar a tu recorrido, además de recomendaciones para comer y disfrutar de una noche diferente en el Moulin Rouge.
Mi consejo es que reserves varias horas para visitar el barrio sin prisas. Hay bastantes lugares que ver y, aunque puedes organizar una ruta para recorrer los principales puntos, parte de su encanto está en desviarte un poco del camino y descubrir rincones que no tenías previstos.
Si estás preparando tu viaje a París, no te limites a visitar el Sacré-Cœur y hacerte la foto de rigor. Dedica tiempo a callejear, disfruta de sus terrazas y, si te apetece vivir una experiencia especial, valora terminar el día con el espectáculo del Moulin Rouge.
¡Estoy seguro de que Montmartre te dejará más de un recuerdo bonito de tu viaje a París!
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